martes. 09.08.2022

El Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (Incar) con sede en Oviedo no es el único centro del CSIC que trabaja en la captura del CO2. Investigadores del Instituto de Tecnología Química, con sede en Valencia, trabajan en otro estudio para que el dióxido de carbono emitido por la industria puede reconvertirse, mediante las tecnologías de captura y utilización del carbono, en combustible para transportes muy contaminantes, como el aéreo, a través del proyecto europeo eCOCO2, dotado con 4,4 millones de euros, aunque el más interesante es el que busca la captura de emisiones de CO2 con el objetivo de almacenarlas en el subsuelo. En esta área trabaja el equipo del investigador Víctor Vilarrasa, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA). «En este caso hay que capturar el CO2 antes de que sea emitido a la atmósfera, para lo que existen diferentes técnicas, y posteriormente inyectarlo en formaciones geológicas profundas para su almacenamiento permanente», explica Vilarrasa. «Con esto, no estaríamos más que devolviendo el carbono a su lugar de origen, ya que el carbono que hemos emitido y seguimos emitiendo a la atmósfera proviene de la quema de combustibles fósiles, que hemos extraído y extraemos del subsuelo», añade, según esa reciente nota de prensa del CSIC donde se da cuenta de los planes nacionales.

Desde almacenarlo bajo tierra a reutilizarlo como combustible
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