jueves. 08.12.2022
Sara ha «enganchado un trabajo con otro». DL

El primer contrato de Sara García llegó a los 18 años, aunque cuenta que desde siempre ha estado muy implicada en ayudar a su familia. Recién cumplida la mayoría de edad se emancipó y ha llegado a estar triempleada, nutriendo su salario con trabajos en el sector de la hostelería y el comercio. Aún estaba a prueba en un puesto de dependienta cuando llegó el confinamiento y la empresa declaró el Erte. Había dejado uno de sus tres empleos porque en el comercio tenía mejores condiciones y horarios, pero todo se vio truncado con el coronavirus.

Esta joven responsable, está preparándose para sacar el Bachillerato a distancia y no descarta estudiar algo vinculado con la psicología o con la nutrición. «Estoy trabajando para mantenerme, el objetivo de los estudios aún no está muy definido. Vivo sola y mi padre me ayuda, pero no me gusta excederme», apunta con tan sólo 21 años, para explicar que durante estos últimos años se ha buscado la vida como camarera o en los trabajos que salían. «Lo que se ofrece muchas veces no compensa. El trabajo es un intercambio de dinero por tiempo y esfuerzo y la balanza está muchas veces desequilibrada, te exigen demasiado y te pagan muy poco», explica para destacar que en el sector de la hostelería la temporalidad es «vergonzosa y además nadie contrata lo que es necesario».

Sara ha estado «enganchando un trabajo con otro» y cuenta orgullosa que nunca la han despedido, que siempre se ha ido cuando ha encontrado una oportunidad mejor «y haciendo bien las cosas, aunque me hubiesen tratado mal». Ahora está preocupada. «Aún no he solicitado el paro, porque las gestiones no van muy rápidas, pero con la vergüenza de horas que he cotizado, no las que he hecho de verdad, no sé cuánto me quedará». A lo que suma: «Los que ahora estamos sin trabajo nos costará luego encontrar algo, hasta que la situación se recupere pasará un tiempo y «esta situación nos afectará».

«He cotizado muy poco con todo lo que he trabajado»
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