jueves 2/12/21

Lo que hoy en día conocemos como escuela tradicional está cambiando o debería hacerlo para dar paso a una nueva escuela, más creativa, más innovadora, más dinámica y más viva. Una escuela en la que no sea tan importante «lo que sabes» y en la que sea realmente importante «lo que puedes hacer con lo que sabes». Una de los principales problemas de nuestro modelo educativo es la manera en la que se enseñan los contenidos. Esta enseñanza consiste en un proceso  rutinario de transmisión de información de una cabeza a otras. De esta manera los alumnos aprenden a superar exámenes, pero sin motivación por aprender y faltos de capacidades esenciales para el siglo XXI. Educar es algo más emocional que curricular. Urge una alianza educativa para que los políticos se den cuenta de este hecho e involucren en la realización de las leyes educativas a docentes, familias y alumnos.

En la escuela tradicional el aprendizaje es pasivo. Los alumnos escuchan lecciones magistrales, consumen trocitos de conocimiento que, a menudo, no tienen relación. Una vez realizada esta fase deben recordar esos trocitos de conocimiento que han consumido para trasladarlos a exámenes o trabajos. La mayoría, al pasar el examen no recuerda nada de lo que se les pidió que memorizasen, lo que conlleva que estén mal preparados para la siguiente fase de su educación y para la vida. Esto nos hace ver que el objetivo no debería ser la adquisición de conocimiento y sí desarrollar habilidades mediante diferentes procesos como la resolución de un problema, la creación de un producto, la generación de un nuevo entendimiento o la realización de un proyecto emprendedor. Habilidades que permitan a los alumnos dejar de ser consumidores para ser creadores.

Las tecnologías está claro que tienen que estar presentes en este cambio, pero simplemente como un recurso más que ayude a los alumnos a ser los protagonistas de su aprendizaje y a aplicar los conocimientos que generen en un contexto real. Se trata de usarlas al servicio del proyecto pedagógico. Para conseguir este cambio hay que asumir la necesidad de construir un nuevo paradigma educativo. Este nuevo paradigma necesita revisar la organización del sistema educativo en las aulas y en los centros; redefinir el rol del profesorado (más centrado en facilitar, potenciar y guiar el aprendizaje); incorporar nuevos procesos metodológicos y potenciar los vínculos de la comunidad educativa como contexto necesario para un nuevo desarrollo personal y social.

Un nuevo paradigma
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