jueves. 07.07.2022

El fallecimiento de Pepe Álvarez de Paz, último gobernador civil de Pontevedra, diputado en Cortes, eurodiputado y profesor de filosofía, no por esperado ha sido menos impactante y triste para tantos amigos que tuvimos el honor y la satisfacción de tratarle a lo largo de muchos años.

Aquél cura joven que un día apareció en mi pueblo leonés de La Bañeza y nos enseñó a los niños de entonces a cantar el Adeste Fideles, que un día desapareció —luego me enteré que anduvo cantando a dúo con Amancio Prada (otro berciano ilustre) por París— me lo volví a encontrar trece años después en el lugar más inimaginable para mí: el Grupo Parlamentario Socialista del Congreso, ambos como diputados, él por León y yo por Pontevedra. Por lo visto el obispo de Astorga de entonces no había podido soportar a este joven sacerdote, progresista y rebelde, defender como abogado laboralista a trabajadores y opositores en los Tribunales de la Dictadura, en aquellos años.

Años después, el 24F de 1981, volvimos a aparecer ambos en las listas de izquierdistas a los que de haber triunfado el Golpe de Tejero, tenían previsto fusilar y hacíamos bromas comentando que al menos nos fusilaban con Ana Belén, Joaquín Sabina o Buero Vallejo.

Álvarez de Paz tuvo brillantes papeles como ponente —con Demetrio Madrid— en los debates sobre el Proyecto de Estatuto de Castilla y León y también en la reforma de la Ley de Adopción, en parte por la dificultades burocráticas que él y Teresina, su mujer, tuvieron que afrontar para la adopción de un bebé que apareció en León, David, hoy ya un hombretón de más de treinta años. Como Gobernador también tuvo que afrontar con éxito, no exento de tensiones, las movilizaciones en Vigo contra la Depuradora de Guixar.

Pero lo más destacable, si cabe, de Álvarez de Paz era su cultura enciclopédica mezclada con un humor fino y agudo, que hacía de las tertulias con él todo un espectáculo. Creo que con Carlos Casares, ha sido uno de los dos mejores contadores de historias que he conocido a lo largo de mi vida. El drama fue que hace ya unos años, la cruel enfermedad que sufrió y le ha llevado a la tumba, lo dejó sin voz y nos comunicábamos por escrito.

Aún así, siguió en su casa de Sabaris, también en estos duros años de su enfermedad, dedicando su tiempo a sus tres mayores aficiones: la pesca en el Miñor, la lectura y la guitarra. El valor y la resignación con que afrontó su enfermedad fueron una auténtica epopeya. Nunca hablamos de religión y creencias, por puro respeto Tal vez fuera agnóstico. No lo sé.

Pero lo realmente importante y significativo de Álvarez de Paz, además de su inteligencia, su vasta cultura y su desbordante simpatía es que fue un hombre machadianamente bueno. Es verdad que algo se muere en el alma, cuando un amigo se va. Siempre te llevaremos en el corazón, Pepe. Descansa en paz.

Adiós a Pepe Álvarez de Paz
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