miércoles 19/1/22
Naturaleza

El volcán de La Palma engulle más de un centenar de casas y arrasa cultivos

Nadie sabe a ciencia cierta cuánto tiempo permanecerá activo. "Pueden ser semanas o unos pocos meses"
volcan
Imagen de la colada de lava cerca de una localidad. MIGUEL CALERO

"Nuestro futuro está en manos de la lava". Grecia Romina Motta regenta el quiosco de Guirre, junto a la playa donde anoche la lengua de lava que llevaba un día vomitando el volcán Cumbre Vieja unía su destino con el océano Atlántico. La angustia se ha adueñado de su vida desde que la colada cortó la carretera de Puerto Naos a la altura de Todoque, obligándola a cerrar su negocio, templo de la albacora, las viejas y las sardinas, el queso a la plancha y las papas arrugadas, y ahora envuelto en humo, cenizas y un calor achicharrante. "No sé qué va a ser de nosotros", relata conmocionada mientras se desalojan 40 viviendas en el vecino Tazacorte.

La ola de destrucción, que alcanza una altura de entre seis y doce metros, desembocó en el mar momentos después de las 8 de la tarde hora insular, en la zona conocida como playa de los Guirres. El anuncio se producía horas después de que Nemesio Pérez, director del Instituto Vulcanológico de Canarias, desvelara la existencia de una cámara de magma situada por debajo de la que alimenta la erupción y mayor que ella, a entre 20 y 30 kilómetros de profundidad. Si la duración del episodio depende de la capacidad del reservorio de lava, calculado inicialmente en unos 11 millones de metros cúbicos de basaltos incandescentes, el hallazgo de otra conectada a ella, "podría hacer que la erupción se alargue". Porque la pregunta en boca de todos es cuánto durará este cataclismo. Y nadie lo sabe a ciencia cierta. "Varias semanas, unos pocos meses", apuntaba el vulcanólogo, quien ayer se sumaba al presidente Pedro Sánchez, el Gobierno canario y el Cabildo insular en hacer un llamamiento a la tranquilidad, mientras se anunciaba un decreto ley urgente para ayudar a los damnificados. "Ahora mismo lo más importante es asegurar la seguridad", porque "el volcán sigue actuando", advirtió Sánchez, que estimó que se avecinan "jornadas muy largas".

Era día de cifras, algunas repetidas desde la víspera, como la velocidad a la que avanza la barrera de fuego surgida de las entrañas de la Tierra.

700 metros a la hora al principio (luego el avance se ralentizó algo), temperaturas de más de 1.100 grados, 30.000 terremotos (ninguno por encima de los 3 grados en la escala Richter), 20 centímetros de deformación de la cumbre... Preocupan las emisiones a la atmósfera: entre 6.000 y 9.000 toneladas diarias de dióxido de azufre a la atmósfera, el funesto peaje de ese espectáculo natural -el resplandor es visible desde el Teide- que devora casas y cultivos y que a estas horas tiene con el corazón en un puño a miles de familias como la de Grecia Romina, impotentes ante el curso de los acontecimientos.

Los expertos trataban ayer de atar en corto a la bestia. Lo hacían tomando imágenes termográficas del foco eruptivo o estudiaban la composición del penacho de humo que se abre paso en el cielo de la isla a partir de dos fisuras separadas por apenas 200 metros y donde se han abierto ocho bocas que escupen fuego y destrucción. "Si se respetan las zonas de seguridad -el Comité Científico ha recomendado un radio de exclusión de 2 kilómetros-, no deberían producirse pérdidas humanas". La lava al contactar con el mar puede generar explosiones y gases nocivos.

Erupción estromboliana

El comportamiento de este volcán es de tipo estromboliano, caracterizado por pequeñas explosiones de materiales en estado pastoso, que suceden en pocos minutos u horas. La erupción ha corrido un velo de incertidumbre sobre la Isla Bonita, donde los desplazados alcanzan ya las 5.500 personas ante el lento, pero imparable, avance de la lava que se lleva por delante viviendas y explotaciones plataneras y que invadieron carreteras. La mayoría habían sido ayer ubicados: mientras los extranjeros emprendían el regreso a sus hogares en avión o por barco, muchos vecinos lograban acomodo por sus propios medios o con familiares. 250 sin recursos aguardaban ayer en El Fuerte, el antiguo acuartelamiento de Santa Cruz de la Palma, donde efectivos del Servicio Canario de Salud, Cruz Roja y Guardia Civil trataban de contener la desesperación de quienes están en un tris de perderlo todo o han recibido ya la confirmación.

Lo saben muy bien la psicóloga Alicia Pérez Bravo y tres compañeras, consagradas a administrar el dolor en pequeñas píldoras. "Hay que reducir el impacto en una población que está en 'shock', bloqueada, a la expectativa".

Y eso a pesar de que la tragedia se mascaba desde hacía semanas y la gente, dice la doctora, se lo ha tomado en general "bastante bien, aunque una cosa es saber que el volcán va a erupcionar y otra muy distinta ver cómo se lleva por delante tu casa", explicaba la psicóloga. Tres comidas al día (ayer, paella y fruta), una cama, atención prioritaria para mayores y personas con discapacidad, pruebas de covid a quienes entraban al recinto...

La Palma se enfrenta a una prueba de fuego. 

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