jueves. 08.12.2022
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Un trabajador realiza un test a un conductor, CIRO FUSO

Realmente emocionante el testimonio de Javi Rojo publicado en la edición del martes del Diario de León a quien conozco bien desde su etapa de estudiante de Veterinaria, igual que conocí también a su padre. Lamento mucho la situación a la que se enfrenta, su angustia por su esposa Rosa y sus hijos, aunque parece que, como tantos otros amigos, al menos por ahora, la situación se ha encauzado, pese a los muchos inconvenientes generados. Ojalá que todo se resuelva definitivamente, para bien.

Muchos problemas está generando este nuevo virus, a quien nadie había invitado a la mesa, pero cuyos precedentes anteriores de la misma familia (Coronaviridae) ya nos habían advertido en 2002-03 (Sars) y 2012 (Mers) que las coincidencias de factores que se están dando, favorecían saltos de especie, en estos casos desde murciélagos. Será cuestión que los responsables atiendan de una vez la importancia que merecen estos acontecimientos que ahora sufrimos cuyos precedentes hay que situar en la gripe de 1918, aunque fuera otro virus el protagonista.

Tiene razón Javi Rojo cuando se refiere a la necesidad de conocer la situación de todo el espectro de pacientes de la infección: enfermos, contagiados asintomáticos y curados, después de superar el proceso. Con independencia del trabajo de asistencia sanitaria en hospitales que representa nada menos, que la impagable tarea de salvar vidas humanas, ir por delante, aplicar estrategias de contención y prevención racionales frente al avance del virus, precisa en primera instancia, de conocimiento. Conocimiento es diagnóstico, que se deriva del cortejo sintomático que todas las instituciones sanitarias, con la OMS a la cabeza, han estratificado desde el principio (fiebre, tos seca e insuficiencia respiratoria, a los que se puede sumar también diarrea), además de otros signos menores, atípicos, en ocasiones, pero en conjunto no demasiado diferentes de otras enfermedades infecciosas respiratorias. Por ese motivo, el laboratorio es imprescindible, la única opción en el caso de los asintomáticos, igual que para sancionar su curación basada en la demostración de una respuesta inmunitaria.

Es necesario, sin discusión, poner en práctica pruebas masivas de diagnóstico, que cubran el mayor porcentaje posible de todos los estratos de la población y lo es, antes de poner en práctica cualquier medida de desescalado de gran envergadura, sopena de recibir sorpresas, muchas favorables (individuos curados e inmunizados) y otras no tanto (individuos asintomáticos, portadores y excretores de virus). En la actualidad se dispone de un recurso comprensiblemente limitado por la novedad, de pruebas adaptadas a diagnóstico: una prueba de PCR (reacción en cadena de la polimerasa), que identifica en secreciones respiratorias el material genético del virus a partir de una secuencia de su proteína N utilizada como cebador. La prueba de PCR tiene una sensibilidad (detección de positivos) de un 66,7%, que va descendiendo a medida que la enfermedad progresa (hasta un 45,5% a partir de las dos semanas), pero no cabe duda de su valor extraordinario, aunque la realización exija instalaciones de seguridad y personal experto. Como complemento, se dispone de dos pruebas rápidas (10-15 minutos), ambas basadas en la especificidad de la reacción Antígeno-Anticuerpo; una de ellas detecta antígeno vírico, esto es, sus proteínas estructurales o partes de ellas, capaces de inducir una respuesta en el sistema inmunitario. Es una inmunocromatografía rápida, con una sensibilidad mucho menor que la de la PCR, por lo que, si existen síntomas y el resultado es negativo, obliga a realizar PCR para confirmar. La otra determinación diagnóstica rápida, es doble, y tiene en común la detección de anticuerpos (Ac), esto es, las moléculas neutralizantes del virus formadas por el sistema inmunitario humano. La primera versión detecta, por separado, las dos principales inmunoglobulinas (Ig) anticuerpo (las defensas inmunitarias humorales), IgM e IgG. Las IgM son percibidas a partir de la primera semana de aparición de síntomas (en general, 2 semanas después de que tuvo lugar el contagio-infección, que suele ir seguido de un periodo de incubación, o periodo de ventana, de 1 semana), alcanzan su máximo a las 2 semanas y se anulan a las 6, aproximadamente. Las IgG, más tardías, hacen su aparición a las dos semanas desde los síntomas (cuando las IgM están en máximos) y permanecen mucho tiempo, por el momento indeterminado. La segunda versión detecta, sin diferenciar, los Ac totales (AcT), es decir el total de inmunoglobulinas IgM más IgG en el momento en que se está realizando la prueba. Las dos versiones poseen menor sensibilidad (detección de positivos) que la PCR, pero son pruebas de cribado, complementarias a ella y, según el resultado, permiten identificar, más o menos, la situación (infección aguda, subaguda, infección pasada-curación, paciente sano no infectado o falsos negativos) aunque algunas han de confirmarse por PCR. Para la realización se utiliza una muestra de sangre obtenida por pinchazo simple en dedo, con lanceta.

En la actualidad, algunos países, están explorando la posibilidad de introducir otros métodos de diagnóstico, muy susceptibles de ser utilizados en determinaciones masivas, como sucede con el denominado «enzimo-inmuno-análisis» que se reconoce por su acrónimo Elisa de gran sensibilidad y especificidad, que puede ser cuantitativa (permite la determinación del título o cantidad de Ac en la sangre) y que puede automatizarse, lo que permite realizar miles de diagnósticos en un corto espacio de tiempo. En la actualidad, muchos laboratorios comerciales en distintos lugares (China, Europa, EE.UU), están trabajando para poner a punto kits de diagnóstico de este tipo (que en algunos casos ya están autorizados para investigación) y también se promueven ya experiencias piloto de aplicación.

Como quiera que sea, con los recursos actuales (PCR y pruebas rápidas) a los que se sumarán otros, es importante la realización de pruebas de diagnóstico masivas, que cubran el mayor porcentaje posible de la población, planificadas y estratificadas epidemiológicamente, en sectores de riesgo, pero también el resto, pues toda la información es imprescindible a la hora de tomar decisiones y valorar, por ejemplo, la inmunidad de grupo de la población o la existencia de portadores sin síntomas, permitiendo adoptar las decisiones correspondientes.

A favor de los test masivos del Covid-19
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