martes. 16.08.2022
RELEO con entusiasmo El cuaderno gris del maestro Pla, en espera de una desintoxicación política, y me encuentro con este pasaje: «Piensa que, en este país, lo que se parece más a un hombre de izquierdas es un hombre de derechas. Son iguales, intercambiables, han mamado la misma leche¿ Esta división es inservible¿ Hay una división mucho más profunda¿ La que se establece entre personas inteligentes y puros idiotas, entre buenas personas y malnacidos¿». Da la impresión, leyendo este párrafo, que Pla pensara en el Bierzo, pues el escritor catalán, pese a su voluntad de localismo, logró la universalidad. Y el Bierzo es una comarca de políticos intercambiables, y en su mayoría prescindibles, porque no dan mucho de sí, y por supuesto se miran demasiado al ombligo o «embrigo», como decimos en Noceda. El Bierzo, en manos de suizos, o catalanes, sería algo así como la tierra prometida. Es probable que también los ciudadanos de a pie seamos un poco dejados. De lo contrario tampoco elegiríamos, o se elegirían, los políticos que nos regentan. Uno, que se siente más próximo a la izquierda que a la derecha, sospecha que en Ponferrada algunos supuestos representantes de la izquierda son incluso más tolos que los de la derecha. Digo esto a tenor de lo que vemos y vivimos en el panorama político berciano, donde los colegas de partido se pegan navajazos y se hacen la cama en menos que un gallo se tira al gallinero al completo. Algo de gallos y gallinas tienen algunos politiquines en el palenque de las sangrías. Uno prefiere a alguien que no sea un idiota ni un hijoputa, especies que abundan en demasía, ya sea en política o en otros derroteros. Lo que cuenta, por encima de partidismos, es la persona. La izquierda es un mito, como dijera el maestro Gustavo Bueno, y al personal le gusta el bienestar que procura el capitalismo despiadado, porque en el fondo somos caníbales y nos gusta zampar al vecino en cuanto se descuida. El panorama político nacional tampoco da para más. Está Zapatero con su Alianza de las Civilizaciones, que no deja de ser una ingenuidad, y «Asnar», con que los musulmanes tendrían que pedirnos perdón por habernos invadido hace siglos, y lo dice uno que tiene pinta de tendero textil con acento british del Pisuerga, en un zoco pluricultural. Mientras, Ponferrada cierra la semana intercultural a ritmo de danza del vientre.

Cuaderno gris