miércoles 01.04.2020

Lara, diez días de espera para existir como ciudadana

El alumbramiento de Lara sucedió el domingo 15 de marzo en el Hospital de León. Fue a las pocas horas del confinamiento decretado por el Gobierno debido al Covid-19. Todo transcurrió con la ‘normalidad’ de un momento en que todo empezaba a ser extraño. Ángela Mateos, la mamá, estuvo acompañada en todo momento de su marido, Miguel Ángel Fernández. Después de diez horas intentando un parto vaginal, se planteó una cesárea y entró en quirófano. Mucha protección y medidas de higiene añadidas a las habituales, aunque las mascarillas eran «sencillas». Reinaba la amabilidad entre el personal y el silencio en los pasillos, pues solo se permite una visita. Después de dos días, el Covid-19 avanzaba. «Salimos del hospital con miedo, con la niña tapada, sin tocar la puerta, abriendo con el pie... Es triste y raro», dice Ángela. Martín, el hermano de Lara, de cuatro cuatro años, se impacientaba: «Quiero subir al hospital a ver a la hermanita». La cuarentena manda. Le explicaron el motivo y enseguida lo entendió Martín: «No se puede subir al hospital por el coronavirus», repetía a la familia. Lo que más quebraderos de cabeza les produjo fue la inscripción registral. Fueron ‘primerizos’ para una burocracia a la que el Covid-19 pilló desprevenida y sobre todo con temor. «Fui al Registro Civil con mascarilla y guantes y casi les costó cogerme el libro de familia. Me dijeron que tardarían. Que tenían 30 días de plazo», apunta el padre. Fueron días de agobio. Sin la inscripción no podían tramitar la tarjeta sanitaria ni las prestaciones por maternidad y paternidad, a pesar del interés que se tomó una funcionaria del INSS porque en algunas provincias se estaba haciendo con la documentación del hospital. Una semana y dos días después de su nacimiento real, Lara fue una ciudadana más de León. «Sabemos que está registrada porque nos llamaron del INSS para decirnos que estaban tramitando la tarjeta y las prestaciones», aunque aún no les han entregado el libro de familia. Otro daño colateral del Covid-19 para la vida cotidiana es que la familia tiene que conformarse con fotos y videoconferencias por precaución. Lara es «la gran desconocida» de la familia. Las bisabuelas suspiran por conocerla: «Cuando la veamos ya nos llamará por el nombre», bromean. Los ritos están en suspenso. La ventaja es que «disfrutamos los cuatro en casa». Se ‘adaptan’ a los rigores que impone el virus.

Lara, diez días de espera para existir como ciudadana