miércoles 24/2/21

LOS LEONESES EN EL ESPEJO DEL CAMBIO

Más de 42.000 días después, la vida de los leoneses ha sufrido una transformación que jamás hubieran podido imaginar sus antepasados de 1906. Del campo y sus cosechas a la era digital, de los caballos al AVE y de la autarquía al mercado global
fernando otero

1906

2021

La pandemia condiciona la vida de los leoneses 115 años después, sus restricciones y controles marcan el paso de cada día. El envejecimiento dibuja una ciudad en busca de relevo y fuentes de empleo para retener a sus jóvenes. La Calle Ancha, hoy.

La capital era un poblachón que apenas sobrepasaba los 16.000 habitantes, con el 15% de su población inscrita como jornaleros, que vivían en míseras condiciones. El comercio despuntaba ya como motor de la economía. En la imagen, la Calle Ancha.

Un salto de 115 años atrás dibuja una provincia con la tierra en el epicentro de la vida y el sustento de los leoneses. El campo forjó la historia de los primeros años del siglo XX, cuando Diario de León alumbró su primer número. En aquel momento la esperanza de vida de los moradores de esta tierra no superaba los 35 años, la estatura de los hombres apenas alcanzaba el 1,60, mientras que las mujeres se quedaban de media cinco centímetros más abajo. Casi el 50% de la población con más de 10 años no sabía leer ni escribir y la tasa de mortalidad se acercaba al 30%. En el caso de los niños llegó a alcanzar el 160%, una realidad escalofriante por la mala nutrición o enfermedades, como el sarampión o la gripe, que para muchos significó su muerte prematura.

Hace 115 años, el sueldo de un campesino era de 1,6 pesetas al día y un obrero cobraba dos por la misma jornada. Y con esos míseros jornales acudían al mercado donde se encontraban con precios prácticamente inasumibles para sus precarias economías. Sobrevivir era una odisea diaria con el precio de la docena de huevos a tres reales, los 0,60 de un litro de leche, 60 en el caso de una arroba de aceite, 2,20 pesetas un kilo de arroz y 0,90 el de azúcar. Comer carne resultaba prohibitivo con el kilo de ternera a 1,50 pesetas, el mismo que el cordero y la vaca.

Generaciones ligadas al campo, sus cosechas y los avatares del cielo, que podían bendecir los frutos de la tierra o arruinar todo lo sembrado. Una sociedad comunal con la autarquía rigiendo la economía y una organización social de la mano de los concejos, como mecanismo de autogestión. Ayuda mutua y asistencia, de manera que en el área rural la pobreza estaba socializada. El colectivismo agrario y ordenanzas permitían a todos los vecinos acceder a los recursos y eso evitaba en gran parte de las ocasiones la pobreza extrema.

Las cuencas mineras, otro de los puntos neurálgicos del León de principios del siglo XX, también arrastraban duras condiciones de vida. La extracción del carbón ya había logrado en aquel entonces multiplicar por seis su producción en menos de una década. Campo y carbón apuntalaban un sector primario que empleaba al 85% de los trabajadores. En la incipiente industria, únicamente prestaban su mano de obra un 5,5%, frente al 16% de la media del resto del país. Y en el caso del sector servicios, rozaba el 10%. Un censo de 1907 refleja la existencia de 450 comerciantes, 215 industriales, 648 personas dedicadas a las artes gráficas y otro medio centenar largo bajo el epígrafe general de profesionales.

Cuando Diario de León puso su primer número en la calle, la provincia sumaba 1.483 pueblos, con una densidad de población de 24,7 habitantes por kilómetro cuadrado. Tenía el mismo número de municipios que en la actualidad, 211, y el 40% de sus habitantes vivía en poblaciones entre los 10.000 y los 20.000 vecinos. Sólo dos núcleos, la capital y Ponferrada, se hallaban en el segmento entre los 10.000 y 20.000. La ciudad de León apenas sobrepasaba los 16.000 habitantes, con un 4% de los algo más de 386.000 del censo provincial.

Las difíciles condiciones de la vida del campo y sus anquilosadas estructuras tradicionales empujaron a los jornaleros a una emigración progresiva hacia las urbes, también a otras provincias en busca de una mejor vida e, incluso, a lejanos territorios de ultramar.

De manera que a principios del siglo pasado, en el padrón municipal de la capital ya aparecían un 15% de sus habitantes con la catalogación de jornalero, con tareas eventuales, temporeros agrícolas o ocupados en trabajos de la construcción. Residían en la Corredera y Santa Ana, considerados entonces los arrabales de la ciudad. Posteriormente, poblaron otros barrios como San Esteban y San Lorenzo, con índices de pobreza destacados por sus míseros salarios, la insalubridad de sus casas y la falta de servicios básicos en la ciudad como el alcantarillado.

El comercio despuntaba como motor de la economía de la capital y completaban el paisaje los bancos, pequeñas industrias y mercados. También las clases adineradas con sus cuidados vecindarios, casinos y sociedades deportivas. Oficios ahora desaparecidos completaban el hábitat, lecheras, aguaderas, lavanderas, herreros, cesteros, zapateros, tejedores...

Los comienzos de la historia del comercio en la ciudad llevan aparejados nombres indisolubles a la historia de los propios leoneses, Pallarés, Lobato, Ridruejo, Moráis, Lubén, Cañas, Los Valencianos... La industria química y farmacéutica contó ya por esta época con una incipiente actividad en la capital y fue en la década de los cuarenta cuando sentó las bases de un sector que se ha ido consolidando como un eje de la economía local con visión internacional y vocación de futuro para generaciones venideras: Abelló, Almacenes Pablos (Syva), Laboratorios Ovejero, Antibióticos... También, decepciones, tal vez la más sonada fue la frustrada instalación en León en los cincuenta de una factoría Renault, quién sabe cómo hubiera afectado al futuro de la urbe y de sus moradores...

Y otro salto, 115 años después, sitúa a la provincia y sus habitantes en plena vorágine del siglo XXI, frente a una pandemia que condiciona su vida y ha causado ya cientos de bajas y miles de infectados por el covid. Una vida desconocida empuja a León a una lucha hasta ahora inédita. En este siglo largo ha experimentado una transformación vertiginosa, en paralelo a los cambios sociales y económicos del país. En plena era digital son muchos los desafíos a los que ha de hacer frente, principalmente la despoblación, el envejecimiento y el paro. Tiene 460.415 habitantes, en una constante sangría que parece no tener límites y muy lejos ya del techo histórico alcanzado en 1965, con 600.935. Cuando nació Diario de León, los menores de 20 años ocupaban la cúspide de la pirámide poblacional, arrebatada hace tiempo por los mayores de 65 años. El envejecimiento marca la pauta de la sociedad actual, especialmente en el área rural. Y la esperanza de vida media alcanza los 83 años. El modo de vida colectivo dio paso con el correr del siglo XX al individualismo, con la revolución tecnológica pisando los talones y una transformación sin límites.

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