lunes 10/8/20
El bestiario leonés

Las aceiteras

NICOLÁS PÉREZ HIDALGO
NICOLÁS PÉREZ HIDALGO

Quién no ha visto alguna vez una aceitera o un fraile como les llamaba una señora de mi pueblo, dándose un paseo en las horas de más calor de la primavera. Son frecuentes en nuestro territorio estos escarabajos (los Meloideos), que toman su nombre del griego Meloe que significa «yo introduzco», debido a las costumbres cavadoras de muchas de sus hembras a la hora de realizar el agujero en el que posteriormente depositarán su puesta. También se les conoce como escarabajos vesicantes o cantáridos, por la inflamación que produce en nuestra piel el líquido que expulsan por la boca y las patas (la cantaridina), que tiene un aspecto aceitoso de color rojizo, verdoso o amarillento.

Son los meloideos de muy variadas formas y colores: los que no vuelan suelen ser oscuros (azules o casi negros) con algunas llamativas manchas de color rojizo, mientras que los que pueden volar activamente presentan coloraciones que van del anaranjado con manchas oscuras, al verde metalizado. Son fáciles de ver a ras de suelo en campos y praderas y que pueden volar se observan con frecuencia alimentándose del polen de flores de compuestas, leguminosas y umbelíferas. Tanto unos como otros, presentan un ciclo vital muy complejo con una fase larvaria en la que son parasitos obligados de saltamontes y de abejorros solitarios.

En nuestra provincia no es un grupo muy conocido, pero a principios de los ochenta un jóven estudiante de biología (Luis Felipe Valladares), estudió 1167 meloideos recogidos en Cármenes, Vegacervera, Matallana de Torio, Valdepiélago y Valdelugueros, y junto con otros 426 ejemplares del resto de la provincia, consiguio identificar 23 especies en un total de 133 localidades.

Los meloideos son conocidos desde muy antiguo por sus propiedades farmacológicas, tanto que son de los pocos insectos con nombres vulgares. Algunos incluso, como Lytta vesicatoria, han sido utilizados ampliamente por sus supuestos efectos afrodisiacos, y se conoce vulgarmente como la «mosca de España» o «mosca hispánica», aunque de mosca tenga poco y de poderes afrodisiacos menos aún. Y es que además de sus propiedades vesicantes, la cantaridina dilata los vasos sanguíneos y a dosis bajas produce priapismo (erección del pene), de ahí su fama afrodisiaca, pero la erección es dolorosa y puede producir hemorragias internas e incluso fallos renales. La cantaridina mal administrada puede causar la muerte, como parece que le sucedió a Simón Bolivar y a Fernando el Católico, cuando este último por querer agradar a su joven esposa (Germana de Foix, 36 años más joven que él) sucumbió al poder de los pulverizados de este insecto.

Pero los efectos perniciosos de nuestra Lytta vesicatoria, no disuadieron a muchos y el polvo de este meloideo se echaba alegremente en las comidas y se espolvoreaba sobre la ropa interior de aquellos que lo necesitaran, de ahí que también le debamos a la inocente Lytta vesicatoria la expresión «echar un polvo».

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