lunes 24/1/22
Eduardo González, en el centro, entregó la camiseta de los encerrados en Tremor de Arriba.

Una bronquitis le sacó del pozo después de 18 días de encierro. Pero ayer sirvió de puente entre sus siete compañeros que siguen encerrados en la mina de Santa Cruz y los 24 mineros que comenzaron a caminar a Madrid desde Bembibre. Eduardo González, con dos encierros a sus espaldas —el primero de 16 días en 1999 en Malabá— se dejó ver en Tremor de Arriba, final de la primera etapa de la marcha que partió de la capital del Bierzo Alto. Y lo hizo con una camiseta de apoyo entre mineros: «Los ocho de Santa Cruz también están aquí», ponía el mensaje.

«Es muy importante que se sepa», decía Eduardo, más recuperado en lo físico, pero con la cabeza en el interior de la mina. «Hasta que esa gente no salga de allí abajo, no dormiré».

El gesto, como insistía el minero de Santa Cruz, fue importante en un día en que el foco de atención no estaba en el pozo, donde los siete encerrados inician hoy su trigésimo cuarto día a 700 metros de profundidad, si no en la carretera. Y como los ánimos se retroalimentan, una de las mayores preocupaciones de Eduardo González era ayer que sus siete compañeros vean hoy en la prensa del día que su mensaje llegó a la Marcha Negra.

«Vamos a volver»

El minero no se atrevía a responder a la pregunta de si el encierro es peor que la carretera. «Yo tengo lo mío, pero hay que seguir luchando». Y se mostraba optimista sobre el resultado de las protestas, del encierro, de las marchas, de las quejas. «Estoy más recuperado, pero estaré mejor cuando empiece a trabajar, porque tengo claro que a la mina vamos a volver».

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