lunes 16/5/22
gente que vale un riñón | Donantes de vida en vida

Trasplantes de amor

Media docena de leoneses viven con un riñón donado por familiares o seres queridos en vida, programa que prevé alcanzar el 15% de los trasplantes renales en Castilla y León.

El 21 de enero de 2013 Tania Fernández Álvarez cambió la vida de su madre, Antonia Álvarez Álvarez, de 52 años y vecina de Armellada. La hija entró tranquilamente en el quirófano, sin pensar en nada, completamente sana y con dos riñones. Salió sonriendo y con un solo riñón, como estaba previsto. «Me emocioné. Toda la familia estaba allí», recuerda.

Tania y Antonia son la primera pareja leonesa que participa en el programa de trasplante de riñón con donante vivo. El Complejo Asistencial de Salamanca ha hecho diez trasplantes de este tipo desde el año 2012. El último, realizado el 15 de abril, también fue para una de las cuatro parejas leonesas que han entrado en estudio.

El trasplante de donante vivo supone el 10% de los trasplantes en el primer año de experiencia en la Comunidad y se aspira a conseguir durante el 2013 el 15%, indica Víctor Sagredo, coordinador de trasplantes de Salamanca. «La extracción del riñón se realiza por vía laparoscópica, lo que hace que técnicamente sea más complejo y se tarda más tiempo», explica.

Tres meses después Tania ha comprobado, nunca lo dudó, que «se vive igual con un riñón y puedo ser madre igual que con los dos», tal y como le aseguraron en el estudio ginecológico. A Antonia le basta la mirada y la sonrisa, le sobran las palabras: «Es una maravilla como me encuentro. Antes me cansaba mucho y no podía hacer nada; ahora estoy mucho mejor y todo el mundo me dice que me ha cambiado la cara».

«No soy una heroína»

No ha sido un camino de rosas. Antonia cumplió los tres meses del trasplante en el Hospital de León. Acababa de regresar de una revisión en Salamanca. «Todo estaba bien y por la noche se puso mala. Fuimos al hospital y era una infección, pero en uno de sus riñones», cuentan sus hijas Tania y Patricia.

El primer obstáculo lo superó a las pocas horas del trasplante. «Se me paró el intestino, fue unrechazó, y estuvieron a punto de meterme otra vez en el quirófano, pero afortunadamente volvió a funcionar», cuenta. En Salamanca, a Tania «la llaman la heroína», dice Antonia mirando a su hija con admiración. Es el único caso, de los diez trasplantes de riñón de donante vivo, en el que una hija salva a su madre. «La mayoría son de padres y madres a hijos e hijas y entre hermanos y hermanas», matiza la mujer.

«Ni soy una heroína ni me creo mejor persona que otras. Estoy orgullosa de lo que he hecho, eso sí», afirma Tania. Media docena de personas viven en León con un riñón donado en vida por sus familiares y seres queridos en diferentes hospitales españoles.

Sin lista de espera

Más de 50 leoneses esperan la donación de un riñón anónimo. No saben por cuanto tiempo. Uno, dos años... «Hay menos accidentes de tráfico y por tanto menos donaciones de gente joven», explica Víctor Sagredo, coordinador de trasplantes de Salamanca.

Antonia fue diagnosticada de insuficiencia renal avanzada en el año 2002. La causa: infecciones de orina. Durante diez años vivió sometida a una dieta estricta y con las fuerzas menguadas por un cansancio invencible. Entre agosto del 2012 y el 20 de enero del 2013, soportó, «con mucho miedo», la diálisis. «Me bajaba la tensión y lo pasaba muy mal», cuenta.

Sus hijas, las dos que tiene, se enteraron por la televisión de la posibilidad de convertirse en donantes. «Íbamos a la consulta y andábamos detrás de los médicos para que nos metieran en un programa de donante vivo. Mi madre se negaba», cuenta Patricia Pérez Álvarez, la hermana mayor.

Ella fue la primera en hacerse las pruebas. Después de un año largo fue descartada. «Los médicos dijeron que no estaban dispuestos a arriesgar mi vida. Se lo conté por teléfono a mi hermana y en ese mismo instante me dijo que sería ella», recuerda. No querían que su madre entrara en diálisis, pero no hubo otro remedio. «Me pusieron un catéter e iba a Astorga, pero la diálisis me daba mucho miedo», cuenta Antonia.

Tania pasó otro año de pruebas médicas físicas y, superadas éstas, psicológicas. El 20 de enero formalizó la donación ante un juzgado de primera instancia de Salamanca tras pasar por las consultas de nefrología, ginecología, cardiología y neumología, por un psicólogo y por el comité de ética del Complejo Asistencial de Salamanca.

«Sin pensarlo»

«Se tiraron de cabeza sin pensarlo, sin saber lo que venía encima», cuenta Antonia. Su decisión era firme. «Yo no quería que ellas pasaran por el quirófano y se quedaran sin un riñón», dice. Su cuerpo lleva tres riñones, pero sólo uno es útil. «Me da miedo perderlo después de que ella se ha quedado sin él», confiesa. Tania tiene claro que ese riñón ya no es suyo. Es de Antonia.

Estuvo ingresada en el hospital salmantino más días de lo previsto porque «perdí mucha sangre y tuve anemia», cuenta. Pese a todo, a las tres semanas se incorporó al trabajo de teleoperadora en Telemark. «No me pusieron ninguna pega», al contrario, comenta la hermana: «Le dijeron que lo que hacía la definía como persona».

¡Qué ricas las naranjas!

Madre e hija niegan sentirse más unidas desde la doble operación. «Siempre hemos estado las tres muy unidas», dice Antonia mirando a sus dos hijas. Patricia cree que sí, que «están más pendientes la una de la otra» y Tania asegura que, ya antes, «sabía si mi madre estaba mal sólo con oírla la voz».

Mientras se come un hojaldre, Antonia alaba el trato recibido en el hospital: «Los médicos son fabulosos». Y recuerda que su mayor placer lo disfrutó «el día que me dieron naranjas» y al salir del hospital: «Pedí un café con leche». La dieta de la insuficiencia renal sólo admite dos frutas: peras y manzanas. Con la insuficiencia renal todo son prohibiciones. Aún tiene que estar atenta al potasio. Pero la vida de Antonia «es otra cosa». Gracias a la ciencia y al amor.

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