martes. 16.08.2022
«UN NIÑO no necesita escribir, es inocente. Un hombre escribe para expulsar todo el veneno que ha acumulado a causa de su forma de vivir falsa», escribe Hanry Miller en Sexus. De vez en cuando uno vuelve a la literatura de Miller para alimentar su espíritu en esta época materialista y dopada. Ya hace tiempo que estamos drogados por nuestras distracciones y por quienes nos las eligen. Vivimos una especie de Mundo feliz. Da la impresión de que nuestra sociedad sólo estuviera interesada en el entretenimiento estúpido y en la propaganda insidiosa. Y Miller es importante porque todavía posee la capacidad de despertarnos. Lo que quiere en el fondo es conducirnos a las estrellas. «Intento llegar hasta la estructura íntima de los hechos» (El mundo del sexo). Escribir es, por tanto, una manera de recuperar nuestra inocencia. Una forma de inventarnos una vida acaso diferente para deshacernos de la ponzoña. Escribir es en cualquier caso una liberación, una catarsis, una limpieza de chimenea. Uno descarga frustraciones y recuerdos, sentimientos y falsas conciencias. Aunque Miller muriera sin ser reconocido por los que se autoproclaman árbitros de la «cultura», es uno de los grandes escritores del siglo XX. Es tal su fuerza vital que resulta único. «Ir más allá de uno mismo. Lanzarse al espacio, aferrarse a una escalera volante, subir por ella, elevarse, coger el mundo del pelo y levantarlo, despertar a los ángeles acurrucados en sus etéreas guaridas, ahogarse en las profundidades estelares, colgarse de la estela de los cometas». Podría decirse incluso que inventó un nuevo estilo de escritura, tan revolucionario como Joyce o Hemingway. Si Rimbaud devolvió la literatura a la vida, Miller logró devolver la vida a la literatura. A menudo los escritores, y aun los periodistas, olvidan que su objetivo debe ser contar verdades. Y el personal lee novelines de misterio, de amor y de intriga para anestesiarse y no para despabilar el alma. La mayor parte de los libros de actualidad nos esclavizan en lugar de liberarnos. Adormecen nuestros sentidos. «Si los hombres y mujeres dijeran sí a la vida, menuda explosión supondría para los políticos y belicistas. ¿Qué harían esos bastardos? Se acabaría la esclavitud. El dinero no serviría para nada. ¡Creación! ¡Deseo! ¡Ilustración!». Miller, como Jesucristo, nació en Navidad. Y esta, u otra, es buena ocasión para hacerle un homenaje a este místico que algunos han calificado de pornógrafo.

Miller: la escritura como catarsis