sábado 25.01.2020
REPORTAJE

El viaje de vuelta de los indianos leoneses

Los leoneses que hicieron las Américas patrocinaron escuelas e iglesias. Son contadas las iniciativas empresariales en el terruño, como el centro de empleo para discapacitados Soltra .
El viaje de vuelta de los indianos leoneses

«En la casa de la Banca de los señores Sobrinos de Fernández Llamazares se han visto giros venidos de allende los mares por valor de muchos miles de pesetas. Es decir que el dinero de los emigrantes vuelve a la península y entra en León».

Las remesas de los leoneses de ultramar dieron aliento a la ciudad que renacía con el siglo XX. El Ensanche creció y engalanó a su costa las nuevas avenidas con buenas casas. Los pueblos de la montaña se sembraron de escuelas patrocinadas por los ahorros de aquellas sacrificadas gentes que habían salido de sus casas con lo puesto.

«En los giros de dinero enviados a España, provincia por provincia, León se destaca siempre», recoge la investigadora de la emigración leonesa a América, Ana de Francia Caballero del órgano oficial de la Región Leonesa en Buenos Aires en 1930.

Muchas fueron las personas que emprendieron la aventura a las Américas. León se coloca como la provincia del interior con un índice más elevado de emigrantes por población, ocupando el octavo puesto después de Pontevedra, Coruña, Canarias, Barcelona, Santander, Oviedo y Baleares.

No todo el mundo hizo fortuna. Algunos regresaron y unos pocos invirtieron en su terruño: escuelas, iglesias y pequeñas obras para el progreso de sus pueblos fueron el destino de ahorros y colectas de las colonias leonesas en aquellas tierras lejanas.

La ciudad crecía con el siglo XX y el Ensanche se engalanó con nuevas casas construidas con capitales que venían del otro lado del charco. Las calles se bautizaban con los nombres de aquellos países legendarios en los que muchos prosperaban: Avenida de Méjico, Avenida República Argentina...

«Del siglo XVI para acá todas las construcciones decentes que se hacen en León provienen del dinero de América», afirma Jesús Paniagua, profesor de la Universidad de León experto en América y Filipinas.

Así lo hizo Manuel Álvarez-Quirós, babiano de Pinos, que a su regreso de Argentina, hacia 1912, levantó la conocida como Casa Ciriaco, en el chaflán de Ordoño II (entonces Paseo de Las Negrillas) con plaza Santo Domingo (bautizada como Plaza de La Libertad). «Activo en la vida social y política de la ciudad, fue copropietario del edificio del Casino Recreativo de León, construido en la Plaza de Santo Domingo» (actual sede del BBVA), aclara Víctor del Reguero, quien se topó con un personaje poco conocido en León haciendo su libro sobre Juan Alvarado.

Adriano Gutiérrez, el abuelo de la famosa Carmen Lomana, levantó un chalé entre Ordoño II y la Avenida de Méjico, Alcázar de Toledo en la actualidad, y también una casa de indiano con su palmera en Canseco, su pueblo natal. Su padre le obligó a irse a Cuba, donde ya tenía algún pariente en el negocio de los abastos.

Otro emigrante de Maraña, Raimundo Alonso, también construyó varias casas en el Ensanche y una en el pueblo de la montaña que acaban de adquirir unos descendientes de México relacionados con el negocio de la televisión.

Pero las inversiones en nuevas empresas en la tierra natal de los indianos leoneses han sido muy escasas. En Maragatería se conoce el caso de la Lanera Industrial Maragata, del Val de San Lorenzo. Heriberto Cordero de la Cruz emigró a Cuba para trabajar en la mercería de un tío. Como sastre conoció y tomó las medidas a los famosos personajes que poblaban la isla en los años 30 y 40 del siglo XX.

Cuenta su hija, Natividad Cordero, nacida en La Habana, que su padre trató a Clark Gable, a Jorge Negrete, a Cantinflas e incluso al fundador de El Corte Inglés, Ramón Areces. Pero regresó. En 1948 empezó a construir la fábrica en Val de San Lorenzo y en 1952 echó a andar con 50 empleados. Cerraría a principios de los 90 con la crisis del textil.

Pablo Díez, el más afamado entre los indianos, también se hizo casa en su pueblo natal, Vegaquemada. Pero su viaje de vuelta a León lo hizo como mecenas de obras religiosas: el santuario de La Virgen del Camino, con la imponente obra de Subirats, es la estrella de sus donaciones pero no fue la única.

Costeó también la obra Hospitalaria de Nuestra Señora de Regla, levantada adosada a la muralla romana de León con la portada del palacio de los marqueses de Prado. Y fue benefactor de Vegaquemada, al que dotó con traída de aguas, escuelas y nueva iglesia.

