Diario de León

Carmen Escobar | Erasmus

«Pude salir de Italia por los pelos, pero ya estoy en casa»

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Carmen Escobar, estudiante de Derecho, se encontraba en Roma con una beca Erasmus cuando comenzó a gestarse la crisis del coronavirus. Hace unos días que ya está en casa: «Pude salir de Italia por los pelos, menos mal, ya estoy en León», declara esta joven veinteañera, mientras explica que ella y sus compañeros tuvieron problemas con el consulado, porque nadie «les explicó nada. Había muchos españoles y las líneas estaban saturadas constantemente. Nos tuvimos que organizar nosotros». De hecho, tras escribir un correo electrónico y no tener respuesta, decidió contratar un vuelo y tuvo que regresar a España haciendo escala en Londres y, cuando ya estaba haciendo el cambio de avión, recibió la respuesta del consulado. Antes de conseguir el vuelo que definitivamente la trajo de regreso a España, le cancelaron tres billetes porque todo coincidió con el cierre de las fronteras italianas. «Cuando me di cuenta de qué estaba pasando empecé a comprar vuelos y a las tres horas los cancelaban. Yo sólo quería llegar a España y estar con mis padres», declara ya la joven desde su casa leonesa, para añadir que aunque tenían poca información, varios compañeros decidieron reunirse en una casa para ver qué podían hacer. Finalmente ella regresó a España vía Londres y aterrizando en Zaragoza en compañía de otra estudiante de Burgos, «pero cada uno de mis amigos tuvo que tomar rutas distintas para llegar a sus casas». Recuerda que, además, dentro de la propia Italia, algunos de sus compañeros que habían viajado a Sicilia no podían ni si quiera regresar a Roma.

«En Roma la gente está muy tranquila. Si no me cancelan el Erasmus yo voy a volver, de hecho he dejado todas mis cosas allí», comenta para explicar que su vuelo salía a las 6.00 horas, pero para no tener que ir sola de madrugada por las calles de la capital italiana fue al aeropuerto por la noche. «La policía nos echó, estábamos todos esperando un vuelo, había gente mayor, familias con niños y nos dejaron en la calle desde la medianoche hasta las cuatro de la madrugada cuando nos dejaron volver a entrar. Decían que era para evitar aglomeraciones, pero hacía mucho frío y los niños y los bebés lloraban», relata.

Carmen cuenta cómo evolucionó todo en Roma. Asegura que al principio todo estaba abierto y que incluso les dejaban ir a las cafeterías a coger cafés, aunque sólo podía ser para llevar y entrando como mucho dos personas al establecimiento. Después comenzó la vigilancia de la policía, que con un megáfono iba reclamando a los italianos que permanecieran en sus casas y no salieran a la calle salvo para cuestiones básicas, como salir a hacer la compra. Después, «la gente entró en pánico» y comenzaron las colas en los supermercados. Carmen comenta cómo vio, cuando iba camino del aeropuerto ya por la noche, gente haciendo colas en las tiendas a las que sólo podían acceder de tres en tres para comprar.

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