sábado 04.07.2020
Historia

La Ciudad del Dólar cotiza a lo alto

La Casa de la Cultura de Ponferrada desempolva en el Archivo Histórico la historia de los edificios que hicieron crecer a la ciudad durante la expansión de la posguerra

Courel recuerda la necesidad de señalizarlos y protegerlos

Postal de ediciones Artigot, con la plaza de Lazúrtegui en 1952-53 y el edificio de Pidal en la esquina. Arriba, arranque de Gómez Núñez. AYUNTAMIENTO DE PONFERRADA/DL
Postal de ediciones Artigot, con la plaza de Lazúrtegui en 1952-53 y el edificio de Pidal en la esquina. Arriba, arranque de Gómez Núñez. AYUNTAMIENTO DE PONFERRADA/DL

Crecieron hacia el cielo durante los años de expansión de Ponferrada, alimentada por el carbón y el nacimiento de Endesa. Los diseñaron arquitectos que dejaron su impronta en la ciudad como José María Martínez Mirones, el más prolífico, pero también Miguel de la Torriente, José Ramón Bros, José Tomás Moliner e incluso un aristócrata como fue Luis Pidal y Fernandez-Hontoria, cuarto marqués de Pidal, cuyo edificio señorial en la esquina de la plaza de Lazúrtegui con el arranque de la avenida de La Puebla, entonces aledaño al desaparecido Cine Edesa, sigue en pie a la sombra de inmuebles más modernos y más aburridos.

Son las huellas de la Ciudad del Dólar que todavía sobreviven, bien entrado el siglo XXI, en el barrio de La Puebla, y coincidiendo con los primeros pasos del plan del Área de Regeneración Urbana (ARU) al norte de la zona, la Casa de la Cultura ha comenzado a divulgar su valor en sus redes sociales para recordar a los ponferradinos que existe una arquitectura de la posguerra en el centro urbano de la ciudad que merece conservarse. La documentación recopilada en el Archivo Histórico Municipal por Jovino Pacios y los textos y fotografías actuales del archivero y responsable de la Biblioteca Municipal, Jesús Álvarez Courel (aquí comparten espacio junto a imágenes del fotógrafo de Diario de León, Luis de la Mata), que estos días han comenzado a aparecer en la página oficial de la institución en Facebook no dejan de ser una llamada para señalizar y proteger un patrimonio que ha llegado a nuestros días después de esquivar la piqueta. Otros inmuebles ilustres como el Cine Edesa no tuvieron esa suerte.

Lazúrtegui, con el edificio Uría en 2008. L,. DE LA MATA

«Con La Puebla habría que hacer lo que se hizo con el casco antiguo, que estaba muerto y despertó con un ARI (Área de Rehabilitación Integral)», afirma Courel, que entiende que en todo el barrio hay un puñado de edificios singulares que podrían contar con una placa distintiva que incluya algunos datos básicos sobre su construcción.

Arranque de la avenida de La Puebla. GER-MAN

Y un paseo por la arquitectura de La Puebla siempre parte de la plaza de Julio Lazúrtegui, corazón de la nueva Ponferrada de posguerra que vió cómo la pujanza económica que traía a la ciudad el carbón permitía levantar en un periodo de veinte años edificios como el de la familia Uría, a principios de los años 60, en lo que sin duda fue la esquina más alta de la Ciudad del Dólar. Un inmueble edificado sobre un solar triangular que todavía hoy parece el hermano pequeño del legendario Flatiron de Nueva York y que es obra del arquitecto cántabro José Martínez Mirones. Como arquitecto municipal entre 1945 y 1973, Mirones firmó buena parte de los proyectos de edificios singulares de la época. Y así se erigió un inmueble de nueve plantas que rompió la línea del horizonte por encargo del comerciante Antonio Uría Juárez y que estuvo vacío y sin tabicar en su zona residencial hasta 1989.

Eterno Mirones

Del mismo arquitecto son otros edificios que siguen saludándose, uno enfrente del otro, en el primer tramo de la calle Gómez Núñez que parte de Lazúrtegui. Uno de ellos propiedad también de la familia Uría. Y el otro, con entrada en la travesía de Gómez Núñez número seis, de Dionisio Escuredo Santín, hoy con las persianas bajadas y carteles de ‘se vende’ en alguno de sus balcones.

En Lazúrtegui y anterior al Edificio Uría es el inmueble construido en la esquina con la entonces avenida de José Antonio (hoy La Puebla) sobre el solar de Hijos de Venancio García y con un proyecto de 1951 del marqués Luis Pidal y Fernández-Hontoria, con Ramiro Fernández como aparejador. El edificio de líneas clásicas mantiene hoy el tipo frente a inmuebles igual de altos como la manzana levantada sobre el solar del antiguo Cine Edesa, derribado en 1975, y el caserón que hacía esquina en el arranque de Gómez Núñez.

Moliner en Fernando Miranda. COUREL

De aquella ciudad de posguerra que mezclaba la arquitectura regionalista con la franquista también sobresale, ya en la avenida de La Puebla, un edificio de cuatro plantas y ático coronado por una enorme águila. Es el número 43 y el Archivo Histórico conserva el alzado del proyecto de Mirones, nuevamente, para un inmueble de 1950 encargado por Eduardo Dominguez Borrajo y Benito Ferrer Astorgano. Un edificio que costó 870.000 pesetas, del que quedó reseñada la velocidad de su ascensor, 40 centímetros por segundo, y hoy con una fachada ennegrecida por el paso del tiempo. Y no faltan edificios singulares en la avenida de España (entonces Capitán Losada), como el que diseñó en 1955 José Ramón Bros para Manuel Tahoces, con su fachada central de ladrillo rojo, y en la esquina de la plaza de Fernando Miranda la Casa de Venancio García del Río y Antonio Domingo Vázquez, con su torreta circular, sobre un diseño inicial de 1938 de Mirones que después modificó Miguel de la Torriente.

Diseños de Mirones. COUREL

Son solo algunos de los inmuebles nacidos en una época de miseria y estraperlo, y de crecimiento económico también. Desiguales en diseño y materiales, como la ciudad donde crecieron. Todavía hoy proyectan sobre nosotros una sombra de otra época.

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