lunes. 30.01.2023
EL BIERZO que viene, el que prefiguran las últimas estadísticas demográficas, tendrá un dibujo eficaz, lúdico y modernísimo. No sé si también inquietante entre tanta diversión. Para empezar será un Bierzo urbano, que por algo Ponferrada ya alberga hoy a la mitad de los vecinos de la comarca, y a las tres cuartas partes de su población activa. La Ponferrada que viene alcanzará los ochenta mil habitantes allá para el 2015, y apenas cincuenta mil bercianos resistirán entonces en el resto del hermoso territorio. Este Bierzo que viene tendrá tres demarcaciones. La primera corresponderá a Ponferrada, cada día más universitaria y rutilante, más ciudad y más cara, con su «hinterland» de polígonos industriales y casas adosadas en el que se irán fundiendo, sin perder su personalidad jurídica, los pujantes municipios de Camponaraya y Cubillos. El segundo territorio ocupará el resto de la hoya del Bierzo, desde Torre hasta Villafranca, con dos extensiones verticales, una para Vega de Espinareda y Fabero, y la otra para Toreno y Páramo. En este mundo transicional, habrá villas que irán hacia arriba -como Cacabelos y, esperemos, Bembibre- al tiempo que otros ilustres poblados, muy mineros ellos, pelearán con saña contra los elementos y contra la geografía. El tercer reino del Bierzo será un inmenso parque temático, ya empieza a serlo. Lo abarcarán las demás tierras de la comarca, las más escarpadas, las más pintorescas, las que sólo tienen como futuro el turismo, ese maná que tan bien ejemplifican los madrileños que huyen del estrés cada fin de semana, cada vacación o cada puente, tan animosos ellos, el padre y la madre, y los niños también, y todos a ver mundo en familia: valles, lobos, ríos, nieblas, tinieblas¿, y a descansar luego, felices y habladores los viajeros, en las muchas y excelentes casas rurales que se van construyendo; y a comer en los figones que tanto crecen, para bien de propios y extraños. El parque temático será, sin duda, muy sugerente: Las Médulas nada menos, esas minas de fábula y de Roma; y la rica vereda monástica; y el fecundo camino de Santiago, con sus pícaros y místicos, con sus sueños y brasileños; y también tendrán su oportunidad el pantano y el Morredero; y el tren turístico de Villablino; y Fornela y los Ancares; y el Selmo y el Catoute; y Barjas y Balboa, y a mí esto me parece muy bien, de lujo, si no fuera porque el progreso se llevará para siempre el silencio del valle del Silencio. Y nos quedaremos un poco mudos, aunque parezca lo contrario.

El Bierzo que viene