miércoles. 17.08.2022
Los restos fósiles que se conservarían desde la pequeña edad del hielo (XIV-XIX) en la cara norte de Peña Santa se consumen tras el derretimiento de los neveros que los protegían

La última reliquia glaciar de León entra en fase terminal

La fusión de unos cien metros de nieve en el Jou Santo desde 1906
El nevero de la Forcadona ha bajado unos dos metros de espesor desde hace diez años
El nevero de la Forcadona ha bajado unos dos metros de espesor desde hace diez años
El derretimiento de los neveros de la vertiente norte de Peña Santa, territorio de Valdeón, ha dejado desprotegido el que probablemente sea último residuo glaciar de León, el Jou Santo, heredado de la pequeña edad de hielo que abarcó desde el siglo XIV hasta medidados del XIX, según las opiniones recabadas entre algunos de los expertos que han estudiado el glaciarismo en Picos de Europa. Con la gradual desaparición de la neviza -nieve de unos dos años- y la intensidad del calor de los últimos veranos el espesor de los restos glaciares ha bajado unos cien metros desde las ascensiones realizadas a principios del siglo XX por Saint-Saud, Henry Russel y Fontan de Negrín. Los niveles medios algorítmicos utilizados por Julián Morante, guía de la expedición que ascendió a Peña Santa (2.596 metros de altitud) para el reportaje, establecen este cálculo tomando como referencia el centro del reducto glaciar más bajo. Durante la última glaciación, este punto fue el núcleo del casquete más grande de los tres macizos de Picos y miles de años antes, durante la etapa de máxima expansión de los hielos, albergaba un espesor estimado de 300 metros y ocupaba una extensión de 50 kilómetros cuadrados. Lenguas controvertidas Pero hoy sólo son pequeñas lenguas de hielo cubiertas por un fino manto de nieve invadido por un tipo de microalga que le da un tono rojizo. El devastador impacto del calentamiento global sobre el Jou Santo se evidencia con la aparición de la chchlamydomonas nivalis , que se suele dar en áreas nevadas durante los finales de verano extraordinariamente cálidos. Además, se teme que el derretimiento se traslade a las simas que recogen las aguas del entorno de Peña Santa, donde existen varias columnas de hielo fósil, que en algún caso pueden superar los 80 metros de longitud. Sin alcanzar la categoría de glaciar, ni siquiera de helero, el Jou Santo y su entorno han despertado mucho interés científico. No tanto los vestigios funerarios neolíticos que demuestran la presencia del hombre primitivo en esta zona y que, probablemente, habrían sido arrastrados por los últimos glaciares desde la pradera de Vegabaño. La geóloga de la Universidad de Oviedo Victoria Alonso, autora de diversos estudios que defienden la presencia de hielo glaciar en Picos de Europa, publicó en el Journal of Glaciology junto a González Suárez un informe que evaluaba los circos de la cara norte de Peña Santa como el lugar del macizo occidental más favorable para la conservación de heleros. El mayor de los neveros de esta vertiente es la Forcadona, situado al norte de la horcada que separa Torre del Torco (2.451 metros) de Peña Santa. En la fecha de su estudio (1994) observaron entre los 2.210 y los 2.290 metros de altitud hielo cubierto por neviza y reducido a tres unidades menores. Las dos inferiores, más extensas (60 x 30 aproximadamente) se encontraban separadas en superficie y enmarcadas por una banda de derrubios, que podrían ocultar los límites reales de la masa de hielo. La unidad superior, encajada en la pequeña depresión que se encuentra por debajo de la horcada, es la que permitió mejor observación de hielo estratificado, con un espesor que llegaba a superar en aquel momento los cinco metros en la rimaya. Por debajo de la cumbre de Peña Santa, ocupando un pequeño circo colgado situado en la parte central de su cara norte, existe otra masa de hielo alargada (80 x 20 metros) con un espesor superior a cinco metros. Doce años después La descripción de los residuos glaciares es doce años después muy parecida, aunque los cinco metros de hielo de la Forcadona no alcanzan hoy una altitud de tres metros y el último reducto que citan los autores apenas es apreciable en la actualidad. Las futuras variaciones climáticas serán decisivas para la conservación de los residuos glaciares