martes 24/11/20

Un error de 1.500 millones

La Variante de Pajares acumula un retraso de cuatro años y un sobrecoste multimillonario y ha generado un problema ambiental en la vertiente leonesa, de donde sale agua equivalente a cuatro piscinas olímpicas al día.

Cuatro años de retraso, casi 1.500 millones de euros de sobrecoste sobre el presupuesto inicial y un desbordante pero previsible problema de filtraciones que ha acartonado los acuíferos de la alta montaña leonesa, de los que desaparece diariamente una cantidad de agua equivalente a la capacidad de tres piscinas olímpicas. «No se puede decir que lo hayan hecho bien, no», espeta un vecino de Rodiezmo.

Lo cierto es que la Variante de Pajares —son dos túneles de casi 25 kilómetros que atraviesan el puerto entre La Pola y Campomanes construidos para el paso de la alta velocidad ferroviaria— acumula una cadena de desaciertos que ya la han convertido en un obra civil de récord, y no sólo por kilométrica. De partida, la previsión de gasto por parte del Ministerio de Fomento se sitúa en los 3.200 millones de euros, un 70% más de los 1.858 millones en que fue presupuestada por primera vez por el Gobierno de Aznar, promotor del proyecto. El sucesivo Ejecutivo socialista revisó el proyecto y lo presupuestó durante la primera legislatura en 2.046 millones; en la segunda, en el año 2011, el valor de la obra ya se estimaba en 3.006 millones. Hoy, las fuentes consultadas elevan sustancialmente esa cifra, a la que habrá que añadir los gastos de liquidación durante varios ejercicios, por lo que el coste definitivo rondará, sin nuevos imprevistos, los 3.500 millones de euros (casi 600.000 millones de pesetas). Como referencia, en las obras del AVE entre Madrid y Barcelona, que acaban de ser fiscalizadas por el Tribunal de Cuentas, el sobrecoste acumulado fue del 31%.

El coste de estas obras, al margen del problema de fiscalización que han generado, se proyecta claramente en los pueblos de la vertiente leonesa. Rodiezmo, Casares, Beberino, Buiza y Villadangos de Arbas son los núcleos más afectados. Acuíferos y arroyos que han conocido los más viejos del lugar han desaparecido por completo. En los manantiales de los que se abastecían las poblaciones sólo hay musgo y decenas de arroyuelos que regaban laderas enteras de praderas están hoy secos. Los pueblos han tenido que bajar las captaciones unos 200 metros de altitud y servirse de agua canalizada desde lugares remotos.

Algo así ha ocurrido con la fuente de San Antón, que históricamente ha llevado el agua a Rodiezmo. El paisaje es descorazonador. El único resto del manantial de agua pura que daba vida a un pequeño río truchero es un cauce reseco cubierto de maleza. Esta dramática pérdida ya asumida por los pueblos se ha producido en fuentes situadas todas ellas por encima de los mil metros de altitud, como constata el altímetro del vecino que dirige por un largo recorrido de pozos y mantantiales extenuados. «Éramos famosos en aguas...», evoca con cierta nostalgia este hombre que prefiere no identificarse.

Se sabía en 1998

Una somera revisión del estudio de impacto ambiental de la variante desvela que ya en 1998 se pronosticaba que la construcción de los túneles, lo movimientos de tierras, la circulación de maquinaria pesada y la creación de los caminos de servicio y de otras estructuras secundarias produciría problemas en la calidad y cantidad de las aguas de estos pueblos, aunque caracterizó el impacto de «moderado».

Del mismo modo, el problema sobrevenido de las filtraciones también era conocido por Adif, contratista de las obras. Un informe elaborado por los directores ambientales de obra advierte que la construcción de los túneles en la vertiente leonesa generaría abundantes afluencias de agua con una enorme carga de sólidos, como está ocurriendo en la actualidad. Fuentes de la obra indicaron que los deslizamientos del terreno son mucho mayores de los inicialmente previstos y contener la ladera necesitará más tiempo y dinero.

Respecto al agua, es un asunto irreversible. Según una fuente enrolada en las obras, las filtraciones detectadas en los interiores de los túneles derivan desde los acuíferos de León hacia la vertiente asturiana 400 metros cúbicos de agua cada hora, lo que suma 9.600 metros cúbicos al día. Una piscina olímpica (50 metros x 25) tiene una capacidad de 2.500 metros cúbicos, por lo que, diariamente, se podrían llenar casi cuatro piscinas de este tamaño. La misma fuente asegura que se ha propuesto bombear el agua para retornarla a León, pero resulta «absolutamente inviable» económicamente.

Un error de 1.500 millones