jueves 2/12/21
Carmen Busmayor y Antonio Gamoneda, ayer a su llegada a la Casa de la Cultura de Fabero. Busmayor se ha inspirado en unos versos de Gamoneda para escribir un poema ‘Las madres pan’ dedicado a las mujeres que tuvieron hijos represaliados por la dictadura. L. DE LA MATA

En la puerta de la Casa de la Cultura de Fabero, abordado por el periodista, el poeta Antonio Gamoneda, cada vez más lúcido a sus 90 años, habló ayer del campesino, del minero, del guerrillero antifranquista, del huido, del maquis, del emboscado César Terrón, que murió abatido en el monte de Villar de Otero un día de julio de 1940. Todo eso fue. Todo eso le llamaron. Y se hizo un silencio hondo a su alrededor entre la gente que aguardaba el momento de sentarse para oír sus palabras en el homenaje a las víctimas del franquismo que organizaban los familiares de Terrón y el Foro de la Memoria, después de colocar una placa de recuerdo en el cementerio de Vega de Espinareda.

«César Terrón es un ejemplo que no debe ser olvidado —dijo el autor del Libro del frío, que fue niño de posguerra— un ejemplo que debe permanecer en la memoria». Y añadió, en una idea que repite a menudo con la claridad de los años, que «la lucha de los huidos, de los maquis, de los guerrilleros, de los emboscados, que así les llamaron, fue por algo que todavía no está logrado; por una democracia plena. Porque una democracia real y no aparente como esta no lleva dentro una dictadura económica». Nuestra democracia, volvió a repetir, por mucho que haya traído otras libertades está coja.

¿Y quién fue César Terrón, el hombre elogiado por Gamoneda? La respuesta esta vez es de otra poeta, la berciana Carmen Busmayor, que ayer acompañó al escritor nonagenario y al historiador Alejandro Martínez en el escenario de Fabero. «Sin actos como este alguien podría pensar que César Terrón fue un delincuente», aseguraba Busmayor porque el régimen de Franco trató a todos los guerrilleros como si solo fueran vulgares bandidos.

César Terrón, como dijo Gamoneda, como recordaron tres de sus sobrinas en el cementerio de Vega de Espinareda —donde desde ayer una placa de la artista Soraya Triana le recuerda— fue un campesino, y un minero, que combatió por la República y se echó al monte cuando cayó el frente de Asturias. Uno de esos hombres derrotados a los que se refería Max Aub —recordó Ana, Terrón Bañuelos— cuando los describía con la guerra acabada, cansados, sucios, rotos, pero sin perder del todo la esperanza mientras aguardaban la oportunidad de ir al exilio en el puerto de Alicante. «Son lo mejor del mundo. No es hermoso, pero son lo mejor del mundo, no lo olvides», le decía a su hijo uno de los personajes de Aub.

«Sin memoria no hay futuro», había advertido Ana Terrón Bañuelos a quienes asistieron al descubrimiento de la placa en el muro interior del cementerio de Vega. A César Terrón Abad lo enterraron en algún lugar del exterior del camposanto, pero su tumba nunca estuvo señalizada y con la ampliación del recinto es casi imposible dar con sus restos.

Antonio Gamoneda tenía nueve años cuando mataron a César Terrón, pero sí conoció a su hermano, el filósofo Eloy Terrón. Después de pasar por delante del busto que le recuerda frente a la Casa de la Cultura de Fabero, apoyado en su bastón, el Premio Cervantes y Premio Reina Sofía de Poesía, le contaba al periodista que acudía a homenajear al hermano de su amigo Eloy; otro que también combatió por la República y fue condenado por ello antes de estudiar Filosofía. «Vengo a hacer lo que pueda», afirmó el poeta con voz grave, cristalina, en medio del hondo silencio que provocaron sus palabras. Y ese fue un buen comienzo.

Gamoneda: «César Terrón luchó por la democracia plena que aún no tenemos»