domingo 16/5/21
El Filandón | Jesús Fernández, obispo de Astorga

Vídeo | «Hay que darle un papel más importante a la mujer, pero la igualdad no es hacer todos todo»

El obispo de Astorga hizo anoche en el programa El Filandón de La 8 León y La 8 Bierzo, con la participación de Diario de León, un amplio repaso a la actualidad de la Diócesis y la Iglesia. Jesús Fernández abordó temas delicados, como es el problema de la pederastia, el papel de la mujer en la Iglesia o la homosexualidad. Se habló igualmente del trabajo de Cáritas con los necesitados, cuestiones de fe y las vocaciones sacerdotales
De izquierda a derecha Joaquín S. Torné, Jesús Fernández, Marisa Vázquez y Manuel Domínguez, ayer en el programa en Ponferrada. Desde León se conectó Roberto Núñez.

Fue una entrevista ágil y amena, en la que el obispo de Astorga, Jesús Fernández, abordó en profundidad todos los temas planteados por los periodistas. El prelado hizo un repaso a lo sucedido y a las consecuencias de la pandemia, así como actuaciones a desarrollar desde el Obispado.

—A días del comienzo de la Semana Santa, este año se presenta un poco mejor que la del año pasado ¿Don Jesús, ha sido un auténtico dolor de cabeza tomar decisiones, por las lágrimas de los cofrades del año pasado y también por los intereses económicos?

—Sí. No tanto lágrimas, pero sí ha sido costoso. Las cofradías tienen la ilusión de salir a la calle, y sí les ha costado. Pero costó más el año pasado. Sabemos que no va a poder ser este año. Se ciñe a los actos dentro de las iglesias. No ha habido dificultades con las cofradías ni con la Administración. Ha habido sentido común por todas la partes. Somos sensibles a la situación.

—Ojalá se pudiera celebrar la Semana Santa como siempre, porque es un espectáculo de fe y también turístico y de relaciones sociales. Pero quería empezar por otras cuestiones. Usted lleva poco de obispo de Astorga. La Diócesis estuvo en el ojo del huracán y hay cuestiones tan complejas y difíciles de preguntar y contestar, como es la pederastia en la Iglesia. Cuando usted llega a la Diócesis de Astorga y se encuentra con lo que se encuentra, ¿Qué piensa?

—Lo conocía ya de antes, porque estaba en los medios. Es una sensación de tristeza y dolor por lo sucedido. Cuando llego se trató anteriormente. Yo lo vivo con dolor. Tenemos una estructura, una delegación, donde hay una persona experta. Hablamos del ámbito canónico, porque civilmente ha prescrito. Nosotros somos ciudadanos y debería resolverse en el ámbito civil. Pero el civil se desentiende, porque están prescritos. La Iglesia lo que hace es ir más allá. Toma iniciativas que superan las expectativas que puede tener un ciudadano normal. Creamos una delegación donde hay un experto en derecho canónico, otro en psicología y otro en el campo de la espiritualidad. A través de este medio damos ayuda a las personas que han sido abusadas. Está encauzado el sistema. Ha habido un protocolo que ha sido referencia para otras diócesis.

—Pero hace un mes que la Conferencia Episcopal reconoció más de 80 casos y esto está prescrito, pero ¿Qué medidas se han tomado y se van a tomar para evitar que esto no se repita?

—Sí, es lo importante. Tenemos previsión y expectativas de dar formación en nuestros colegios, en el Pablo VI y San Ignacio. Hay un plan de formación para los profesores. Queremos ofrecer herramientas que puedan ayudar a captar casos. Respecto a los sacerdotes ha habido una formación, se ha dado charlas y estamos intentando por todos los medios que haya un seguimiento en los seminarios con el fin de prever estas situaciones. No tenemos ninguna varita mágica.

—Bueno, obispo, esto pasa en todos los ámbitos, no sólo en la Iglesia. Hay profesores, ámbitos del deporte y otros sectores. Esto no es ajeno al resto de la sociedad...

