miércoles. 01.02.2023
ESPÍRITU DE COMUNIDAD CONTRA LA DESPOBLACIÓN

El milagro vecinal para que San Adrián no fuera un pueblo fantasma

La lucha de los nativos de Los Montes de la Ermita por recobrar la legalidad de esta aldea de Igüeña
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Estado actual de San Adrián de Valdueza, tras la reconstrucción. CORTESÍA DE FIDEL COBO

Al medio centenar de habitantes que tenía San Adrián de Valdueza (Ponferrada) a mediados de los años 60, el cielo se les juntó con la tierra un 12 de agosto. Era 1964 y aunque todavía había de pasar una década para que esta pequeña localidad, custodiada por La Aquiana y sus Doce Apóstoles, se vaciara de vida; aquella fecha fue el principio de su fin. El agua corría montaña abajo con la fuerza de un río y el cielo se rompió en piedras que lo destrozaron todo. No quedaron caminos ni acequias de riego, el aguacero se llevó las patatas recién asucadas y tampoco frenó a la puerta de las casas. Las tierras hasta entonces fértiles quedaron improductivas. La gran tormenta marcó la vida de todos y abrió el camino de la despoblación. La última vecina se marchó en 1974 y al poco de pasar esto, otra desgracia acabó con lo que quedaba de San Adrián. Tomado ya por la maleza que verbaliza el abandono, un gran incendio arrasó viviendas y no pasó por alto la iglesia. 

Como si de una tragedia griega se tratase, el fin de este pueblo que roza los mil metros de altitud en la cara septentrional de los Montes Aquilianos parecía escrito por los dioses. Y así fue durante años hasta que, a principios de los 90, un modesto grupo de mortales decidió que era hora de regresar a casa. Los antiguos moradores de San Adrián de Valdueza iniciaron una lucha de 30 años que ha cambiado el porvenir de un pueblo fantasma.

Ahora que la pugna judicial emprendida por un nativo de Los Montes de la Emita (Igüeña) para empadronarse en un pueblo oficialmente abandonado ha vuelto a poner el foco en la España profunda y en el papel que han de jugar las administraciones para que el vacío no sea su fin. Ahora que este caso ha destapado el trabajo incansable de sus antiguos vecinos y los herederos de ellos por mantener en pie este pueblo de montaña a la sombra de la Sierra de Gistredo. Ahora que todos ellos, constituidos en asociación cultural, han emprendido otra batalla por la modificación del planeamiento urbanístico que les permita construir y arreglar las casas. Ahora viene a bien recordar la historia de San Adrián, que no es muy diferente.

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Un grupo de vecinos durante las labores de reconstrucción del pueblo. CORTESÍA DE LOS VECINOS

La gran mayoría de la docena de vecinos inscritos en el padrón de San Adrián de Valdueza se han dado de alta en los últimos cuatro años. Pero este no es más que el final de un camino que comenzó en 1992 con la creación de la Asociación para la Recuperación de San Adrián, que hoy tiene algo más de 40 socios. Dos pedreas y el reintegro de hasta tres loterías ayudaron a los antiguos vecinos a empezar. Unos dos millones y medio de pesetas se invirtieron en volver a abrir y adecentar el camino de acceso desde Villanueva de Valdueza, recuerda el hombre que fundó la asociación y que ostenta el papel de alcalde de barrio. Santos Mateos no llegaba a los 50 años, ahora tiene 78.
La gran tormenta, el éxodo, el incendio, el expolio y el monte prácticamente habían borrado a San Adrián del mapa. Los que eran sus vecinos se empadronaron en sus destinos de residencia y dejaron de pagar la Contribución. Algunos regresaban para recoger castañas y nueces cuando era temporada y también se hizo uso del monte con fines cinegéticos. Pero poco más. Por eso, «hubo que volver a empezar de nuevo», asegura Santos Mateos.

