lunes 30/11/20
ARTESONADOS MUDÉJARES. PATRIMONIO ESCONDIDO

Joyas olvidadas en el sur de León

El sur de León cuenta con una riqueza inigualable en artesonados. Joyas escondidas que hace falta divulgar, caso de Valdesaz de los Oteros, y otras que urge restaurar como los alfarjes de las iglesias de Villacé y Grajal de Ribera .

Al maestro carpintero Hernando de la Sota le pagaron 29.400 maravedíes y 20 cántaros de vino por el artesonado de Valdesaz de los Oteros. Corría el año 1531-32 y es muy probable que el artesano se alojara en alguna de las casas del pueblo, con derecho también a comida y cena.

Lo que no se imaginaba el hombre, o sí, es que cinco siglos después su obra siguiera viva en la techumbre de la iglesia y que esta sería declarada Bien de Interés Cultural. Lo es, con categoría de monumento, desde 1982.

El artesonado de Valdesaz de los Oteros es «único porque conserva la lacería mudéjar y se fusiona con los estilos renacentistas», asegura el historiador del arte y experto en arte mudéjar, Joaquín García Nistal, quien ha seguido el rastro de este obrero artista del siglo XVI y ha descubierto que también intervino en la fabricación y armadura de otros alfarjes en la provincia de León. Hernando de la Sota está relacionado con la una armadura perdida en Villamizar, dos cubiertas en El Burgo Ranero y otra en Bercianos del Real Camino, destruida al desplomarse la iglesia hace 15 años.

La mano de este carpintero también está detrás de la cubierta del piso superior del claustro de San Marcos y probablemente del forjado de su sala capitular, apunta García Nistal.

Era un trabajo bien remunerado, pero se pagaba el doble y hasta tres veces más, al pintor que, con yemas de huevo y aceite de lavanda, entre otras sustancias y pigmentos, decoraba las maderas en el taller improvisado, seguramente al pie de la iglesia o en su mismo suelo.

Los carpinteros iban de pueblo en pueblo con sus cartabones, preparaban los cortes de la madera con sus dimensiones correctas y luego las armaban, casi como un niño montaría hoy un Lego. «La historia de la carpintería de lo blanco está ligada a los ríos y a la riqueza maderera de León», afirma Nistal.

Las obras se pregonaban y se subastaban con posturas a la baja de modo que carpinteros y pintores «eran itinerantes». Es difícil saber su origen como sucede con el artesano de Valdesaz. En cuanto al tiempo de fabricación, oscila entre tres meses y dos años, con una media de seis a ocho meses.

Se cuentan más doscientos artesonados en la provincia de León datados entre los siglos XIV y XVI, aunque muchos se han perdido. Joaquín García Nistal ha inventariado cerca de 200 artesonados en su tesis doctoral La carpintería de armar en la provincia de León, ademáss que se han perdido a lo largo de los años.

«León es riquísimo en artesonados por sus grandes riberas, ya que los ríos daban mucha facilidad para el transporte y abastecimiento de madera que requerían», explica. Estas obras forman parte de la carpintería de lo blanco porque exigían quitar la corteza de los árboles o, lo que es lo mismo, blanquear la madera.

Muchos son los que requieren labores de restauración. «El problema de los artesonados nos tiene muy preocupados, hay que buscar fórmulas para restaurar todos los que se puedan», admite el delegado diocesano de Patrimonio, Máximo Gómez Rascón. Teme especialmente por la cubierta de la iglesia de Grajal de Ribera.

Una labor prioritaria, apunta el experto en arte sacro, es liberar de cualquier carga a estas cubiertas de madera que pueden ser destruidas por acumulación de escombros en las zonas que están ocultas. Recientmente se ha realizado una labor de limpieza y consolidación de la madera, los pigmentos y la lacería en el artesonado de la iglesia de Santa Cristina de Valmadrigal.

La Junta de Castilla y León y la Diputación tienen convenios con las dos diócesis de la provincia para realizar intervenciones en el patrimonio sacro. El artesonado de Valdesaz fue restaurado en 2005 con dinero del Fondo Social Europeo (355.000 euros para toda la iglesia) canalizados por la Junta.

