martes 02.06.2020
Legislación

Por una vez en la vida, a León le conviene tener la boca tapada

Los ciudadanos cumplen de forma mayoritaria la exigencia de llevar mascarilla, aunque en las zonas que permiten respetar la distancia social todavía quedan algunos remisos que se refugian en la excusa de las temperaturas y la incomodidad para soslayar la obligación; las multas por incumplir la legislación pueden ir de los 600 a los 30.000 euros de sanción.
Tres personas hacen cola ante un cajero. MARCIANO PÉREZ
Tres personas hacen cola ante un cajero. MARCIANO PÉREZ

Ya no hay aparcamiento por las mañanas. Efectivamente, León levanta. No es que haya bullicio en la calle, pero se nota el movimiento. Es rara la sensación por el panorama de las tiendas, pero los aceras del centro tienen vida. Ya quedaron atrás aquellos días grises, casi de película de ciencia ficción, con las calles vacías.

No les importa mucho a los operarios de la obra que horada las tuberías que colindan con la Diputación. « No veas qué rollo es esto de la mascarilla. Ya sabemos que es obligatorio y no queda más remedio «, dice el currante. « Y lo peor es que no nos hemos metido todavía en el verano de verdad. No quiero imaginarme lo que va a ser eso», vaticina.

El canal local de televisión, La 8, disfraza para la ocasión la estatua de Gaudí con una mascarilla. Es difícil encontrar personas que no la lleven. Queda lejos aquella estampa de los primeros días, cuando al que se miraba raro era al que la utilizaba.

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La mayoría de la ciudadanía respetó la norma. MARCIANO PÉREZ

«Yo no me la pongo porque por lo que tengo entendido, tiene que ser cuando no haya posibilidad de guardar los dos metros de distancia, y aquí en la calle no hay problema», señala Fernando, que espera para entrar a un banco. El vigilante de seguridad le advierte de que todavía no puede pasar: «Cuando salga la señora que hay ahora, ya vas tú». La nueva normalidad imponer reglas que se han ido adaptando.

«Si sois periodistas, decidle al alcalde que de dónde saco yo un euro para pagar la mascarilla, cuando es lo que me cobran las monjas por comer. Yo no tengo que pagar por una cosa que no he pedido, si es obligatorio tienen que dármelo «, dice Rafael, que pide la voluntad apoyado en el kiosco de la ONCE que colinda con la iglesia de San Marcelo. « A mí las monjas me cobran un euro por comer. Si tengo que gastarlo en la mascarilla, no hace falta salud, porque ya me muero igual de hambre. ¿Por qué no me dan un piso de los que tienen en acción social? Es una vergüenza», protesta con poco acento berciano, pese a que procede de Fabero.

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Rafael pide limosna y se queja del precio de las mascarillas. MARCIANO PÉREZ

Las tiendas van empezando a tener movimiento, el que les falta a los bares que ya empiezan a asomar mínimamente, agradecidos de que las temperaturas del mediodía vayan animando al personal y al espíritu.

SEGUIMIENTO

A media tarde la Policía Local no tenía constancia oficial de denuncias por incumplimiento de la legislación. Estipula la norma que la mascarilla es obligatoria solo en las situaciones en las que resulte imposible guardar los dos metros de distancia social que se consideran adecuados para evitar los contagios. No someterse a las determinaciones de Sanidad comporta multas de entre 600 y 30.000 euros. «Lo que se sancionará será la desobediencia o resistencia a la autoridad de todos aquellos a los que se les llame la atención por no llevar mascarilla. La cuantía de la multa irá en relación con la respuesta y actitud del ciudadano o si es reincidente», determinan los expertos.

El fin de semana es un buen banco de pruebas para la estampida del lunes. Si llega la Fase 1, cambiará el panorama de forma notable. Truchas, Matallana de Torío y Riaño se meterán ya en Fase 2 previsiblemente. Queda menos para la normalidad.

Por una vez en la vida, a León le conviene tener la boca tapada