sábado 16/1/21

Garras afiladas en busca del futuro

El mundo acaba de dejar atrás un año aciago, 365 días que han hecho de la tragedia algo cotidiano. La muerte como compañera de viaje y la angustia económica como siguiente estación. León no es una isla en medio del océano, pero las circunstancias hacen que las consecuencias de la pandemia se estén sufriendo y se vayan a sufrir con mucha mayor violencia que en otros lugares del país. Un déficit industrial sobresaliente, el hundimiento precipitado de la minería, la dependencia del sector servicios en momentos de confinamientos y cierres gubernamentales, el envejecimiento de la población y la fuga de talentos hacen que la provincia tenga la obligación de afilar sus garras en busca del futuro. Además de las ya citadas y todas ellas económicas, hay, a día de hoy, 1.525 razones para comenzar 2021 peleando; un argumento por cada una de las víctimas que León ha sufrido por el covid-19. Y a todos esos porqués habría que añadir los incumplimientos históricos de los sucesivos gobiernos que ha habido en España desde tiempos que se escapan a la memoria colectiva de quienes son hoy la población activa.

El reportaje que hoy abre Diario de León deja bien claras las necesidades de la provincia de León, no es necesario repetirlo en este artículo. Sin embargo, sí es obligado reseñar que faltan infraestructuras, prometidas reiteradamente por unos y por otros y también machaconamente ocultadas en los cajones de la Administración; que faltan políticas que frenen la despoblación; que falta apoyo al sector del turismo interior; que faltan alternativas al cierre de la minería; que falta una conexión fluida entre la Universidad y las empresas. Que, en definitiva, falta compromiso de los Presupuestos Generales del Estado y de la Junta con una provincia en peligro.

El 16 de febrero de este desastroso 2020 se abrió una puerta a la esperanza con la masiva manifestación por las calles de las principales ciudades de la provincia en la que se reivindicaba un futuro para León. De ahí, de ese día, nació la Mesa por el Futuro de León. Sin embargo, la pandemia lo ha paralizado todo. Y, no se engañe el lector, la pasividad, las acusaciones mutuas, los protagonismos y sobre todo el pilatismo instalado entre los actores sociales y políticos de la provincia están haciendo de esa mesa un ring de boxeo. Todo el mundo mira hacia un lado, cuando no hacia arriba en un intento de disimular su lavado de manos. No llegan a silbar porque hasta en eso disimulan. La responsabilidad siempre es de otro. El choque entre el delegado del Gobierno, Javier Izquierdo, y el presidente de la Federación Leonesa de Empresarios, Javier Cepedano, lo resume a la perfección. Los empresarios piden que invierta la Administración primero y el Gobierno dice que se moje la inversión privada. Un reparto de responsabilidades en el que, justo es decirlo, el representante del Estado ha visto en la patronal recelo y excusas para retrasar reuniones bilaterales que eran y son urgentes. Afortunadamente, existe también el sentido común de Eduardo Morán, presidente de la Diputación, que pide acompasar lo uno y lo otro.

Pero no es la Mesa por el Futuro de León la panacea, el lugar en el que la provincia tiene que posar todas sus esperanzas sin pensar que cada uno de nosotros no tiene que poner sus granitos de arena para que la economía avance. Cada leonés, empresario, trabajador, estudiante, político, emprendedor y hasta jubilado tiene que contribuir a afilar las garras a este León herido. No hay otra opción. León tiene cuatro diputados en las Cortes generales y cuatro senadores. ¿No echan ustedes de menos una fotografía de los ocho reunidos pactando la defensa de los intereses de León en los dos Parlamentos nacionales? También tiene trece procuradores regionales. ¿No echan de menos esa misma imagen para defender lo mismo en las Cortes de Castilla y León? La unión hace la fuerza, tanto como los enfrentamientos nos hacen más débiles. Que Castilla y León solo reciba 335 millones de los 10.000 para España del fondo React UE es una ofensa para una comunidad en dificultades de tal tamaño que no es comprensible que los políticos del terruño no vomiten rabia a raudales. Sobre todo los que respaldan al Gobierno amparados en las siglas que les dan el momio salarial.

En fin, desde León habría también que empezar por abandonar el victimismo, que hace que cada vez que un leonés sale de las fronteras provinciales cuente que León va camino del desastre. Hay que dejar de decir que no tenemos futuro. Hay que dejar de ensalzar las virtudes ajenas y tirar por tierra las propias. Es decir, en una frase: hay que contarle al mundo que León es un lugar maravilloso en el que las oportunidades están a la vuelta de la esquina. León es un lugar fértil, en el que la calidad de vida se puede combinar a la perfección con un futuro profesional tan brillante como el que puede haber en cualquier otro punto del mundo. Sería bueno, por otro lado, que muchos de quienes ven en esta provincia un erial viajen y observen lo que hay en otras partes del país y del planeta. Se sorprenderían del oro reluciente que verían y que no es más que plomo de vieja cañería.

El futuro es una actitud y se basa en imágenes como la que ocupa hoy toda la primera página de Diario de León: un león rampante que presenta sus garras para pelar por su vida. Imaginen que ese animal que preside hoy este periódico como un símbolo de fortaleza careciera de melena, de garras y se apareciera encogido y con la mirada hacia el suelo. Sería un signo de derrota. Y no es cierto, León tiene todos los mimbres para alcanzar el éxito. Y lo va a hacer. Si cada cual se mira al ombligo y se pregunta qué puede hacer para ayudar al crecimiento habremos dado el primer paso. Después vendrán todos los demás. Pero, claro, todo el mundo tiene que arriesgar, abandonar el espacio de confort. Y apostar por León.

Diario de León apuesta por León. Y echa el resto.

Garras afiladas en busca del futuro
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