domingo 16/1/22
la otra cara de las cuencas

Un filón a cielo abierto

El Bierzo captó el 26% de los fondos para proyectos empresariales del Miner en León, pero el aprovechamiento turístico está lastrado en la cuenca Fabero-Sil.

«Santa Bárbara con aires mineros», reza el cartel de las fiestas patronales de Matarrosa del Sil. Y no le falta la razón. De la mina queda el aire y lo que al libre queda. La mina corre por las venas de esta tierra, que exhala polvo negro y barro negro, aunque el carbón sólo se intuye, bajo los toldos, en el intenso tráfico de camiones que discurre por la Ponferrada-Villablino en un día laborable de lluvia y nieve.

Ya no se pica carbón en Santa Cruz del Sil, el pozo que fue el centro del mundo hace apenas medio año y que ahora está cerrado y ya nadie . No a cal y canto. En el pozo, en el primer pozo que Victorino Alonso compró en el Bierzo a finales de los años 80, entran a diario un grupo de 32 mineros, entre ellos el presidente del comité de empresa, Enrique Gómez. Son los últimos.

Su misión es desmantelar hierros y material vendible. Todo lo que se preparó en los últimos años para el futuro de la explotación. Los accesos al pozo vuelven a ser inexpugnables y reina el silencio. Los vigilantes, los de la garita y los que se mueven en vehículos, tienen orden de impedir que se hagan fotos incluso desde el lado de la barrera que no custodian.

Los otros 45 mineros están afectados por un expediente de regulación de empleo a la espera de ser recolocados en Asturias, donde el empresario de La Vid de Gordón tiene las principales explotaciones de carbón de su emporio. Santa Cruz era el último pozo de interior de la cuenca Fabero-Sil. Hace once años cerró las minas de interior de Fabero. Ahora sólo quedan los cielos abiertos, el lavadero y las oficinas de Alinos.

En Santa Cruz (Páramo del Sil) están también las plantas de aglomerados y hormigón Norfesa, también propiedad de Victorino Alonso. El alcalde de Páramo del Sil, Ángel Calvo, recuerda que estas industrias son parte de los proyectos empresariales financiados con fondos Miner en las cuencas mineras del Bierzo. «Todavía no se siente el golpe porque el cierre no ha supuesto que la gente se quede sin el trabajo de golpe», afirma Calvo.

La huella de la huelga

Después de cinco meses de huelga, y con los salarios recortados, la cuenca se resiente por los cuatro costados. «Desde mayo han sido unos meses muy duros, con la gente sin cobrar», afirma Esther Gago Campos. Su marido trabaja en el cielo abierto y ella regenta, junto a su madre, una tienda en Toreno. Un colmado de los de antes en el que se pueden comprar desde telas de algodón con estampados vichy hasta bombones Ferrero Rocher pasando por lo más elemental de la despensa.

«Son tiempos difíciles para todo el mundo», afirma María Jesús Campos Romero, quien se hizo cargo del establecimiento tras cinco años trabajando como dependienta. María Jesús había trabajado toda su vida en casa, como costurera. «Este año hemos cerrado varias veces por la mina, porque vivimos de la mina y acompañamos a los mineros en la marcha», añade la hija.

«Yo pienso que no se puede acabar así la mina...», dice incrédula ante lo que ha visto en los últimos meses. Pero hay una realidad que palpa día a día y más ahora que se acerca el invierno. «Echo de menos salir a la calle y ver gente, tendría que haber otras posibilidades», concluye.

Un 30% menos de gente

Pero no es un problema de este año. Las cuencas sufren una sangría poblacional desde que en 1986 se empezaron con los planes de reconversión del carbón. En la zona Fabero-Sil han mermado un 30% los padrones municipales de Fabero, Vega de Espinareda, Sancedo, Berlanga del Bierzo, Toreno y Páramo del Sil, municipio que llegó a tener más de 4.000 habitantes en los años 60.

«Afortunadamente no tenemos la desgracia de otras zonas limítrofes y creo que ahora tenemos la población estabilizada, mantenemos la escuela y el instituto», asegura el alcalde de Toreno, el popular Pedro Muñoz para quien el balance de la era de los Miner no es negativo en su municipio: «Nos han servido para la modernización del municipio en infraestructuras, la autovía nos ha colocado a 15 minutos de Ponferrada, un factor decisivo para que se instale aquí la industria de biodiésel, y es más habitable. Ya no somos un lugar de paso entre Ponferrada y Villablino», agrega.

Cuidar la minería, asegura, es un deber que se escapa a sus manos. «No entiendo que podamos ser tan estúpidos. Algún día nos acordaremos del trato que le estamos dando al sector minero», dice para referirse a los planes gubernamentales. Aunque es su partido, el PP, el que ejecuta los últimos planes, recuerda que antes fue el PSOE y que «poco podemos hacer los alcaldes que gobernamos para todos, no sólo para los mineros». En su municipio, alega, son muy pocos los que viven ya de la mina.

A este alcalde no le parece un derroche, sino una inversión de futuro crear un Centro de Artes Escénicas en Toreno al que se han dedicado hasta ahora más de un millón y medio de euros. «Va a ser un lugar multifuncional para la creación, con museo, escuela de música y aulas de teatro y no sólo para Toreno, sino para toda la provincia», apostilla.

