sábado 21/5/22
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Los sindicatos, en la presentación de la convocatoria. RAMIRO

Los promotores de la convocatoria de este miércoles insisten en la necesidad de mostrar a nivel nacional que «este no es un problema leonés, sino un conflicto leonés» y avisan de que es «el principio de un largo camino de movilizaciones que se va a recrudecer». «¿Piensan que los leoneses somos tontos del culo?», retan los sindicatos. Este miércoles será el día de la verdad. Hay muchas razones para defender el futuro de esta tierra.

Crecimiento económico

La economía leonesa crece a menor ritmo que la del conjunto del país, y agudiza una diferencia que crece a medida que pasa el tiempo, y que es cada vez más difícil de recuperar. En los últimos 20 años el Producto Interior Bruto (PIB) provincial creció un 57%, frente a la media del 73% en el conjunto del país. Una diferencia que se ha mantenido en la última década, según los datos de Contabilidad Regional: aumente el crecimiento ha sido muy modesto, afectado por la crisis financiera desde 2008, León ha seguido perdiendo porcentaje de avance en la riqueza generada. De los 6.496 millones de euros del PIB provincial de 2000 el crecimiento situó el de 2010 en 9.906, aunque deja el avance hasta 2019 en apenas 10.203 millones de euros. 

Por lo que se refiere al PIB per cápita, en León la riqueza por habitante hace que ocupe el puesto 29 entre 50 provincias. En la comparativa con la Comunidad es la cuarta con menor nivel de PIB per cápita, con 22.150 euros en 2019 (eran 13.161 en el año 2000). Sólo están por debajo Salamanca, Ávila y Zamora. Y esta riqueza por habitante está muy lejos de los más de 30.000 euros de Burgos, o los más de 28.000 de Soria y Palencia o los 27.523 de Valladolid. La Administración pública y el comercio son los sectores que generan la mayor parte del PIB provincial (la mitad entre los dos), mientras que la industria apenas aporta un 12,6%. Una estructura productiva que condiciona también el avance económico.

Demografía

Un goteo constante, una sangría poblacional de la que alertan todas las estadísticas pero sin medidas concretas que detenga la hemorragia. La provincia de León pierde población. En los últimos catorce daños se ha dejado por el camino 52.334 habitantes, según los últimos datos del padrón publicados por el Instituto Nacional de Estadística

El último padrón de la provincia refleja 447.866 habitantes. El punto de inflexión de la decadencia poblacional fue el año 2008, con la crisis económica. La provincia sumaba 506.365 habitantes empadronados en 1998, año en el que comenzó a descender progresivamente el número de empadronados hasta que en 2004 experimentó un pequeño repunte hasta el 2008 con 500.200 habitantes. Desde entonces, la caída en picado no ha podido ser compensada con los inmigrantes. Todas las provincias de Castilla y León salvo Valladolid pierden habitantes y León lidera esa caída con 107.895 menos en cincuenta años, el segundo mayor descenso absoluto de España sólo por detrás de Ourense (-136.054). 

El último informe de Funcas sobre La despoblación de la España interior sitúa a todas las provincias de Castilla y León excepto Valladolid y Burgos en el «núcleo duro» de la despoblación en España

A este descenso poblacional se suman los años. León está entre las diez ciudades más envejecidas con una media de edad que ronda los 50 años y 415 personas con 100 años y más, la cifra más alta de toda la Comunidad. 

Juventud

Primero fue la crisis financiera, y después el tropiezo económico que ha supuesto la pandemia. Han venido a agudizar una preocupante evolución que ya se producía desde hace años, y que se intensifica y es uno de los grandes lastres del futuro provincial. Sólo desde 2008 el mercado laboral leonés ha perdido a casi 36.000 jóvenes. El envejecimiento de la población es tan evidente como una falta de expectativas laborales, y por tanto de vida, que llevan a miles de jóvenes leoneses a buscar un futuro lejos de su tierra. 

La provincia tiene hoy casi 36.000 personas menores de 30 años menos que en 2007. Y la afiliación a la Seguridad Social de este colectivo se redujo a menos de la mitad entre 2007, cuando estalló la Gran Recesión, y el año pasado. Los menores de 30 años son ya menos del 23% de la población de la provincia, aunque suponen casi el 18% de los parados registrados en León. En cambio apenas suponen un 10% de los afiliados. 

La tasa de paro de estos jóvenes alcanza el 18%. Y poco más de la mitad están contratados a tiempo completo, según los datos del Servicio Público de Empleo. Que señala que de ellos el 27% son parados de larga duración (llevan más de un año buscando empleo), y un 31% no ha conseguido nunca un empleo. Otro dato para el análisis: más de la mitad de los jóvenes desarrolla su actividad en el sector servicios. La precariedad es otra de las señas de identidad de sus empleos.

Empleo

El escenario laboral leonés continúa marcado por unas tasas de actividad y de empleo que le sitúan a la cola del país. A pesar de haber mejorado algo en los últimos meses, León sigue siendo la quinta provincia con una tasa de actividad más baja, sólo por delante de Orense, Asturias, Lugo y Zamora. No llega al 52% de la población. Por lo que se refiere a la tasa de empleo, es con un 45,33% más de cinco puntos inferior a la media nacional.

