viernes. 03.02.2023
Miles de niños leoneses salen a la calle para recibir a sus majestades de Oriente en una típica tarde invernal de León

Tres Reyes que se hicieron Magos

La locomotora de vapor Mikado acercó a los astrónomos a la capital leonesa para repartir sus regalos
Si Daniel se hubiese sentado bien a la mesa para comer y no le hubiera hecho pucheros a los garbanzos; si en vez de pelarse con su hermano le hubiera dejado el Lucho; si no hubiera roto los zapatos por dar patadas a las piedras en el parque como si fuera Ronaldinho...; quizá no tendría el cosquilleo en el estómago cuando se acerca la locomotora de vapor Mikado, en cuya cola viajan los tres Reyes Magos, nadie sabe con qué regalos ni con cuántos paquetes. Pero ahora que ya han pisado la estación, no hay marcha atrás. Rubio, rizoso, con cara de beberse la mistela de las vinajeras, abre los ojos ante el paso de Melchor -dispuesto y con talante-, lanza una mano para tocar a Gaspar -al que diciembre no le ha tratado a su gusto- y guiña un ojo a Baltasar -que por la derecha dice Pepe en vez de Jozé . En la calle, esperan miles de críos como él, a los que nadie es capaz de meter el frío en el cuerpo, ni siquiera la neblina, esa que cura la cecina de la montaña. La tarde es leonesa, y nadie lo niega, cuando empieza a discurrir el cortejo: primero la representación de astrónomos que homenajean la profesión de sus majestades; luego los grupos folclóricos, con herreros, molineros y cardadores de lana; seguidamente el portal de belén... Y los tres reyes que se hicieron magos. Los caballos de Melchor -que representa a Europa y por eso lleva música clásica- no sorprenden demasiado al pequeño Daniel; tampoco los camellos de Gaspar, que se mueven al ritmo de las caderas moras; pero cuando asoma la trompa del elefante de Baltasar da un paso atrás y prefiere no moverse demasiado, que ya ha aprendido en el patio del colegio que con los mayores no debe meterse. Pero inmediatamente vuelve a la caza de los caramelos, que amenazan con reventar los bolsos del abrigo marrón y blanco, con una raya roja horizontal, en el que esconde después las manos para que no se le congelen. Se han subido los Reyes Magos al templete de la plaza de San Marcelo para saludar a los niños. Con el ruido, no oye nada acerca de la game boy que ha pedido, ni del perro... Y es que, si Daniel no hubiera roto los zapatos, quizá dormiría sin soñar que hoy estarán llenos de carbón.

Tres Reyes que se hicieron Magos
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