sábado 24.08.2019

La Universidad borra su huella

Ejemplo de sostenibilidad. El Campus de Vegazana lleva a cabo un proyecto de cálculo de huella de su carbono y estrategias de mitigación que pretende servir de incentivo para la mejora medioambiental de otras instituciones
Andrés Juan Valdés.
Andrés Juan Valdés.

Calcular la huella de carbono, definir estrategias de mitigación y establecer planes a futuro para eliminar en lo posible los gases efectos invernadero. Es el objetivo inicial del proyecto que la Universidad de León lleva a cabo a través de su Oficina Verde, pero la propuesta es mucho más ambiciosa. Y responde al reto lanzado por la Comisión Sectorial Crue-Sostenibilidad (Conferencia de Rectores de Universidades Españolas), que pretende que estas iniciativas establezcan el modelo y desarrollen las estrategias para que otras instituciones y colectivos, públicos y privados, se sumen a la política de reducción de gases efecto invernadero y se produzca un sustancial avance en la conciencia medioambiental y la sostenibilidad de las grandes (y no tan grandes) construcciones y colectivos.


El proyecto, que en sus primeras fases se desarrolla a través de la formación en cursos de extensión universitaria, está dirigido por Andrés Juan Valdés, profesor del Área de Sostenibilidad y Calidad Ambiental de la Universidad de León. Una formación que pasa por la medición de los gases efecto invernadero y el cálculo de la huella de carbono, así como las estrategias de mitigación, Entre ellas, el contexto institucional de respuesta al cambio climático o las fórmulas para realizar el inventario de los gases efecto invernadero.

 

Valdés, profesor de la Escuela Superior y Técnica de Ingeniería Agraria, destaca que estas estrategias y herramientas aún no son muy conocidas para parte del colectivo universitario, de ahí que se haya comenzado por realizar cursos y exposiciones de sensibilización y formación. El proyecto consiste en calcular la huella de carbono que deja el conjunto del Campus de Vegazana a través de la medición de los gases efecto invernadero que produce, para lo que cuentan también con la colaboración del Ministerio de Transición Ecológica, «que fomenta que las instituciones, especialmente las públicas, lleven a cabo este tipo de mediciones y estudios y propongan medidas para reducirlas de cara al futuro».

 

Incrementar la movilidad sostenible en el ámbito universitario es clave en este proyecto. JESÚS F. SALVADORES

Incrementar la movilidad sostenible en el ámbito universitario es clave en este proyecto. JESÚS F. SALVADORES.

 

AVANCES Y RETOS

 

Valdés reconoce que en la Universidad de León ya se han realizado avances en este sentido, aunque el camino por recorrer es largo. «Para estimar la huella de carbono hay que hacer mediciones y seguimiento de las emisiones que provocan no sólo los consumos de calefacción y electricidad, también los gases refrigerantes de todas las instalaciones, las herramientas de los institutos de investigación,...». Algunos edificios, como la propia Escuela de Ingeniería Agraria, ya han realizado mejoras importantes en temas como aislamiento o sistemas de iluminación, que también se han mejorado en otros edificios que han sido reformados, como el Rectorado, la Escuela de Ingeniería Agraria Forestal, Filosofía, el edificio de servicios,... «Estamos celebrando nuestro 40 aniversario, eso quiere decir que muchos edificios necesitan una revisión importante».

 

Desde hace dos años la Oficina Verde recoge datos sobre las emisiones del entramado universitario, así que hay una parte del trabajo que está avanzada, y sobre la que se puede evaluar si las medidas adoptadas están siendo eficaces. Sin embargo, una estructura que mueve diariamente a casi 13.000 personas tiene muchos parámetros que cuantificar y tener en cuenta a la hora de hacer una planificación conjunta y ordenada de su funcionamiento actual, y cómo abordar la mejora medioambiental.

Mejorar la movilidad de las 13.000 personas que llegan a diario a la ULE es uno de los grandes objetivos

EL RETO DEL DESPLAZAMIENTO
 

Andrés Juan Valdés hace hincapié en uno de los que considera grandes retos para abordar con rigor el cálculo de la huella de carbono de la Universidad, y establecer estrategias (que serán a medio plazo) para mitigarlo. Se trata del desplazamiento. Actualmente el volumen de coches que llegan diariamente al Campus es enorme, y se ha multiplicado en los últimos años. «Estas emisiones son más difíciles de evaluar. Posiblemente esta realidad la abordemos en una fase posterior del proyecto, pero desde luego es fundamental para lograr el objetivo de lograr un entorno más sostenible».

