domingo. 04.12.2022
Educación

La Borreca tiene cocina y quien cocine

La cocinera de este colegio, el único público de Ponferrada ciudad que mantiene el servicio, lleva 25 años dando de comer para sus alumnos; ejemplo para quienes piden el fin de la línea fría
El menú se prepara, a diario, en la cocina del colegio en grandes cantidades. L. DE LA MATA

Judías verdes estofadas, macarrones con tomate, crema de calabacín, cocido, lentejas, tortilla de patata, albóndigas de pescado, lomo adobado, merluza a la romana o carne guisada. Todo esto es lo que comen 104 de los 200 alumnos que estudian en el colegio San Andrés-La Borreca de Ponferrada. Hasta aquí todo normal, si no fuera porque este es el único centro escolar público de la ciudad que conserva la cocina. Desde hace 25 años, la cocinera Marisol Molinero se encarga de la elaboración de los menús con productos frescos que le sirven semanalmente. Los niños no comen nada pasteurizado. Todo se hace de manera tradicional.

Hace años esto no sería noticia, porque lo normal de los colegios con servicio de transporte escolar es que tuvieran cocina y comedor —no un aula habilitada como tal— en sus instalaciones. Pero hoy en día sí es noticiable, sobre todo por el revuelo social que ha generado, en los últimos años, el catering de línea fría. Las asociaciones de madres y padres, partidos políticos y más de una administración se han rebelado contra este sistema de alimentación y reclaman el regreso a la era de la cocina de siempre. La Borreca es un ejemplo para ellos.

La misma empresa que se encarga de distribuir la línea fría en los colegios, gestiona el servicio de cocina y comedor de este centro. El control sanitario es estricto y periódico y es la Dirección Provincial de Educación la que aprueba los menús. Después de cocinar lo previsto para el día, Marisol Molinero tiene que rellenar papeles, especificándo qué se ha comido y hasta la temperatura. Ella sigue su técnica, cocina como siempre ha hecho, pero el menú le viene dado. Sigue un calendario mensual. Mes a mes cambia el esquema y «el menú es muy complementado, elaborado todos los días con productos frescos», subraya la directora de San Andrés-La Borreca, Begoña Trancón.

En el comedor de este colegio ubicado en la parte alta de Ponferrada huele como en casa. A pota cuando hay de cuchara y a patata recién hecha si ese día toca tortilla. No hay artificios. Tampoco plástico ni envases que contenga el menú de cada alumno. Aquí se cocina a lo grande y solo sobra comida cuando hay alubias o algún primero al que los niños miran con recelo.

Marisol está al frente de los fogones, pero otras cinco personas se encargan de servir la comida. Son los cuidadores del comedor. Llegan cuando hay que empezar a llenar los platos y se van cuando todo está recogido. En el comedor de San Andrés-La Borreca se empieza a comer a las 14.30 y la puerta se cierra a las 16.00. ¿Qué hay de comer suele ser una pregunta recurrente?, como en cualquier otro colegio. La diferencia aquí es que quien cocina está al otro lado de la puerta.

La Borreca tiene cocina y quien cocine
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