En pleno proceso de recuperación tras la pandemia, en el último año han sido la construcción y la industria los sectores que más empleo han creado, aunque la terciarización de la economía local es clara, y son los servicios los que marcan el devenir del escenario laboral de la provincia. Con los problemas que se han evidenciado durante las restricciones del covid. Según los datos del Sepe, tres de cada cinco empleos creados a lo largo del año pasado lo fueron en hostelería y comercio, a pesar de ser dos de los sectores más afectados por las restricciones. 

 

Con una mirada más a largo plazo, la evolución laboral de la provincia desde el inicio de la crisis financiera evidencia una situación preocupante. Desde 2007 el número de activos en la provincia se ha reducido en 11.300, hasta los 204.200 (con una población total de 392.800 personas, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa). 

Se ha reducido sensiblemente el número de varones activos, en 17.900, hasta los 105.000; mientras que el colectivo de mujeres en disposición de trabajar se ha incrementado hasta las 99.200, son 6.500 más.

La cifra de ocupados, de leoneses que efectivamente tienen un trabajo, se ha reducido en 19.700 personas, hasta los 178.100. De nuevo han bajado sobre todo entre el colectivo masculino, que ha pasado de 116.000 a 92.300; mientras que entre las mujeres han pasado de 81.700 a 85.700.

El volumen de parados es, a pesar de la recuperación de los últimos meses, de 26.100 personas (los registrados en la EPA), frente a los 17.800 que había antes de que estallase la crisis económica en 2008. Un dato significativo: entonces buscaban su primer empleo 1.900 personas, mientras que en la actualidad son 4.500 los leoneses que se encuentran en esta situación.

Sanidad

La falta de manos enfermeras y médicas es tan evidente que ambos colectivos reclaman un plan urgente de recursos humanos que tenga en cuenta la avalancha de jubilaciones que se le viene encima a la provincia al superar los 55 años el 70% de la plantilla y los 60 años, el 40%. Un millar de profesionales de ambos colectivos, que en los centros de salud significa la retirada de 150 facultativos de cabecera con una tasa de reposición negativa que pone en peligro la sostenibilidad del sistema.

Es más, León se enfrenta a un desierto de especialistas del que ya advirtió hace tres años el Colegio de Médicos. Sacyl ha intentado paliar ese déficit acuciante de personal al desbloquear todos los procesos selectivos para fidelizar a un millar de sanitarios en León. Resolvió las oposiciones de 2017, 2018 y 2019, actualizó la bolsa de fisioterapeutas parada desde 2013 y agilizó la consecución de la carrera profesional con 25 millones.

 

Incluso tiró de imaginación y abrió el melón de las redes sociales en un intento de enganchar a facultativos jóvenes interesados en sumarse a los centros de salud y a los hospitales, pero se encuentra con la realidad de las zonas de difícil cobertura como el Bierzo, Laciana y algunos puntos de la montaña, donde los profesionales rehuyen ir como acredita la reciente ausencia de peticiones de Médicos Internos Residentes para seguir su formación o las cinco convocatorias desiertas de facultativos que no quisieron ocupar sus plazas en Ponferrada y área de influencia e incluso prefirieron seguir como interinos en otros puntos.

Enfermería también denuncia que las peores retribuciones y la escasa duración de los contratos favorece la fuga del talento sanitario fuera de la provincia. Las listas de espera, con más de 10.000 leoneses aguardando una media de 142 días por una operación requiere un plan de choque con incentivos que ayude a aligerar esas demoras.

De hecho, el covid arrinconó la atención a otras patologías y muchas de ellas se han agravado. Los ambulatorios han pisado el acelerador para citar a todos aquellos pacientes con dolencias crónicas que se vieron afectados cuando la atención fue solo telefónica o tuvieron miedo de acudir a los centros y contagiarse y retrasaron su vista al médico de cabecera.

Mundo rural

El mundo rural acapara la atención durante los períodos electorales, y el último vivido en León con las elecciones autonómicas no ha sido distinto. Pero la realidad es tozuda. A la emigración y el envejecimiento se viene sumando cada vez con más fuerza un adelgazamiento de los servicios básicos (además de una brecha tecnológica que parece imposible de vencer) que desincentiva la vida en el campo.

El sector primario sufre una alarmante falta de relevo generacional, que se ve abonada también con el olvido en el que las administraciones dejan actividades básicas, como la ganadería extensiva en las zonas muy desfavorecidas de la montaña. Tampoco se aprovecha convenientemente el potencial de una industria agroalimentaria aún insuficiente, incapaz por tanto de explotar el potencial de la producción agrícola local. 

La sanidad es uno de los grandes (y creciente) déficit del mundo rural. La reestructuración sanitaria de 2014 todavía pesa en la provincia, cuando se destinó a profesionales a las ciudades y se les retiró de las zonas rurales, lo que dejó a las localidades más pequeñas sin asistencia. La falta de médicos y enfermeros, la dispersión y la orografía suman presión a un mal planteamiento que provoca que en decenas de pueblos se lleve sin pasar consulta durante mucho tiempo.

Por otra parte, las escuelas que se nutrían antes de niños en los pueblos han tenido que unirse en Centros Rurales Agrupados en localidades más grandes, concentrando la educación y dejando a las pedanías sin un servicio fundamental para fijar población.

Información elaborada por Álvaro Caballero, María Jesús Muñiz, Pilar Infiesta, Abigail Calvo y Carmen Tapia.

Una movilización por el futuro de León en siete argumentos