 

Está planteada la realización de encuestas en los centros de los campus (la estrategia incluye el conjunto de la Universidad leonesa, también los centros de Ponferrada) para conocer cómo se desplazan personal y alumnos, y establecer los porcentajes que utilizan coche, bici, van andando,... «En este punto ya llevamos tiempo desarrollando iniciativas que favorezcan la movilidad sostenible, desde la utilización de bicis o llegar andando a los acuerdos para utilizar coche compartido, mejorar el transporte público,...»

 

De hecho la mejora de la movilidad es uno de los grandes objetivos finales de toda la estrategia para mejorar la huella de carbono que genera la Universidad. «Lo más importante es lo que hagamos las 13.000 personas que venimos diariamente. En el caso de León la ciudad permite perfectamente moverse en bici o andando, no tiene grandes desniveles, hay zonas peatonales y carriles bici, que pueden ser mejorables pero que ya existen, y a menudo se tarda el mismo tiempo que trasladándose en coche».

 

De hecho la Oficina Verde de la Universidad ha desarrollado varias campañas en este sentido, y lleva a cabo iniciativas como una aplicación que promueve retos entre las personas que van andando o en bici y realiza un mínimo de kilómetros. Se organizan sorteos, se fomentan las redes sociales,... «La gente se va animando, ya participan más de 500 personas. Todos tenemos que ir poniendo nuestro granito de arena», señala el profesor.

 

Que insiste en que las campañas que fomentan la movilidad sostenible serán una de las principales herramientas también de cara a futuro dentro de la estrategia de mejora de la huella de carbono. «Y no sólo en la Universidad, sino como proyecto general. Aprender a movernos de forma sostenible es muy importante, la mayor parte de las emisiones y la huella de carbono procede del CO2, sobre todo de los combustibles fósiles. Y el coche es quizá el principal emisor, por eso es también donde se pueden conseguir mejores resultados. Sobre todo en ciudades como León y Ponferrada, donde otro tipo de movilidad menos contaminante es perfectamente asumible. Confiamos en que nuestro empeño de concienciación tenga resultados, y en un plazo razonable de tiempo no sean 600 las personas que se trasladan a la Universidad de forma sostenible, sino 2.000 ó 5.000».

 

 

 

LOS PLAZOS

 

El proyecto cuenta ya con datos recopilados, además de la metodología para realizar el estudio, la calculadora,... Pero queda mucho trabajo por hacer. La idea es concluir antes de otoño la medición de las emisiones del año pasado, y para finales del ejercicio contar con la contabilidad del actual. Se compararán entonces ambos ejercicios y «a partir de ahí las mediciones se realizarán periódicamente, con evaluaciones cada dos años, para controlar si las medidas propuestas y llevadas a cabo suponen efectivamente una mejora». Se trata también de avanzar en proyectos que se han llevado a cabo en los últimos años, como la centralización de los consumos o los sistemas de calefacción automatizados.

 

A partir de ahí, el proyecto de cálculo y control de la huella de carbono pretende cumplir otro de sus grandes objetivos: «No tiene que servir sólo a la Universidad, se trata de dar visibilidad a esta iniciativa para que otras instituciones o empresas, y sobre todo los centros públicos, se vean reflejados en este trabajo y se animen a dar el paso en un futuro cercano. Y no únicamente para hacer la medida de sus emisiones de carbono, sino para establecer estrategias y medidas que vayan mejorando, y que nos permitan ser cada vez menos contaminantes y más sostenibles. Ese sería realmente el valor añadido que buscamos con este proyecto».

 

Porque desde la Oficina Verde tienen claro que la adopción de medidas que reduzcan las emisiones suponen una inversión. «La idea final es amortizar ese gasto, que no sólo sea beneficioso sino que a medio o largo plazo sea también rentable. Que las mejoras supongan un beneficio para la vida y el confort de las personas que trabajan o viven en esas instalaciones, pero también proporcionen la gratificación de tener menos emisiones y ser medioambientalmente más eficientes».

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