domingo. 04.12.2022
La bandera de los quioscos

Lectores a Diario

El periódico se revela como «un artículo de primera necesidad» para los leoneses frente al confinamiento
Ángel Aller, en La Palomera. MARCIANO PÉREZ

Aquel periódico que le sacaba del «bolsillo del abrigo» a su padre, en el que leía las «noticias sobre la II Guerra Mundial», tiene el relevo, casi tres cuartos de siglo después, en el Diario de León que lleva en las manos Aníbal Suárez. «No podría vivir sin el periódico. Es un artículo de primera necesidad», confiesa el veterano lector, al que da el turno Camino Redondo. «No falla nunca», confirma Pilar Diez, del quiosco Pájaro Loco, quien en esta cuarentena se ha apuntado al pelotón de los profesionales que llevan la prensa a casa a sus clientes, entre los que se cuenta «una pareja con el coronavirus». En El Jardín de Luis Miguel Laiz, un poco más arriba, sin salir de Federico Echeverría, también se cultiva la clientela a domicilio porque «para la gente el periódico les da un rito de expansión». No le hace falta que se lo suban a Julio Bardón, quien ha perdido «la cuenta de los años» que es lector del decano de la prensa leonesa. «No salgo de casa para nada más, pero el Diario de León que no me falle», concede. Como tampoco lo perdona Gabriel Ángel Barthe, quien reconoce leer «también en la tableta», pero ser fiel «al papel».

DL20P9F9-16-55-33-3Luis Antolín, en la zona de Nocedo. MARCIANO PÉREZ DL20P9F1-16-52-42-3Pilar Diez y Aníbal Suárez, ayer. MARCIANO PÉREZ
DL20P9F2-16-53-05-6Julio Bardón y Luis Miguel Laiz. MARCIANO PÉREZ DL20P9F5-16-54-07-6Emilio Suárez, con el ejemplar. M. PÉREZ
DL20P9F11-16-56-21-3Gregorio Miguélez y José Rodríguez. MARCIANO PÉREZ DL20P9F8-16-55-13-7 Víctor Fuertes, con su Diario. MARCIANO PÉREZ

 

La cuarentena no acaba con los lectores. En el quiosco El Sitio, frente al Musac, siguen las ventas «casi como antes de la cuarentena, con la misma gente de todos los días», certifica Jésica Turienzo. De ahí sale Emilio Suárez, que antes lo leía «en el bar», pero ahora tiene que «bajar fijo» porque no puede «pasar el día sin el Diario»; y Héctor Valcárcel, que sube con ejemplar del decano debajo del brazo para compartirlo con su padre, Juan, junto al que sobrelleva el confinamiento.

La puerta de los quioscos no se cierra. En el de Feli, en La Asunción, desde fuera, se ve la pila Diario de León. «Esos 60 los vendo hoy», reta la titular del establecimiento, que «con el pan y el periódico» capea «el temporal» sin cerrar ningún día, ni siquiera por las tardes, porque entonces no libra. El ejemplar de arriba lo coge Antonio Álvarez, quien no pasa «ni un día sin él», aunque compre «varios para contrastar», y el de bajo le toca a Víctor Fuertes, quien bromea con que el periódico le ayuda a «no tener que tramitar la separación». La costumbre familiar de compartirlo la cuida también Pablo Martínez, que va con los cuatro últimos números debajo del brazo, junto con un recado de la farmacia, para que «se entretenga» su padre, Bernardo. El entretenimiento lo agrade Luis Antolín, quien se informa con el papel porque de las redes no se fía «nada», y Ángel Aller, quien recalca que «es vital en León leer el periódico todos los días». Para que puedan están el quiosco de Conchi y Edu en La Palomera, La Picaraza de Ana Hidalgo en La Torre o el Doba, a la puerta de Nocedo, donde Manu Ruiz concede que «la prensa está manteniendo la bandera de los quioscos». A ese mástil se agarra José Rodríguez, que puso las mamparas en el establecimiento Gladis ya desde el día 16 de marzo y aguanta gracias a sus ventas «y las del pan». «Yo he sido del Diario de toda la vida», subraya Gregorio Miguélez, mientras recoge el ejemplar, lo dobla y lo cobija bajo el brazo. «Cuesta trabajo pasar sin el periódico, sin tocarlo», confiesa, alistado en la nómina de los lectores a Diario.

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