viernes 3/12/21
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«Fue una pesadilla». No encuentran otra manera de describirlo. Los familiares de Carmen González tratan todavía de asimilar lo que sucedió.

«Primero nos prohibieron ir. Sin previo aviso. Un día nos dijeron que no podíamos entrar. Ya no la vimos más. Luego empezó el jaleo de las contradicciones. Nada de lo que nos contaban encajaba. Unos días era una cosa y otros, la contraria. Y por último, la tortura de que no nos cogieran ni el teléfono. Tenían que trabajar, decían, no estaban para atender a la familia».

El día que lograron contactar con ella, tosía. «Estaba muy cansada, nos dijo. Le dolía el pecho y le costaba respirar. Pedimos que la viera un médico, rogamos que la subieran al hospital, estábamos desesperados», cuentan.

En la residencia en la que estaba ingresada, en cambio, les dijeron que todo estaba bien, que no le pasaba nada, sólo que estaba cansada. Y que no tenía fiebre. «Ahora está muerta», apostillan.

Carmen fue derivada al hospital. Lo saben porque recibieron la llamada de un médico para informar del estado de salud de la paciente. Tenía covid. Técnicamente, «síntomas compatibles con el covid». Nunca le hicieron la pcr.

«Volvió a la residencia. No supimos por qué. Ni en qué estado estaba. No hemos visto ni un solo parte médico. No tiene prueba de pcr ni autopsia. No pudimos velar su cadáver. Ni ir al entierro. En realidad, no hubo. Nos devolvieron una urna con las cenizas y una especie de pastilla con un número que identifica que ella es la persona muerta».

No han denunciado. No quieren fotos. Ni decir el nombre de la residencia. Tienen miedo de una denuncia. «Ya ves, nosotros que somos las víctimas parecemos los delincuentes».

«Nos dijeron que no le pasaba nada, que todo iba bien. Está muerta»
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