—Sí, el mal se ha metido y se mete en la Iglesia, y hay personas. Afortunadamente es un número pequeño. Hay estudios independientes que dicen que en España es un 0,02%, pero no quiero que mis palabras suenen a disculpa, porque un solo caso es vergonzoso para todos nosotros. Es un fracaso nuestro, pero de toda la sociedad. Es duro pensar que nuestro sistema educativo, todos, que no seamos capaces de haber previsto esto y de haberlo evitado.

—Se ha actuado pero, ¿ha pasado factura a la Iglesia?

—Sí ha debido influir. Lo que pasa es que ahora no sabría cuantificar esa influencia. Sí ha bajado el culto, pero por la pandemia. Hay algunas personas que están interesadas en que se sepa el caso, pero hay otros afectados que no tienen interés alguno en que se sepa. Es más, quieren que no se sepa que ha sido abusado. Esa es la cuestión. Nosotros podríamos contarlo o no . ¿Qué arreglamos con que les diga que tenemos equis? El tema es que tenemos que trabajar para que no se repita. La transparencia es muy importante. La clave está en poner los remedios para que no se repita. En la Diócesis hay dos casos. Uno está ya sentenciado y cumpliendo la pena. Y otro, pendiente de resolución.

—Ha puesto usted sobre la mesa el asunto de la pandemia y el papel de la Iglesia, y yo le apuntaba el trabajo de Cáritas. El papel de Cáritas en esta crisis y en las anteriores ha sido fundamental y no se conocía. ¿Cómo valora lo que ha ocurrido y lo que va a ocurrir en la crisis económica que se avecina?

—Sí, el papel de Cáritas ha sido fundamental. Hemos visto aumentada la demanda. Medio millón de personas más que han acudido a Cáritas desde el comienzo de la pandemia. Se han recaudado 64 millones de euros con una campaña que ha servicio para salir al paso de alimentación, energía, luz, vivienda. Da miedo ahora cómo seguimos en adelante. La crisis va a ser más fuerte. Tenemos experiencia de que estas situaciones crean una cierta fatiga. De repente se da respuesta, pero después da fatiga. Y tenemos que mantener esa respuesta. La situación es muy dura. Hay también buena colaboración con los organismos públicos.

—La económica está clara. ¿Y la cuestión de la fe? Porque evidentemente se ha acercado muchísima gente a la Iglesia.

—Sí. Ha habido pueblos en donde no iba casi nadie a misa y ahora le va muchísima gente. Acuden al Cristo a pedir que no les pase nada. También es verdad que el confinamiento ha dejado a mucha gente sin ir a la iglesia. Las celebraciones ha disminuido, la calidad de la fe es difícil de saber.

—Un problema de la Iglesia en general es la falta de vocaciones. Hay más pueblos que cubrir por un solo sacerdote. ¿Hay cambios, se está haciendo algo por suplirlo?

—Al ser menos, tienen más parroquias. Uno tiene 25 parroquias, subiendo a Piedrafita do Cebreiro. Facilitar el desplazamiento es complicado. Hoy me hablaban de Silván, un pueblo que se tarda tres cuartos de hora desde puente de Domingo Flórez. Estamos intentando hacer estructuras donde hay más complementariedad, y tenemos que pedir que los fieles se muevan algo más. La escasez de vocaciones la afrontamos con la idea de acompañar más a los jóvenes. No para sacar sacerdotes simplemente, sino porque los jóvenes necesitan ser acompañados. La fe no es cosa de viejos. La fe puede ayudar a un joven.

—La Congregación para la Doctrina de la Fe dijo que no puede avalar las uniones homosexuales, ¿Usted qué opina?

—Es una medida que no ha sido fácil. Parece que menosprecias a esas personas, pero el Papa ha dejado claro su autoridad moral. Ha dejado claro que no es una forma de decir tú eres malo. La Iglesia pone como referencia a valores elevados en base al Evangelio. La Iglesia trata de marcar una moral de máximos. En esas referencias hay ideales que no ve reflejados.

—¿Y el signo de los tiempos no va por otro lado?

—Nuestra Constitución es el Evangelio. Tratamos de razonar, pero desde el apartado teológico eso no se ha visto que pueda reflejarse y sea justificado desde el Evangelio.

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