miércoles. 07.12.2022
trabajo
Pablo Udaondo, empleado en un despacho de abogados. DL

Frente a una estantería repleta de legajos judiciales, un teclado, dos pantallas, y en un despacho de abogados del centro de Ponferrada donde estos días siguen trabajando tres personas dedicadas a asuntos tan variados, y a veces tan urgentes, como los ajustes laborales, el régimen de visitas y la custodia compartida de menores, con el local que servía de punto de encuentro cerrado, las consultas fiscales, y hasta los recursos para la puesta en libertad de algún preso. Así trabaja el diplomado en Derecho Pablo Udaondo, único empleado de dos abogados que estos días continúan acudiendo a la oficina.

«El riesgo de contagio es cero», explica Udaondo, casado y con dos hijos, que ha visto cómo a su mujer le afectaba un Erte similar a los que pasan por sus manos. «No atendemos presencialmente y trabajamos de forma totalmente independiente, con nulo riesgo de contagio y en departamentos separados». Y el contacto con los clientes es por teléfono o correo electrónico.

A diario, conduce desde el garaje de su casa al del despacho, sin pisar la calle. A punto de acabar el Grado de Derecho en la Uned Udaondo, que también es perito inmobiliario, sabe que cuando acabe el confinamiento los asuntos que estos días no pueden cerrar se acumularán en los juzgados. «Vamos a tener aún más trabajo», dice rodeado de carpetas y legajos, dos pantallas y un teclado.

"Cuando esto acabe vamos a tener aún más trabajo"
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