de Picos, caso del Jou Santo (Hoyo Santo), de quien los autores subrayan su vulnerabilidad frente al calentamiento global. El mismo temor se traslada al Jou Negro, en la vertiente asturiana, donde se conserva el último helero glaciar de Picos, catalogado como tal. Victoria Alonso recordó que el hielo de la primera explosión glaciar se derritió en Picos de Europa hace miles de años y que los restos que se conservan en la actualidad podrían corresponder a la pequeña edad de hielo. Precisó que para hablar de este asunto con certeza absoluta sería necesario datar los restos glaciares con isótopos, algo inalcanzable por el momento. Nemesio Heredia, director del Instituto Geológico y Minero en León y autor de investigaciones en la Antártida, es de la misma opinión. No tiene la más mínima duda de que «los fragmentos [de Peña Santa] son del último gran avance glaciar» y que «el hielo fósil también se puede encontrar en profundidad, como demuestra la existencia de simas» con material fosilizado en esta zona desde la Edad Media. Helecho boreal Entre las evidencias que sostienen estas teorías se encuentra la reciente identificación de un helecho boreoalpino por parte del equipo del Jardín Botánico de Gijón, nombre que recibe precisamente por propagarse en zonas boreales y alpinas. Se trata de la localización de una nueva población de esta especie, de la que han sido catalogadas otras dos áreas en la Cordillera Cantábrica, una de ellas en Teverga (Somiedo). «Es un relicto del glaciarismo, pero hay otros muchos ejemplares de plantas de alta montaña, algunos de ellos endémicos de Picos de Europa». El debate científico para clasificar los restos de glaciares existentes en España es cada vez mayor. Carlos Martí, director del Instituto Pirenaico de Ecología, vinculado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, admite que «sólo en zonas pequeñas y muy protegidas» de Picos de Europa puedan conservarse restos glaciares, siempre por debajo del nivel de las nieves perpetuas. El científico explicó que cuando el hielo glaciar se convierte en un neverón, como parece que ocurre en la falda de Peña Santa, «se está dando el primer paso para la muerte de un glaciar». «Dejando a parte el cambio climático, los glaciares de la Cordillera Cantábrica se funden y es una utopía pensar lo contrario». «El último vestigio del glaciarismo» o la «última reliquia». Así se refiere el catedrático de Zoología de la Universidad de León, Francisco Purroy, al hielo que se conserva en el Jou Santo y en algunas simas del entorno. Desde su óptica, el galopante retroceso de estas pequeñas masas resulta inevitable con el cambio climático. Años sin sol El glaciarismo antiguo se inició hace 60.000 años y duró unos 40.000. Se ha comprobado que hubo varios periodos de avance y retroceso de los glaciares. El último, a partir del siglo XIV, cuando se inició un periodo ffrío que abarcó hasta mediados del siglo XIX. Entre esos años, el Ebro se congeló siete veces como consecuencia de años enteros sin una sola mancha de luz solar. Ni siquiera hielo fósil La tesis menos esperanzadora la aplica el geógrafo de la Universidad de Oviedo Juan Carlos Castañón, autor de diversos estudios sobre Picos de Europa. Asegura con rotundidad que en el Jou Santo no queda hielo fósil y que tan sólo se puede hablar de un nevero. «Puede que sea permafrost (capa de hielo congelada permanente en superficies frías), y eso no implica la existencia de glaciares». Entiende que hay «argumentos forzadísimos» para justificar «el empeño de que haya un glaciar por cada pueblo, como si fuera una distinción». «En 1994 observamos en Peña Santa hielo cubierto por neviza a una altitud de 2.210 metros» VICTORIA ALONSO Geóloga de la Universidad de Oviedo «No hay duda de que los fragmentos corresponden al último avance glaciar y que hay hielo profundo» NEMESIO HEREDIA Director del Instituto Geológico «Puede que sea permafrost, pero eso no implica la existencia de glaciares en Jou Santo» JUAN CARLOS CASTAÑÓN Geógrafo de la Universidad de Oviedo «Tomando como referencia las fotografías de Saint-Saud, el espesor de nieve en Jou Santo ha bajado cien metros» JULIÁN MORANTE, guía de alta montaña en Picos de Europa

La última reliquia glaciar de León entra en fase terminal
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