domingo 25/10/20
Natalia Castro Nicolás consultoría en desarrollo sostenible. «acción para el cambio»

«Hay que hacer números, la ilusión te puede obnubilar»

Esta bióloga de formación tenía una idea, una experiencia profesional e incluso una cartera de clientes cuando echó a andar «Acción para el c
Natalia Castro Nicolás tiene su oficina en el Vivero de Empresas del Ildefe.

Natalia Castro Nicolás, de 34 años, empezó su andadura como emprendedora en el momento más álgido de la crisis. Después de varios años trabajando para una gran consultora en la que el medio ambiente era una parte marginal, decidió independizarse.

Después de cinco años, «me planteé que los caminos tenían que separarse». Era ella quien había fichado y trabajado con la cartera de clientes y no entraba en los planes de la empresa formar a una persona para realizar ese trabajo. Así que, como dice la recién estrenada empresaria, «fue una separación agradable».

Con este patrimonio se dirigió al Ildefe, una entidad que ya conocía a través de su propio trabajo y de cursos de responsabilidad social corporativa -”«otro tema que me interesa desarrollar en mi empresa»-” en los que ha participado. «Me facilitaron mucho las cosas», asegura.

Las ganas las ponía ella. Pero los consejos le hicieron «pensar mucho, para tener una visión de futuro, escribir y analizar lo que quería, hacer un cronograma...» y, sobre todo, «fue inmensamente útil el plan de empresa porque te centran en los puntos realmente importantes».

Y es que un proyecto no se puede alimentar sólo de ilusión. «Hay que hacer números, la ilusión puede obnubilar». Básicamente, se trata de poner en un lado de la balanza los gastos que va a suponer poner en marcha el negocio y en el otro «lo que tienes que conseguir para que sea viable».

Ella hizo números y pidió todas las ayudas a las que tenía derecho. Recibió 1.500 euros de subvención de la agencia de desarrollo local del Ayuntamiento de León y 9.000 euros del programa de Emprendedores de la Junta de Castilla y León por nuevo yacimiento de empleo y por ser mujer menor de 35 años. Además, la Agencia de Desarrollo (ADE) le pagó la mitad del equipo informático. Además, optó por quedarse en el Vivero de Empresas del Ildefe, donde tiene opción a permanecer tres años.

Con todo, el miedo a lanzarse a una empresa nueva «es inevitable pero hay que superarlo», aconseja. Natalia Castro tenía otra ventaja a su favor. «En mi época de estudiante de Biología un grupo de compañeros y compañeras creamos una asociación para la educación ambiental. Tenía 22 años y allí ya nos fogueamos», comenta. Hoy en día, «cuatro seguimos siendo emprendedores», comenta.

«Acción para el cambio», el nombre de su empresa, se dedica a asesorar a las administraciones públicas en las planificaciones que buscan la sostenibilidad entre la economía o generación de riqueza, el medio ambiente y el bienestar de la población.

Trabaja tanto con políticos como con técnicos y también con la población puesto que uno de los ejes de la sostenibilidad es la participación ciudadana. «Implicar a la ciudadanía es una de las partes que más me gusta de mi trabajo», admite.

Tanto cree en la participación que el nombre y el logo de su empresa, «Acción para el cambio», lo sometió a la opinión de familiares y amistades. «Lo que más me costó fue el nombre: en una comida familiar leímos mi listado de ideas y vimos que estaba escrito en tres ideas principales». Hay quien le dice que «suena a partido político», pero a ella le conecta con sus objetivos como emprendedora.

Actualmente, sus principales clientes están fuera de León, en Cantabria sobre todo, porque «tienen una normativa clara que facilita mucho enfocar los proyectos» y, en consecuencia, «tienen dotación económica importante» para estas acciones.

Un ejemplo de las dimensiones de su actividad es una mancomunidad de 17 municipios con la que desarrolla un proyecto de Agenda Local 21 durante cuatro años. «Hay implicados en torno a tres mil ciudadanos», apunta.

«La idea de la economía sostenible es maravillosa, pero se está pervirtiendo, ahora se pone mucho de coletilla, sin reflexión previa», comenta críticamente. Con el tiempo, confía, empezará a filtrarse lo falso de lo auténtico.

Pese a los buenos resultados, admite que la crisis la ha obligado a replantear sus previsiones. «Quería haber terminado el año con una persona, pero lo he pospuesto. Espero lograrlo a finales de este año», matiza.

Su objetivo es trabajar en la provincia de León y ya tiene en mente algún proyecto: planificación para espacios naturales protegidos y resolución de conflictos ambientales. Esto último es «algo muy novedoso, pero que está empezando a tener fuerza y es la vía que más se va a desarrollar en los próximos años».

No sueña con una gran empresa, porque «perdería parte de lo que me gusta hacer. Si piensas en ello corres el riesgo de crecer rápido sin una base sólida», reflexiona. Para esta emprendedora el tamaño ideal de «Acción para el cambio» es una «micropyme con cinco o seis personas».

Si tuviera que aconsejar a alguien a convertir en negocio su idea no lo dudaría. «Que se atrevan. Soy más feliz ahora que hace un año. Tengo la sensación de tener las riendas, de poder hacer lo que realmente quiero y me motiva». No es que viva «en el país de la golosina», comenta, pero «si te metes en la nube negra no encuentras salida».

«Hay que hacer números, la ilusión te puede obnubilar»