Pablo Díez iba para dominico, pero decidió seguir otro camino. Curiosamente, fue un fraile quien le ayudó para ir a México, donde empezó como panadero y llegó a convertirse en un magnate cervecero. Devolvió la ayuda con ciento por uno evangélico.

Antonino Fernández (Cerezales del Condado, 1917), su sucesor al frente del grupo Modelo, afamado por la cerveza comercializada como Coronita y Corona Extra, es el promotor del centro especial de empleo Soltra, que tiene como objetivo crear empleo para personas con discapacidad.

Soltra tenía un volúmen de negocio de 1,5 millones en 2010, tras incrementar su plantilla a 112 trabajadores a finales de 2009 y el objetivo era sobrepasar los 250. Trabajan en montajes, publicidad directa y marketing, jardinería, limpieza industrial, manipulados y vending. Además de la orden de los Predicadores (Padres Dominicos), en cuyas instalaciones, a su vez construidas con las donaciones de Pablo Díez, se instaló la empresa, participan en el centro especial de empleo Caja España (Banco Ceiss en la actualidad), el grupo Gureak, líder en generación de empleo para personas con discapacidad.

La iniciativa de empleo protegido para personas con discapacidad tiene como madrina a Doña Cinia González Díez, quien fue la esposa de Antonino Fernández durante 60 años. Fundación Cerezales Antonio y Cinia es el nombre de la otra obra señera de este empresario, el undécimo de trece hermanos, que partió a México en 1949 para trabajar como empleado de almacén en la cervecería del Grupo Modelo. Desempeñó diferentes puestos antes de convertirse en administrador general.

En tiempos de crisis para la construcción, el proyecto de ampliación del centro cultural, con una inversión de más de cuatro millones de euros, fue el único de relevancia que entró en el Colegio Oficial de Arquitectos de León para su visado. Actualmente, Cerezales del Condado es uno de los focos rurales de la cultura en León con una labor etnocultural en el territorio muy destacable.

Las escuelas fueron las obras predilectas de los indianos leoneses. En 1922 León era la provincia con mayor número de maestros por población y cuentan que tenía el menor número de analfabetos. Aquellas gentes que fueron en busca de mejor vida al otro lado del Atlántico creían en la educación como medio de progreso.

Félix de Martino, de Soto de Sajambre, es un caso emblemático. Nació en 1859 en el pueblo de Picos de Europa. Tan sólo seis años antes se había levantado la prohibición de emigrar a las repúblicas de América del Sur. Pero Félix de Martino salió de jovencito con destino a las minas de Ríotinto (Huelva), donde trabajó varios años y se especializó como facultativo de Minas.

Emigró a Méjico y se convirtió en empresario textil en Puebla. En 1907 se abren las escuelas de Soto costeadas con sus ganancias. También promovió una cooperativa para hacer la fábrica de luz, el lavadero y la carretera de Soto con Oseja. Y organizó una campaña para financiar la casa concejo con dinero de los indianos.

Impulsor de escuelas fue también otro indiano menos conocido en su trayectoria de ultramar, aunque muy querido en su tierra. Se trata de Paulino García Gago, el promotor de las escuelas de Sena de Luna que, en realidad fueron sufragadas por «los hijos de este pueblo». El día de su inauguración el juez municipal «tomó la palabra en nombre del pueblo para agradecer a sus bienhechores quienes ‘simbolizados por el ave sagrada, la golondrina, fueron a Ultramar y regresaron a sus patrios lares a legar a sus hermanos tan magnífica obra», como recoge el catedrático de Abelgas, Román Álvarez Rodríguez, en su libro Escuelas y maestros: memorias y vocaciones. Hoy las escuelas de Sena son una casa de turismo rural, Días de Luna, y las de Soto de Sajambre un museo.

Muchos maragatos emigraron cuando la llegada del ferrocarril hizo entrar en decadencia la arriería. En Santiagomillas se recuerda a Ventura Alonso, benefactor de la casa del maestro, donde se encuentra el Museo de la Arriería, entre otras obras. «Mejorar la escuelas» y «fomentar la iniciativa individual y colectiva» fue el acicate de Matías Alonso Criado, de Quintanilla de Somoza. Fue secretario de Castelar y emigró a Uruguay, donde destacó por sus aportaciones científicas, culturales y humanísticas.

La nómina de ilustres emigrantes es larguísima. En Valencia de Don Juan Eliseo Ortiz regresó de América, construyó casa de indiano y puso algún negocio. Otros no regresaron y son sus descendientes quienes buscan sus raíces, como la reciente visita de Daniel Chávez Morán, nieto de César Morán, uno de los hijos del ilustre Miguel Morán y González, que emigró a México. César Morán no hizo mayor fortuna pero su nieto es un magnate del turismo y ha creado expectativas en León.

El viaje de vuelta de los indianos leoneses