Todos los alcaldes defienden las infraestructuras que han conseguido con los fondos Miner. El de Páramo del Sil subraya que el pabellón de deportes tiene actividad —liga de fútbol sala, gimnasio y rocódromo— y el edificio de usos múltiples cuenta con una sala de rehabilitación, el consultorio médico, un telecentro y la biblioteca.

Más ayuda que inversión

La comarca del Bierzo captó el 26% de las subvenciones de los fondos Miner para 574 proyectos empresariales y una inversión que supuso el 14% de todas las realizadas en cuencas mineras de la provincia leonesa y con una generación de empleo del 19,32%. Pero fue un sueño muy breve. La caída de las eólicas, con más de 3.000 empleos directos, ha dado al traste con gran parte de la inversión.

Los alcaldes del Alto Sil no creen que Ponferrada, Camponaraya y Bembibre, que absorbieron las industrias y servicios inducidos por la reindustrialización en los primeros años, sean las culpables de su situación. «Cualquier gran empresa jamás escogería Fabero, Páramo o Villablino», asegura Calvo, quien se muestra partidario de «muchos pocos» antes que de «algún mucho» en lo que a tejido empresarial se refiere para su municipio. Aparte de las empresas del grupo Alonso, en Páramo del Sil ve futuro para pequeñas industrias de secaderos cárnicos y alguna pizarrera. Pero las pequeñas empresas y, en particular, los emprendedores apenas se pudieron beneficiar de ayudas en la época de las vacas gordas y ahora aún menos.

Sin embargo, Páramo del Sil figura entre los 14 municipios, de un total de 58 de la provincia de León, en los que se concentró el 80% de la inversión, las subvenciones y el empleo generado. Once de estos municipios se encuentran en el Bierzo, según el informe realizado por el profesor Jesús Sánchez-Melado.

Con todo, el experto señaló en dicho estudio que «la mayor intensidad de las ayudas en los territorios más mineros es insuficiente para contrarrestar las negativas características que presentan cara a la localización empresarial».

Un motor sin arrancar

El turismo no ha sido una prioridad aunque el alcalde de Páramo del Sil, también del PP, admite que «somos una zona privilegiada medioambientalmente» y apostilla que «todas las mejoras que se han hecho en carreteras, como la de Salentinos, benefician el turismo».

Muñoz es partidario de «potenciar Bembibre y Camponaraya como focos industriales». Respecto al turismo cree que se puede hacer más: «Tenemos las pinturas rupestres y vamos a hacer más senderismo», añade.

Tampoco la Junta ha apostado por el turismo, ni por aprovechar los recursos mineros ya liberados para potenciar el turismo en la cuenca de Fabero-Sil. El Parque Minero de Fabero figura en los convenios específicos sobre infraestructuras turísticas en Castilla y León en el plan 1998-2005.

El proyecto, para el que el Instituto de Reestructuración de la Minería del Carbón preveía entonces una inversión de 3,7 millones de euros, está parado. La Junta, gestora de los fondos Miner para infraestructuras, sólo dedica este año 120.000 euros en sus presupuestos y cero euros para el 2013.

El castillete del pozo Julia y las instalaciones anexas que conservan uno de los vestuarios típicos de los mineros fue cedido por Victorino Alonso al municipio. Son el máximo exponente de lo que fue Antracitas de Fabero, una de las empresas señeras del Bierzo Alto. El alcalde, José Ramón Cerezales, prefiere no responder a las preguntas de este periódico, aunque no ha dicho que no. No ha contestado a numerosas llamadas telefónicas y a un mensaje pese a haber acordado con la periodista una cita. El senador socialista por León, Nicanor Sen, preguntó por el Parque Minero de Fabero y por la vía rápida Fabero-Berlanga la pasada primavera en la Cámara Alta.

El parque parado

«Está parado como todos los demás proyectos», asegura el senador. El Gobierno de Rajoy respondió por escrito y con todo detalle. El convenio firmado entre el IRMC y la Junta el 29 de diciembre de 2006 se canceló cuatro años después debido a que las sucesivos créditos concedidos por la entidad estatal no fueron ejecutados por la Comunidad, que, como recuerda el Gobierno, «es la responsable de las licitaciones y adjudicaciones».

En el 2010 se realizó un nuevo convenio por importe de 5,1 millones de euros, pero su tramitación fue cancelada por «cuestiones presupuestarias», tal y como indica la respuesta gubernamental que recibió el senador en septiembre.

En Fabero es difícil encontrar emprendedores. Las mujeres fueron pioneras en el polígono industrial al que nunca ha llegado una empresa de referencia. Pero la industria que pusieron en marcha para la elaboración de productos artesanos con la castaña como seña de identidad —La Oricera— fue vendida y se ha desplazado al municipio de Balboa. El cielo abierto del carbón sigue en explotación. Antracitas de Fabero era la empresa que más concesiones tenía en la gran corta. Pero hay otro cielo abierto que no es negro y sigue sin explotar.

Un filón a cielo abierto