domingo 29/11/20
La lucha contra el virus en primera persona

La resiliencia de un minero de Santa Cruz

El mismo día que, hace ocho años, entró en la mina para no salir en 52 noches, Segundo Porto recibe el alta tras 59 días de ingreso en el Hospital El Bierzo y haberle ganardo la batalla al Covid-19
Tras dos meses de ingreso hospitalario, Segundo Porto recibirá hoy el alta. DL
Tras dos meses de ingreso hospitalario, Segundo Porto recibirá hoy el alta. DL

Cuando Segundo Porto y otros siete mineros abandonaron el Pozo Santa Cruz el 12 de julio de 2012, después de 52 días de encierro para luchar por el futuro del sector, su mujer Ana lo recibió con un abrazo y la siguiente frase: «Han demostrado ser unos luchadores». Hoy mismo, cuando la casualidad ha querido que se cumplan ocho años del primer día de aquel último encierro minero, Segundo Porto recibirá el alta después de haber pasado los últimos 59 días de su vida ingresado en el Hospital El Bierzo. A sus 48 años ha conseguido ganar la batalla al coronavirus y la lucha no ha sido fácil. Con una silicosis de primer grado y bronquitis crónica, las expectativas llegaron a ser poco esperanzadoras, pero ha vuelto ha demostrar que tiene sangre de minero.

El pasado 24 de marzo, Segundo ingresó por primera vez en un hospital. Salvo una operación de menisco que se resolvió en 24 horas, nunca antes había estado hospitalizado. «Me estrené bien», ironizaba ayer, con la voz fuerte y el ánimo ya recuperado, aunque peleando todavía contra los estragos que ha dejado en su cuerpo un mes entero en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). «Estoy limpio de virus, pero he pasado mucho tiempo inmovilizado y tengo problemas de movilidad en las manos, sobre todo en la izquierda», explica.

Él no es consciente de lo que realmente ha pasado. «Sé que he estado muy fastidiado, con un pie en el otro lado, pero la verdad es que yo prácticamente no me he enterado de nada porque he estado sedado. Casi lo ha pasado peor mi familia, que ha vivido cada uno de mis retrocesos», aseguró. Y así es. Han pasado un auténtico calvario porque Segundo mejoraba y volvía a empeorar y cada crisis era más dura. De la última pensaron que no salía, pero salió y hoy recibirá el alta y volverá a casa. Todavía le queda camino que andar y necesitará seguir con la rehabilitación que ya ha iniciado en el hospital para recuperar la movilidad perdida, pero lo hará con su familia, a la que en el tiempo que lleva despierto y extubado solo ha podido ver a través de videollamadas.

Su primer ingreso
Nunca antes había estado hospitalizado más que 24 horas por un menisco: «Me estrené bien», ironiza

«Con mi mujer y mis hijos hablo tres o cuatro veces al día, y una o dos veces con mis hermanos. Eso es lo que está valiendo para distraerme y llevar mejor el ingreso, porque encima me ha tocado una habitación que da a un patio, ni siquiera puedo ver la calle», explicó con la voz algo quebrada cuando menciona a su familia. Su único deseo ahora mismo es abrazarlos y más allá de eso «vivir la vida, disfrutar todo lo que pueda de ella».

La herencia de la mina
Tiene primer grado de silicosis y bronquitis crónica, malos amigos en la lucha contra el virus

Segundo ingresó en el Hospital El Bierzo el 24 de marzo. Llevaba varios días encontrándose mal y todo empezó después de ir a la farmacia. «Lo achaco a eso porque yo me encontraba perfectamente, fui a comprar unas medicinas y ese mismo día empecé a tener tos y fiebre. Después, perdí el gusto», recuerda. Esto fue un viernes y ya el domingo notó que la cosa iba a peor. «El lunes tenía los pies como el hielo y muchos escalofríos así que fue al médico y el martes ya ingresé en el hospital». Ya allí empezaron los problemas respiratorios. «Me quedaba sin aire, no podía respirar», dice. Y así a peor hasta que tuvo que ser trasladado a la UCI. Allí era el más joven.

Ahora, todo eso es un mal sueño, una pesadilla que se convirtió «en la peor experiencia de mi vida» pero que ya queda atrás. Hoy vuelve a empezar y no tardará mucho en regresar a Santa Cruz del Sil, porque allí no solo trabajó y estuvo encerrado más de 50 días en las entrañas de la mina; allí nació y allí respira aire puro, el mismo que le ha faltado durante los últimos dos meses en los que «o he estado dormido o mirando a una pared».

Segundo Porto tiene la resiliencia de un minero pero ni él ni nadie es inmortal. Por eso, desde su propia experiencia pide a la gente mesura y responsabilidad porque el virus sigue ahí aunque no se vea y aunque no toque de cerca. «Yo mismo pensaba que era un cachondeo, no me lo tomé en serio hasta que me tocó vivirlo y cuando lo vives te cambia la perspectiva de todo. Hay que tomar todas las medidas de seguridad posible y tener mucho cuidado», recomienda un hombre que ha vuelto a nacer.

La resiliencia de un minero de Santa Cruz
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