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Un rincón de San Adrián de Valdueza. CORTESÍA DE FIDEL COBO

El camino fue lo más costoso, pero a partir de ahí, liberaron los  muros de las casas de la maraña vegetal, hicieron puentes, metieron las tuberías de la traída del agua y el alcantarillado, construyeron un depósito, abrieron pistas para reforestar el campo comunal y plantaron pinos, recuperaron el horno de pan y la fuente del Coro, arreglaron la vieja escuela para hacer de ella un centro cívico... «Ha sido una labor de chinos», reconoce el presidente de la asociación vecinal. Ahora hay más de 30 casas arregladas y la vida allí es continua, aunque falta el alumbrado. «Tenemos placas solares. Lo intentamos. Intentamos subir la luz y le dimos vueltas, pero no hubo forma humana», asegura.
También falta la carretera, aunque en esto los vecinos no están solos. Ayuntamiento de Ponferrada y Diputación de León respaldan el proyecto. Y el primero les ha ayudado ya en alguna intervención anterior con la aportación de material. Cuando los responsables municipales vieron que los que habían habitado San Adrián iban enserio en su propósito de volver al punto de partida, se pusieron a su lado. No obstante, la conversión del camino de algo más de dos kilómetros en carretera será la primera obra ejecutada por una administración. «El mérito de recuperar el pueblo ha sido suyo», subraya el concejal de Medio Rural de Ponferrada, Iván Alonso.

Nunca hemos dejado de trabajar y ahora ya estamos en el momento de disfrutar. Ya tenemos prácticamente todo el pueblo reconstruido

«Después de un proceso muy largo, por fin vamos a poner los terrenos a disposición de la Diputación. Llevamos una década con el tema de la carretera y ahora estamos poniéndonos en contacto con el centenar de propietarios que tienen terrenos limítrofes para poder hacerla con el ancho suficiente. El dinero ya está consignado. Son más de dos millones de euros», explicó Alonso. Además, el borrador del presupuesto municipal de 2023 incluye una partida de 40.000 euros para hacer la plaza del pueblo. De salir adelante las cuentas, «será la primera obra que ejecuta el Ayuntamiento en San Adrián», celebra el edil.

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Una de las casas reconstruidas de San Adrián. CORTESÍA DE FIDEL COBO

«Para hacer lo que hicimos, hay que tener mucha fuerza de voluntad y hay que pasar muchas horas trabajando para el pueblo. Hay que gastar, gastar y gastar. Y ayudarnos entre todos», destaca el presidente de la Asociación para la Recuperación de San Adrián de Valdueza. Y esa conciencia de comunidad, la unión, ese espíritu de lucha conjunta es lo que ha propiciado el renacimiento del pueblo. «Nunca hemos dejado de trabajar y ahora ya estamos en el momento de disfrutar. Ya tenemos prácticamente todo el pueblo reconstruido y todavía hay gente que está esperando a ver si nos hacen la carretera para arreglar más casas. Siempre hemos tenido una buena relación, tenemos buena convivencia y eso es lo que nos ha permitido llegar hasta donde estamos», asegura Santos Mateos.

Para hacer lo que hicimos, hay que tener mucha fuerza de voluntad y hay que pasar muchas horas trabajando para el pueblo

Una vez arregladas las casas, todos los vecinos volvieron a pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), incluso con cuatro o cinco años de retroactividad. Aunque sigue sin haber iglesia, ya se han bautizado tres niños, el último hace dos años; y nadie falta a la fiesta a mediados de julio. Hasta han construido un templete para la orquesta.
Uno de sus últimos proyectos ha sido la limpieza de parte del canal romano que unía Peñalba de Santiago con Las Médulas. Los vecinos son conscientes de que su puesta en valor es un atractivo para los turistas y turistas le vendrían bien al pueblo para seguir prosperando. «Ya hay alguna casa de turismo rural», apunta el concejal de Medio Rural de Ponferrada.

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Fotografía tomada durante las obras de recuperación del pueblo. CORTESÍA DE LOS VECINOS

Constituirse en asociación fue la clave del progreso, reconoce Santos Mateos. Actualmente, cada socio aporta una cuota anual de 40 euros con la que van haciendo frente a los gastos. Todo —salvo las primeras placas solares que fueron subvencionadas, la sal para cuando nieva y el material que recibieron para la obra de la antigua escuela inaugurada en 2018— ha salido y sale de sus bolsillos, como cuando tocaba la lotería y nadie quería nada para que todo se invirtiera en el proyecto común.

San Adrián de Valdueza podría ser Los Montes de la Ermita, pero cada pueblo tiene su historia aunque busquen el mismo fin.

El milagro vecinal para que San Adrián no fuera un pueblo fantasma
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