sábado 04.04.2020

El jabalí

Begoña Laínez y José Luis Hernández
Begoña Laínez y José Luis Hernández

Es sábado de finales de otoño. En el monte leonés ladran perros de caza. Forman una rehala obsesionada con desencamar y capturar jabalíes (Sus scrofa). Y digo obsesionada, porque estos perros han sido seleccionados artificialmente por el hombre para perseguir a las piezas de caza que interesan al humano. Una manada de lobos salvajes, nunca cazaría como lo hacen estos perros. La domesticación del perro ha modificado su estrategia cazadora. Están obsesionados con poner a tiro de rifle tantos jabalíes como guarde el monte. Los lobos seleccionarían a un único jabalí, al más indefenso, al enfermo o herido, para capturarlo y alimentar a la manada. El ancestral ritual de la caza por supervivencia. La batida de jabalí con perros de rastro muy probablemente terminará con diez o veinte jabalíes muertos de diferentes tamaños y edades, la mayoría de ellos completamente sanos. Para los humanos, la cacería habrá sido un éxito.

Jabalí, del árabe jabal-í, literalmente significa «de monte», es el antepasado de los gochos domésticos y junto con el lobo es uno de los animales domesticados por el hombre desde más antiguo. Vive en cualquier tipo de hábitat, desde los maizales del Páramo, a la alta montaña Cantábrica, o en paisajes humanizados de las afueras de las ciudades. Utilizan bañeras de barro para desparasitarse, marcan árboles de corteza fina frotándose la piel o realizando incisiones con los caninos, fozan el suelo buscando insectos, raíces y bulbos, y duermen en elaboradas camas excavadas en el suelo. En resumen, viven libres y salvajes en el monte. Pero para su desgracia son, la pieza de caza mayor más ansiada por los cazadores deportivos. Tanto es así, que en torno al 50% de la población ibérica de jabalíes muere anualmente a tiros. El jabalí compensa esta guerra con una alta tasa de natalidad, una temprana madurez sexual de las hembras y una corta gestación. De modo que, la población se renueva año tras año, con altibajos en el número. Prácticamente ningún jabalí muere de viejo en Iberia, la caza les adelanta el fin de media a los dos años de edad. Viven en grupos familiares liderados por hembras, generalmente por la más vieja. Los jóvenes aprenden de sus madres cómo sobrevivir en el monte. Sus relaciones familiares son complejas, tanto que se producen adopciones de camadas por parte de otra hembra del grupo en caso de muerte de la madre. A los jóvenes machos les suele tocar emanciparse en grupos de jovenzuelos por la presión de los machos adultos, que aunque solitarios durante la mayor parte del año, se acercan a los grupos de hembras y crías durante el celo. En otoño los grupos suelen alcanzar los mayores números, consecuencia de la abundante comida.

Hace cien años apenas había jabalíes en el monte pero los leoneses mataban el gocho en casa. Consecuencia del abandono rural, hoy el jabalí recupera terrenos perdidos. Casi nadie mata el gocho en casa, pero miles de jabalíes son cazados cada año por cazadores deportivos. Esta caza deportiva como actividad tradicional no tiene más de cien años. La matanza del gocho sí puede presumir de ser una actividad tradicional con miles de años de ventaja sobre la caza deportiva, y además, al igual que en la caza original, su fin era la supervivencia.

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