lunes. 28.11.2022
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Antonio Gutiérrez
Aunque el viento del tiempo diluya la noticia de su muerte, el vendaval no se llevará a Antonio de la memoria de quienes le hemos conocido. Era un médico de Atención Primaria, nuestro jefe y que, por encima de todo, una buena persona. Para hablar de sus bondades como médico durante más de 40 años, hay abundantes muestras de ello entre sus pacientes y compañeros. Esta profesión nos da múltiples oportunidades para hacer el bien, no solo para hacer lo justo. Tengo que alabar su labor como jefe, coordinador, director o como quiérase llamar. Nunca generó un conflicto ni dejó ninguno sin resolver. Siempre aprecié su labor en privado y en público. Y ahora, que ha marchado, notaremos con más claridad qué cierta y qué valiosa era esa virtud para organizar un grupo de personas, más de 60 en el Centro de Salud de Eras, junto con la responsabilidad de procurar una buena planificación de la atención de Urgencias en ese centro, que llega a más de 70.000 pacientes. Le gustaba trabajar. A sus 67 años prefería estar en el tajo. Rara avis en estos tiempos. Todos tenemos condicionantes cotidianos que nos alteran, pero él nunca dejó que sus asuntos particulares enturbiasen sus obligaciones. Sobre todo quiero dejar constancia de su mayor valor: su bondad. Cuando uno reflexiona acerca de su persona, todas las piezas encajan si se encaran desde el prisma de la bondad. Gran virtud y necesaria para ser Médico. Por encima de otras, y desde luego para el ejercicio de la Medicina Primaria. Lo pongo con mayúsculas porque así lo era. Antonio nos ha dejado la referencia de cómo ser un buen Médico, un buen Jefe y un Hombre bueno. También fue un buen Padre. No solo sus hijas lo saben. Que el humo de tu bondad se reparta entre todos nosotros.

Un hombre bueno