sábado. 26.11.2022
Jorge Martí (tercero por la izquierda), de ‘La habitación roja’.

La Habitación Roja puede ser uno de los mejores ejemplos de la escena pop independiente en donde el éxito se vive a velocidad de crucero y sin estridencias. Son habituales de los festivales, en los que el formato corto les favorece tanto como el de concierto completo, tal es el caso de hoy en su presencia en la sala La Vaca (23.00 horas). Los valencianos, además, pueden presumir de tener un gran tirón por el Norte de España, por lo que garantizan sesiones cargadas de pasión musical y actitud escénica. Jorge Martí, sin desmerecer al resto, ejerce de timón en muchas ocasiones, aunque lo de La Habitación Roja sea muy de responsabilidades compartidas. Pero Martí es algo así como el patriarca, sensación que se podría extender al resto de la escena estatal.

—Participa con su libro Espacio interior en la colección Mis Documentos, impulsada por el leonés Álex Cooper a través de su editorial Chelsea. En todo ese proyecto subyace como idea la resistencia sonora de la que habla el propio Cooper, para crear, sobrevivir a imposiciones del negocio, poder mantener las esencias musicales... ¿La Habitación Roja es una buena prueba de esa resistencia sonora como ejemplo además de éxito?

—Pues yo creo que sí que se nos puede considerar así. El que resiste gana, que decía Cela. Lo que está claro es que somos supervivientes y lo hemos sido, en la medida de lo posible, fieles a nuestra forma de entender la vida y la música. Y digo lo de “en la medida de lo posible” porque siempre lidias con un mundo hostil en el que suele prevalecer el dinero por encima de otras cosas que nosotros consideramos más importantes. Ya en una canción de Nuevos Tiempos hacíamos mención del término “resistencia clandestina”. Me gusta mucho también el de “resistencia sonora” que ha acuñado Álex y lo que intenta transmitir con él.

—Con este nuevo disco parece que lo nuevo de La Habitación Roja se recibe con la naturalidad del propio hecho creativo. ¿Vivieron momentos en los que sacar un disco suponía cierta angustia, como si se tuvieran que presentar a una continua reválida?

—Siempre tenemos mucha autexigencia y grandes expectativas. No es algo que nos impongamos, sino que surge como consecuencia de las canciones y de nuestro entorno. Las canciones van despertando las expectativas y nos vamos viniendo arriba.

—Las canciones de La moneda en el aire se han grabado en Rockfield, toda una declaración de intenciones y de amor por la música y su mística. Ahora que han pasado unos cuantos meses, ¿cuál es el poso que queda de la experiencia?

—Fue una experiencia brutal que me encantaría repetir algún día. De verdad que fue muy especial y lo disfrutamos muchísimo. Ha sido increíble el ver que, a pesar de que este es el noveno disco, todavía uno pueda sorprenderse y subir el listón de la ilusión hasta cotas tan altas. Pero eso es lo bonito de este grupo: Nos emocionamos con la música y con las oportunidades que ésta nos brinda.

—¿La vida y la música, siempre cómplices, son lo más irrenunciable para La Habitación Roja?

Sí, nuestra vida es la música y la música es nuestra vida.

«Con este noveno disco uno puede subir el listón de la ilusión»