Pero la iglesia no está abierta al público con unos horarios fijos para que el patrimonio que contiene en su cubierta interior pueda ser disfrutado. El alcalde de Pajares de los Oteros, Julio Fernández, apunta que hay una vecina del pueblo encargada de abrir la iglesia.

Tampoco ha sido objeto, ni este ni otros artesonados del sur de León, como los de Velilla de los Oteros, Fresno de la Vega, o Villamandos de publicaciones específicas que divulguen su existencia y los pongan en valor como recurso cultural y turístico para la comarca, mientras en el Museo del Prado, la pinacoteca más importante del mundo, luce el artesonado de la desaparecida iglesia de Santa Marina, de Valencia de Don Juan, con obras de la colección donada por los Váez Fisa.

No han merecido mucha atención ni siquiera los que forman parte del catálogo de bienes de interés cultural de la Comunidad como es el caso de las iglesias de Santa Colomba de la Vega, monumento nacional desde 1943 por su artesonado; de Valdesaz de los Oteros, desde 1984 y de Villacé, que fue declarado BIC en el 2008.

«Es un arte que está abandonado desde el punto de vista de los estudios y falta divulgación», subraya Joaquín García Nistal. Opinión que avala también el catedrático de Historia del Arte, Manuel Valdés: «León tiene una riqueza de techumbres para abrumar, pero a los que se da importancia exclusivamente es a los alcázares de Sevilla y de Granada».

Desde el convento de las Concepcionistas, en León, hasta la iglesia de San Francisco de Villafranca del Bierzo. Mansilla Mayor, Marne, Cubillas, Valdesaz, Santa Colomba de la Vega, San Marcos... son ejemplos de «la forma más peculiar de cubrir las techumbres en los siglos XIV y XV y del arte mueble de obra hispánica», apunta Valdés.

No todos los artesonados son mudéjares, como a veces se piensa. El de la desaparecida iglesia de Valencia de Don Juan pertenece al estilo gótico cortesano y no tiene la lacería característica del mudéjar, si bien adquiere un valor singular «por su fantástica iconografía», precisa.

Se trata de un forjado de piso que se colocaba de manera habitual en los coros como asiento de la estancia superior. Los artesonados se preparaban para armar y, por tanto, se podían desarmar. Esta singularidad propició que muchos emigraran a colecciones privadas como ocurrió con el ahora tan halagado artesonado coyantino.

Su depósito en un centro público y de la categoría del Museo del Prado sirve ahora para poner de relieve lo que venían defendiendo los expertos como Joaquín García Nistal: «Se ha hablado mucho de la escuela gótico burgalesa, pero siempre he dicho que en León existían buenas muestras de pintura».

La pintura, al igual que la armadura, se subastaba. En la iglesia de Santa Colomba de la Vega el pintor tuvo que colocar un singular escudo que relaciona esta obra con la catedral de León, perteneciendo el templo a la diócesis de Astorga. La explicación radica en que un canónigo de la catedral de León, Juan González de Zamora, a quien pertenece el escudo, se ocupó de criar y dar estudios a Juan de Almanza, deán de la Catedral de Astorga. «El que se siente a la mesa que piense primero en el pobre», reza su leyenda.

El mudéjar leonés es bastante bien conocido y reconocido en los ámbitos científicos, pero carece, al igual que los artesonados, de una proyección cultural y turística. «Deberíamos tomar nota de lo que se hace en Teruel, fomentar las rutas, mapas con información en las carreteras y establecer puntos estratégicos para facilitar su visita», apunta Joaquín García Nistal.

Zaragoza y Teruel están unidas por la Autovía del Mudéjar y han conseguido que su arte mudéjar forme parte de las joyas Patrimonio de la Humanidad. En Castilla y León, «se podría haber hecho un foco en Sahagún, sin tener en cuenta los límites provinciales», agrega. Santo Tirso, San Lorenzo y La Peregrina, estos dos últimos recientemente restaurados, son la representación arquitectónica más conocida pero son «desconocidas, poco estudiadas y de altísimo interés» las iglesias de Arenillas de Valderaduey, Sahelices del Río, Renedo de Valderaduey, Gorzaliza del Pino y Sant Hervás de Campos.

Joyas olvidadas en el sur de León
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