sábado 31/10/20

La mirada hacia el horizonte

Salir a las calles es fundamental para reclamar inversiones
Gráfico

Los leoneses tienen que salir a la calle hoy sin dudarlo. Lo que León se juega no es otra cosa que la vida. Ni más ni menos. Hay decenas de datos en las estadísticas que justifican la protesta, tantos que ni siquiera se hace necesario hacer un repaso porque los conoce de memoria cada leonés, desde la capital al Bierzo, al Páramo, a la Maragatería, a la Montaña, a Laciana, a La Cepeda...


Los cuatro reportajes que en estos días ha publicado Diario de León responden a una realidad que hace que la manifestación de hoy sea algo obligado, necesario. En ellos, el reguero de datos negativos, de opiniones, de frases tan grandilocuentes como depresivas, empujan a la lucha. Esta provincia ya ha llorado demasiado la fuga de talento, el cierre de la minería, la falta de industria, el declive de la sanidad rural, los proyectos milagrosos fracasados, y hasta el abandono de las administraciones públicas de todo color y condición. Por esa razón es tan oportuna la convocatoria de las manifestaciones que van a recorrer la provincia. Y por esa misma causa es también importantísimo el nacimiento de un nuevo Pacto por León, de una nueva mesa para la reindustrialización, a imagen y semejanza de aquella de diciembre de 1991. Será responsabilidad de todos sus componentes que esa Mesa desemboque en algo positivo. A los tres días de aquella foto en el Parador de San Marcos, que ocupó cuatro columnas en las páginas de Diario de León, un titular de este mismo periódico daba cuenta de las primeras discrepancias. Mal precedente este de 1991. Malo y tan peligroso como en aquella fecha porque no era otra cosa que el adelanto de un fracaso. Aquello fue agua de borrajas. Fue un varapalo en la moral de León. Y fue hace 29 años, casi tres décadas, cuando la situación económica y social de la provincia era muy mala. Ahora, la situación es infinitamente peor. El calificativo de desastrosa se queda corto. Sobre todo por una circunstancia que impide ver algo positivo, que sí lo hay, y mucho, y que no es otra que la cortedad de miras de la clase política. El año previo a aquel Pacto por León, la situación era tal, que el 16 de mayo de 1991 ya se produjo una multitudinaria manifestación en la capital leonesa, bajo el lema León Hazte oír, que provocó incluso una primera página en Diario de León manchada hasta su mitad de tinta negra, simbolismo claro y casi sangriento de la situación en esos años. Todo ha ido a peor. 

Esta provincia ya ha llorado demasiado la fuga de talento, el cierre de la minería, la falta de industria, el declive de la sanidad rural, los proyectos milagrosos fracasados, y hasta el abandono de las administraciones públicas de todo color y condición


No obstante, León tiene algunas riquezas que de explotar garantizarían la economía de cualquier provincia. Lo malo es que hay demasiada gente que ya ha entrado en depresión y que además vive a gusto en medio del fango. De esta sensación parte el apoyo que Diario de León presta a esta iniciativa; del convencimiento de que cada uno de los protagonistas que se colocarán hoy en la cabecera de la manifestación tiene una responsabilidad enorme. Y la primera de ellas es no confundir las cosas. Es más que seguro que varios colectivos van a tratar de capitalizar la protesta para dirigirla a la reivindicación de un «León solo», del nacimiento de una nueva autonomía. Craso error. No es el momento de cambios en el mapa territorial de España. Nadie lo entendería fuera de las fronteras de León y únicamente serviría para restar seriedad a la exigencia de mayores inversiones para la provincia, que es lo que se necesita, lo que sería de recibo. Todos aquellos que piensan en un futuro «León solo» apartan la mirada a una certeza que es la que ha hecho varar la nave leonesa: León lleva demasiado tiempo solo. De hecho, si no hubiera estado sola, ahora, cuando la UE reparte miles de millones de euros para paliar el abandono del carbón recibiría lo mismo que Polonia, que como se negó a cerrar las minas y mantiene cien mil mineros en activo se va a llevar lo mismo que España multiplicado por diez. En fin, ahora lo que se necesita es apoyo de Valladolid, de Madrid, de Bruselas, de cualquier lugar en el que haya un empresario o un fondo de inversión con ganas de asentar una fábrica en un lugar de espectaculares posibilidades logísticas como es León, da igual en Villadangos que en Torneros; un lugar con un amor propio fuera de toda duda que en estos momentos, por desgracia, permanece oculto en el desván de nuestros sueños. Los pesimistas no deberían tener sitio en la manifestación de hoy, sólo los optimistas podrán sacar a León del ostracismo.

Es más que seguro que varios colectivos van a tratar de capitalizar la protesta para dirigirla a la reivindicación de un «León solo», del nacimiento de una nueva autonomía. Craso error. No es el momento de cambios en el mapa territorial de España


El viaje que León pretende emprender hoy solo llegará a buen puerto si todos los remeros trabajan al unísono, como lo hacen los regatistas de Oxford o Cambridge. Desgraciadamente, hay muchas cosas que tienen que cambiar antes de echar el barco al mar. Los partidos políticos de León han sido tradicionalmente nidos de víboras en los que difícilmente alguien perdía el tiempo en luchar por León porque estaban demasiado ocupados en despellejarse los unos a los otros. Así ha sido siempre en el PSOE y en el PP. Tampoco la UPL se libró de esa lacra de odios fratricidas. Y así es ahora, quizá más que nunca, cuando los enfrentamientos internos son salvajes. Quien en el PSOE recuerde los enfrentamientos que dieron lugar al Pacto de la Mantecada con el que Zapatero se hizo con el poder en el socialismo leonés debe saber que hoy eso era un juego de niños. Y quien recuerde las descalificaciones que se dedicaban Juan Morano y Miguel Pérez Villar debe saber que hoy parecen lisonjas infantiles.


