lunes 24/1/22
LEÓN LUCHA POR LA MINERÍA. UNA SOLA VOZ PARA LLEGAR A MADRID

Adrenalina sobre el asfalto

. Los 24 mineros que partieron de Bembibre recorrieron a un paso frenético los 29 kilómetros hasta Tremor de Arriba . . La marcha notó el aliento favorable en Albares, Almagarinos o Pobladura de las Regueras . . Los vecinos que quedan en Tremor recibieron a los mineros con Santa Bárbara en la calle .
Belarmino Bernárdez, minero del pozo de Santa Cruz arenga con el puño en alto a sus compañeros y a los vecinos de Tremor de Arriba al término de la primera etapa.

Leandro Blanco tiene 33 años, una mujer joven y ganas de tener hijos. Pero no se atreve porque es minero.
A las diez de la mañana, a las puertas de la iglesia de San Pedro, Leandro era uno de los 24 mineros del Bierzo —26, contado los dos suplentes— que se preparaban para iniciar la segunda Marcha Negra a Madrid desde Bembibre, veinte años después de la primera. Y lo hacía con la ilusión de quien es un novato del asfalto, pero está cargado de energía. «Esto ya es el último cartucho», decía, dispuesto a echar el resto en la carretera. Y reconocía que sólo la incertidumbre, casi permanente en la que ha vivido el sector, y la amenaza de muerte inminente que pesa sobre el carbón le está alejado de la paternidad. «Estamos esperando a que esto se arregle para tener familia».
Leandro Blanco era ayer de los más jóvenes en iniciar la marcha en Bembibre. Y entre los más veteranos, alguno de los  mineros de Santa Cruz del Sil que hace unos días quisieron echarse por su cuenta a la carretera para llevarle una carta al Rey de sus siete compañeros encerrados en el pozo desde hace más de un mes, como Belarmino Bernárdez, que tiene 42 años, y dos hijos criados cuando la mina no estaba en el alambre.
En Santa Cruz les quitaron de la cabeza la idea de echarse a la carretera solos. Puro arrebato. Ayer, y con el apoyo sindical, Belarmino era de los que más arengaban al terminar la etapa de casi 29 kilómetros por el Bierzo Alto en Tremor de Arriba sobre las 15.20 horas. «¡Aquí están estos son, los que sacan el carbón!», se arrancó, puño en alto, arrastrando a los vecinos de Tremor y todavía sobrado de la adrenalina que  les había hecho caminar a los 24 a un paso frenético.
Cinco horas antes, el veterano de San Cruz sabía que se enfrentan a 19 días difíciles hasta llegar a Madrid y no siempre habrá una multitud de familiares, amigos y vecinos convencidos de que el carbón tiene futuro como ayer en Bembibre o en Tremor. «El día que nos den de comer será un lujo para nosotros», afirmaba.  Berlamino está convencido, por lo demás, que la voz de los mineros ya ha llegado a los oídos de Mariano Rajoy.  Otra cosa es que haga oídos sordos. «El problema de la minería, lo tiene en mente. Lo que pasa es que no se baja los pantalones por miedo a que otros sectores se levanten».

Respeto por la carretera
A punto de echar a caminar, la carretera infundía respeto. «No se lo deseo a nadie», decía Miguel Ángel Váez, también minero de Santa Cruz, aunque residente en Tombrio de Arriba (Toreno). Pero al igual que a Belarmino, a Miguel Ángel, veterano de la marcha a León de hace dos años y con mensajes de su mujer, Teresa, y de sus hijos Jesús y Miguel —también nacidos en un momento de menos incertidumbre— escritos en el casco, le sobraba adrenalina a las diez de la mañana.
Suficiente gasolina, las ganas, la necesidad, los abrazos de las esposas y los hijos, los aplausos de los amigos y de los desconocidos, para ponerse a caminar a una velocidad crucero de seis kilómetros por hora. Y eso sí, devolviendo el cariño que reciben. Los mineros dedicaron una enorme pancarta al bar Twenty de Bembibre, que les ha ayudado a reunir 600 euros para financiar la marcha vendiendo dos centenares de camisetas de apoyo. «Orgullo minero con cojones», ponía.
Y con orgullo minero, con un par de atributos y cargados de razones, los 24 caminantes salieron de la plaza del Ayuntamiento de Bembibre —su alcalde, el popular José Manuel Otero, salió a despedirles, aunque manteniéndose siempre en un discreto segundo plano después de que los sindicatos hayan pedido su dimisión—  calzando zapatillas viejas, con los calcetines del revés para evitar rozaduras y provisiones de vaselina para los pies. «La historia se repite y lleva demasiado tiempo repitiéndose la historia», decía el secretario autonómico minero de UGT, Manuel López, haciendo un círculo con sus palabras y dejándose ver en la salida junto a Vicente Mirón, secretario comarcal de CC.OO, que ya llevó una camiseta minera al Congreso.
La carretera les tenía preparadas algunas sorpresas. Tras salir de Bembibre hacia el valle del Boeza en lugar de Torre del Bierzo,  19 niños de Albares de la Ribera les esperaban con una pancarta de apoyo y un grito unánime que han oído a sus padres; «¡menos policía, más minería!». Porque la mina era ayer, más que nunca un cuestión de padres y de hijos. Como  Roberto y Pablo Tejerina. Ex minero de la Hullera Vasco Leonesa en Ciñera, Roberto, estudiante de la Escuela Agraria de Almázcara, Pablo, los dos quisieron seguir el comienzo de la marcha en Bembibre. «Hay que luchar, y si no que vayan a Sabero y a Cistierna y vean lo que quedó», decía Roberto, con una camiseta que advertía que el minero es una especie en peligro de extinción.
Las mujeres de Almagarinos como Esperanza Aurelio, Aurora Muñiz, Isabel Saavedra, Inés González, y Vicky Peña se empeñaron ayer en que el peligro sea menor. Y lo hicieron con empanadas y dulces, en un avituallamiento donde no faltó el pedáneo, Toribio Cancillo, de una localidad que tiene la minería en la médula espinal y diez molinos de viento en las cumbres de los montes comunales. «Nos dejan 70.000 euros al año y con eso vamos haciendo cosas, como renovar la traída», decía Cancillo, que perdió una pierna en la mina y volvió de Holanda hace unos años.
En Pobladura de las Regueras, decenas de vecinos y de visitantes del área de autocaravanas se unieron a la marcha después de que Alfonso Presa les animara micrófono en mano y con el himno minero a Santa Bárbara de fondo. El circuito de motocross es lo que está dando aire a Pobladura, reconocía Alfonso, mientras su hermano, el alcalde de Igüeña Alider Presa, ya se preparaba para recibir a la marcha, de nuevo con la imagen de la patrona en la calle. Allí también estaba el que fue alcalde durante dos décadas, Laudino García. «Rajoy se ha pasado 27 pueblos, pero ha pillado a un sector que creía más débil de lo que es», decía Laudino. Y resumía  el espíritu de la marcha — «la minería sigue teniendo los genes de la rebeldía»— sin olvidarse de señalar a los empresarios: «No puede salir de rositas de todo esto. Alguien se está llevando la tajada del león y sólo está respondiendo con amenazas de cierre patronal».
Y antes de comer en el bar Stairon,  Leandro Blanco, que todavía no tiene hijos, se abrazaba emocionado a su abuela, Amadora León, que vive en Tremor y estaba empeñada en que le cogiera un paquete para hoy. Amadora sabe que a su nieto y a sus 23 compañeros les espera hoy una pendiente del 9% camino de Valdesamario.

Adrenalina sobre el asfalto