miércoles 21/10/20

Una pasión cumplida

Si hay un elemento común que caracteriza a los pilotos de la Unidad Aérea es su inquietud y ganas de volar a diario, un anhelo que se hizo realidad después de formar parte de la Guardia Civil
Reportaje sobre la unidad aérea de la Guardia Civil. F. Otero Perandones.
Pilotos y mecánicos trabajan sobre un mapa en la sala de reuniones de la Unidad Aérea. FERNANDO OTERO PERANDONES

Experiencia a los mandos de un helicóptero es la que atesora un brigada cordobés. Hijo de un agente, nació en la comandancia de la capital andaluza y ya son 30 años de servicio. Este primer piloto, como él mismo dice, «me dejé llevar por el corazón y seguí los pasos de mi padre». Ingresó en la Guardia Civil y a fecha de hoy «el día que vuelo disfruto».

Son muchas las anécdotas durante tantos años de servicio, pero a su memoria viene una en la que se vio involucrado en un accidente de helicóptero muy serio. Durante un campeonato de parapente en junio de 2003 uno de los participantes se golpeó contra la ladera del Espigüete, un pico fronterizo en la montaña entre León y Palencia.

De inmediato se activó el rescate y la primera parada de la Unidad Aérea fue en la sede del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) de Sabero, donde recogieron a tres de sus miembros. En el lugar de los hechos, cuando ya habían localizado al herido y se encontraban buscando el mejor lugar para dejar a los especialistas en montaña, de repente se produjo una cizalladura vertical que provocó el impacto del helicóptero contra la montaña. Como consecuencia la aeronave perdió el patín derecho, el rotor de cola y empezó a rodar ladera abajo.

En los primeros giros los tres agentes del Greim salieron despedidos y el piloto y copiloto seguían rodando de tonel ladera abajo. El piloto logra soltar su cinturón de seguridad y también sale despedido, mientras el copiloto trata de parar el motor y no lo consigue. En la octava vuelta de tonel el helicóptero se detuvo y el que hoy es primer piloto, en aquella fecha segundo, abandonó la aeronave y comprobó el estado de salud de sus compañeros. De forma milagrosa salvaron la vida los cinco, quienes fueron evacuados a un centro hospitalario.

A los quince días de este accidente propuso a sus superiores volver a volar puesto que quería comprobar si su confianza se había resentido. Superó el reto y desde esa fecha se enfrenta al trabajo «con unas dosis de respeto más altas, intento saber dónde está el límite, pero miedo no tengo».

El teniente de la unidad es segundo piloto. Natural de Sevilla siempre le llamó la atención la labor humanitaria y policial, a lo que hay que añadir su interés por la aviación. Por todo esto un día se informó en el puesto de la Guardia Civil de su pueblo y se enteró de la existencia de las unidades aéreas. Lleva cuatro años en la institución y destinado en la Unidad Aérea el último.

Durante este tiempo ha ido acumulando experiencia y horas de vuelo. Recalca que en su trabajo «hay ocasiones muy exigentes, tanto para el piloto como para la aeronave». Fue lo que le ocurrió por ejemplo en Picos de Europa, en el Canal de Dobresengos. En el lugar del rescate la niebla se encontraba en la parte baja. En una primera incursión dejaron a sus compañeros del Greim, quienes localizaron a los enriscados y les prestaron auxilio. Mientras el helicóptero recogía a los efectivos de montaña y a los accidentados, la niebla se empezó a cerrar en el lugar del que salieron en el último instante.

Otro de los servicios que presta la Unidad Aérea es la vigilancia del Camino de Santiago. Por este itinerario cultural y turístico transitan personas de todo el mundo a las que los distintos cuerpos policiales, incluida la Guardia Civil, prestan ayuda en caso de necesidad. Este trabajo lo realizan las patrullas en tierra, pero también desde un lugar privilegiado, como es el aire. La perspectiva es muy distinta y se ve todo desde otro punto de vista.

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El helicóptero de la Unidad Aérea de la Guardia Civil sobrevuela el Camino de Santiago en Reliegos. JESÚS F. SALVADORES

La Unidad Aérea sobrevuela la senda del Camino de Santiago para auxiliar a los peregrinos, evacuar a heridos o extraviados, prevenir y vigilar ante la posibilidad de que se cometa algún hecho delictivo. Como dicen los pilotos Carlos y Alberto, ambos sargentos, «realizamos la misma labor policial que una patrulla en tierra, pero por el aire».

Carlos ingresó en la Guardia Civil en 2001 y sus destinos han sido País Vasco, La Rioja y León. En el primero de ellos trabajó como escolta, realizó labores de seguridad ciudadana y prestó servicio en el aeropuerto de Foronda en Vitoria. En 2008 se incorporó a la Unidad Aérea de Logroño y en la actualidad está destinado en la de León. Su sueño al entrar en la Guardia Civil es una realidad desde 2008.

Alberto pertenece a la Guardia Civil desde 1998. Ha trabajado en seguridad ciudadana, GRS y servicio aéreo. En 2008 pasó a formar parte de la Unidad Aérea en Canarias y desde 2010 está destinado en León.

El sargento Alberto estuvo en el Ejército del Aire cuatro años y luego ingresó en la Guardia Civil. Cuando prestaba servicio en el GRS se convocó un curso para pilotos de helicóptero y se presentó de inmediato. Los rescates, en su opinión, «si salen bien es una experiencia maravillosa». Respecto a las búsquedas, incide en que «por desgracia, por cada búsqueda positiva se dan cinco negativas».

Por último, y vital en este trabajo, resalta que «es fundamental la compenetración absoluta entre los dos componentes de la cabina, cada uno debe asumir los límites, hasta dónde llega».

Una pasión cumplida
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