El PSOE navega con la mirada puesta en que Madrid, más bien Ferraz, resuelva el agujero que ha generado en el casco de la nave el empeño del alcalde de León, José Antonio Diez, de resucitar la lucha por convertir al Reino de León en autonomía, sin contar con dos de las tres provincias que conformaban aquel viejo Reino. Lo más suave que se puede decir de los dos grupos que conviven en el PSOE es que no se hablan. Por un lado, el secretario provincial, Javier Alfonso Cendón —con todo el aparato provincial—, y el presidente de la Diputación, Eduardo Morán —con todo el aparataje que le da el apoyo de sus diputados provinciales—, y el secretario regional, Luis Tudanca. Y por otro lado, más solo que la una, el alcalde Diez, al que en privado ya hay concejales que reconocen grandísimas dudas que la batalla leonesista de su regidor no les vaya a llevar a la ruina. Aunque es más que probable que tampoco les haya pedido su opinión ni se la vaya a pedir. El espectáculo de Fitur lo dijo todo. Ni Diez estuvo en la presentación de Morán, ni Morán en la de Diez a pesar de que mediaron escasos minutos. Y el siguiente acto del sainete fue en Villaquilambre, el lugar de residencia de Luis Tudanca, donde sus concejales le hicieron un inequívoco corte de mangas votando en contra de su criterio la moción por la autonomía leonesa. Son solo dos muestras de un repertorio que tiene múltiples episodios de desencuentro y de desaires.

El viaje que León emprende hoy solo llegará a buen puerto si todos los remeros trabajan al unísono, como lo hacen los regatistas de Oxford o Cambridge. Desgraciadamente, hay muchas cosas que tienen que cambiar antes de echar el barco al mar


No está mejor el PP, donde ni siquiera han acabado de asumir que la pérdida de la Diputación y del Ayuntamiento de la capital es únicamente responsabilidad del patrón de la nave. Volviendo al símil de los remeros de Oxford y Cambridge, el que lleva el rumbo y marca la cadencia de los remos estaba a otras cosas. Y así sigue. Juan Majo, presidente provincial, vaga por León como absorto en nadie sabe qué pensamientos. Y trata desesperadamente de que las presiones entre Madrid y Valladolid no le hagan un emparedado. Y así está el PP, sin secretario provincial, desde hace casi un trimestre, porque nadie se atreve a poner orden no fuera que le pillen en un desorden. También se puede decir, como en el caso del PSOE, que lo mejor que se puede expresar para definir la situación es que no hay comunicación. Lejos ha quedado el momento en el que Majo y Silván se apoyaron.


No están mejor Ciudadanos o Podemos. El primero porque en León ni están ni se les espera. La formación naranja en León no es capaz de decir una cosa y mantenerla ni quince segundos. Y en el caso de su próximo Congreso Nacional, la duda cabalga a sus lomos. Podemos, para mostrar sus incoherencias tiene a punto de expulsión a su concejal en el Ayuntamiento de León por hacer lo mismo que ha hecho su líder espiritual y galapagareño con Pedro Sánchez, pactar un Gobierno.


Y la UPL. Los leonesistas asisten sin saber qué hacer al hurto de su propia bandera, protagonizado por el alcalde Diez sin que hayan levantado la cabeza. Solo sonríen nerviosos sin saber qué hacer. No parece bueno para ellos que se hayan limitado a aprovechar la coyuntura y meter mociones en todos los ayuntamientos en los que tienen representación. Tienen una cosa buena, eso sí, que el desastre en el PP y en el PSOE les ha permitido aprobar las mociones en ya casi una veintena de ayuntamientos y cerca de un tercio de la población de la provincia, lo que no quiere decir que todo ese tercio de habitantes se sienta representado por esas mociones, porque una cosa son los políticos y otra la sociedad civil.


Este escenario es el que han aprovechado los sindicatos para agarrar con las dos manos el caldero y poner a cocer esa nueva Mesa por León. Enrique Reguero, secretario provincial de UGT, y Xosepe Vega, secretario provincial de CC OO, caminan de la mano hasta para el vino del mediodía. Es lógico que en medio de este revuelto río que son los partidos políticos de León hayan aprovechado el momento para intentar recuperar la credibilidad perdida ante los trabajadores, a los que, no hay que engañarse, llevan demasiado tiempo sin defender. ¿Hasta cuándo durará este camino común de UGT y CC OO? La historia no hace ser muy optimista.


Sea como fuere, merece la pena salir a la calle a pedir inversiones para León. Al futuro solo se le puede ganar la batalla exigiendo. Y lo primero que hay que exigir es que los propios partidos políticos se adhieran a las peticiones de los ciudadanos de manera coordinada. Primero coordinando la casa propia y luego la común. Difícilmente habrá nadie en León en estos días que dude de que todos los partidos que se han sumado a la Mesa por León y a la manifestación lo han hecho porque si se hubiesen quedado fuera habrían sido inmediatamente señalados por los votantes. Esto, necesariamente, implica que a la menor dificultad y con la menor excusa dejarán su plato en la mesa vacío.


Y no está León para vacíos. Ni para llenos torticeros. Hay muchas asociaciones de carácter tradicionalmente leonesista que se han unido a las exigencias al pairo de los vientos levantados por el alcalde de León. La manifestación es para pedir inversiones y un futuro para León. No es para pedir que León se quede sin nadie que le dé inversiones y un futuro. Nadie le da un euro al hijo que se va de casa dando un portazo e insultando a sus hermanos.

La mirada hacia el horizonte