miércoles. 28.09.2022
REPORTAJE

El día en que Azaña caminó por la Calle del Agua

La ARMH rastrea la suerte de Antonio Parra, el hombre que fotografió la multitudinaria manifestación de apoyo a Azaña en febrero de 1936 y retrató al último alcalde republicano
Manifestación a favar de Azaña en febrero de 1936. El niño Emilio Silva Santín pedía una escuela

Ocurrió un 17 de septiembre de 1932. La República era joven, los viajes por carretera más largos y Manuel Azaña presidía del Consejo del Ministros y se encargaba de la cartera de Justicia. A la una de la tarde, y en una escala de un viaje «de riguroso incógnito» a Galicia, Azaña y su mujer se detuvieron en Villafranca del Bierzo. Y les recibió una verdadera multitud de vecinos que marchó a su encuentro para darles una calurosa bienvenida.

De aquella escena entusiasta quedan unas pocas líneas en periódicos como La Libertad y quién sabe si algunas imágenes por descubrir del fotógrafo de la localidad Antonio Parra, autor de las otras fotografías históricas de apoyo a Azaña como las de la manifestación que recorrió la villa en febrero de 1936, un mes de triunfo para el Frente Popular, y cuyo rastro se pierde al estallar la Guerra Civil. El paradero de Parra, que también retrató al último alcalde republicano de Villafranca, Antonio Gabelas —fusilado tras un juicio sumario y recién rehabilitado— es hoy un misterio, hasta tal punto que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha comenzado a buscar las huellas del hombre que fotografió la histórica manifestación que aquel febrero húmedo llenó el viaducto del Burbia de banderas tricolores y carteles de apoyo a un político que cuatro años atrás ya había caminado por la calle del Agua en medio del fervor popular.

Manifestación a favor de Azaña en febrero de 1936. El niño Emilio Silva Santín pedía una escuela. Foto de Antonio Parra

Que Antonio Parra es un misterio por resolver lo dicen todos los que se han acercado a sus fotografías, desde el vicepresidente de la ARMH, Marco González, hasta el nieto de Gabelas, el cirujano Manuel Juaneda-Magdalena Gabelas. «Es como si se hubiera esfumado al llegar los nacionales», asegura el médico.

La represión dejó 61 asesinatos y 110 encausados en procedos militares en Villafranca, una población que pagó caro su respaldo a líderes como Azaña. El jefe del Gobierno y futuro presidente de la República durante la Guerra Civil había recalado en la villa cuando se desplazaba a La Coruña por carretera en viaje privado junto a sus esposa, María Dolores de Rivas Cherif, en los últimos días del verano de 1932. «Numeroso público acudió a recibirlos tributándoles una entusiasta acogida» cuando se detuvieron a almorzar, contaba La Libertad para reflejar la ilusión que despertaban los cambios sociales que traía la República. «Los señores de Azaña —decía el periódico— fueron obsequiados con un concierto, mientras almorzaban, por la Agrupación La Rondalla. Como los vítores y aplausos continuaban, el jefe del Gobierno se vio obligado a asomarse al balcón para corresponder al entusiasmo de la muchedumbre». Y hubo más. «Una comisión femenina integrada por jóvenes de las distintas clases sociales —continuaba el redactor— obsequió a la señora Azaña con un magnífico ramo de flores».

Fue entonces cuando el político, recibido como una suerte de mesías laico, se dio un paseo por Villafranca. «Terminado el almuerzo, el jefe del Gobierno manifestó su deseo de visitar la antigua Calle del Agua, hoy de Ribadeo, la cual recorrió seguido de todo el vecindario. Se detuvo a admirar sus monumentos, también la casa donde nació Enrique Gil y Carrasco. Luego estuvo en los jardines públicos y seguidamente se dirigió a su automóvil para reanudar el viaje. Antes entregó una importante cantidad de dinero para los pobres».

Cuatro años después, Antonio Parra, que tenía su estudio en la calle Arén, tomó varias imágenes que revelaban el buen recuerdo que había dejado Azaña. La ARMH ha podido rescatar dos fotografías de aquella concentración de febrero, una de ellas de manos de su presidente, Emilio Silva, donde se aprecia a su padre a los nueve años, portando un cartel en el que reclamaba un grupo escolar. Los familiares de Gabelas también conservan otras tres con el sello de Parra, dos de ellas reproducidas en este reportaje.

La maleta de Parra

Lo que sucedió con su autor después de 1936 es una incógnita que nadie en Villafranca ha podido resolver. Su rastro como fotógrafo tampoco aparece en ningún archivo, ni hemeroteca, confirma Silva. «Es como si lo hubieran borrado del mapa». Pero la ARMH aún tiene esperanzas de que todavía se encuentren sus negativos. «Igual que apareció una maleta de Capa, puede haber una maleta de Parra», concluye Silva.

El alcalde Gabelas (sentado a la izquierda) con algunos amigos en el estudio de Parra. Foto de Antonio Parra

El día en que Azaña caminó por la Calle del Agua
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