sábado. 03.12.2022
ANIVERSARIO DEL MUSEO QUE SALVÓ LAS LOCOMOTORAS DE VAPOR

El Museo del Ferrocarril cumple 20 años con el tren turístico en el apeadero

La recuperación de la locomotora Sestao con ayuda de Cosmos y de las instalaciones de La Placa propiedad del Adif son los otros retos
Inauguración del museo en 1999.

Malas hierbas entre los raíles. Hierro oxidado. Remaches corroídos por el sol y la lluvia. La vía muerta. Y las calderas salpicadas de grafitis Así se encontraba la antigua estación de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) hace un cuarto de siglo, con las puertas de la terminal tapiadas, las ventanas cerradas y últimas locomotoras del mítico tren Ponferrada-Villablino (PV), uno de los últimos en de Europa occidental en usar el vapor, convertidas en lienzo de artistas urbanos; aficionados eso sí, al rock, porque los nombres de grupos como U2 y The Doors —los jóvenes todavía no se habían olvidado de Jim Morrison— se distinguían con claridad. Pintar unas letras en la caldera, por lo demás, era la única forma de identificar a las viejas glorias de la MSP, las que habían tirado de los convoyes de carbón y pasajeros hasta el año 1989. «Número 2, año 1919», se leía en una de las viejas Baldwin de fabricación norteamericana que languidecían en la playa de vías invadida por la maleza.

Trescientos millones de pesetas aportados por la Junta de Castilla y León, un proyecto iniciado por el concejal y antiguo ferroviario José Luis Iglesias cuando todavía forma parte de la corporación socialista de Celso López Gavela y se convertía en el primer presidente de la Asociación Berciana de Amigos del Ferrocarril que reclamaba la conservación del patrimonio ferroviario, y el trabajo posterior sobre el terreno quien fue el primer director de los museos de Ponferrada, el hoy bibliotecario-archivero municipal Jesús Álvarez Courel, hicieron posible lo que el portavoz de la actual Asociación Cultural Ferroviaria Berciana, el maquinista de Renfe Daniel Pérez Lanuza, califica de «un milagro» en un libro de próxima publicación; la apertura en 1999 del Museo del Ferrocarril de Ponferrada.

De todo aquello se cumplen ahora veinte años. Y con la lonja cerrada en la última década y la vieja estación musealizada con todo tipo de objetos del tren PV donados por antiguos trabajadores y usuarios, las nueve locomotoras de vía estrecha y las dos de ancho Renfe que se conservan en su interior han convertido al museo, recalca Lanuza, en «un centro referente a nivel nacional». Que la MSP no introdujera locomotoras diesel hasta 1981 y mantuviera el vapor hasta 1989, además de «la valiente decisión de los responsables de la empresa de no mandar ninguna máquina fuera de servicio a la chatarra», hicieron posible ese milagro del que habla Lanuza.

El Museo del Ferrocarril abría el 26 de mayo de 1999 con el popular Ismael Álvarez en la Alcaldía—Iglesias se había pasado al Grupo Mixto en 1995 y la continuidad del proyecto del museo había sido «uno de los condicionantes» para dejar el PSOE, recuerda Jesús Courel— y en un día en el que el entonces consejero de Fomento, Jesús Merino, se comprometía, con la boca pequeña eso sí y sin adelantar fechas ni presupuesto, a «sacar adelante» el que debía ser el siguiente paso en la conservación de la memoria de la antigua MSP; el tren turístico entre Ponferrada (o más bien Cubillos del Sil, porque las vías ya no existían) y Villablino.

De aquellas palabras también se cumplen veinte años. Y el tren turístico no termina de arrancar.

En este tiempo, el museo que alberga a las viejas Baldwin, las Krausse, las Engerth y Macosa, Tubize, o Maffei, enormes dinosaurios de vapor que circulaban por el valle del Sil hacia Laciana, ha visto como se le iban cuatro locomotoras de la colección. Tres de ellas — la 53, la 54 y la 55, de vía ancha— se perdían el 14 de enero de 2010 con destino desconocido después de que el grupo del empresario Victorino Alonso, heredero de la MSP, las reclamara judicialmente porque no formaban parte de la concesión. La cuarta es la pequeña máquina de mina de Gaiztarro, una Henschel fabricada en 1907 que en 2014 también partía hacia el Museo de Automoción de la ciudad alemana de Binz, vendida por sus propietarios por unos 50.000 euros. Para llevársela fue necesario abrir un boquete en el techo del museo e izar con una grúa sus 5.200 kilos de peso.

El museo, recordaba esta semana su actual director, Javier García Bueso, también ha contado con nuevas incorporaciones, afortunadamente. El grupo Alonso devolvió en 2010, a la vez que se llevaba las tres máquinas de ancho Renfe, la locomotora 19 de vía estrecha que guardaba en sus talleres. Después de que este periódico revelara el año anterior que la máquina propiedad de la Consejería de Fomento —y por tanto, parte de la concesión— había sido trasladada desde Cubillos del Sil hasta Ardoncino sin comunicárselo a su legítimo dueño, la locomotora 31 fabricada por Maffei en 1913 regresaba al Bierzo el 18 de mayo de 2011 con destino al Museo del Ferrocarril de Ponferrada, para alivio y a la vez disgusto de quienes siempre han dicho que debe tirar del convoy del tren turístico desde Cubillos y ven en su reclusión en la lonja en vía muerta un paso atrás en el proyecto por desinterés de la Junta de Castilla y León, como no se cansa de advertir Jesús Courel.

García Bueso, por su parte, señala que para que la 31 pueda volver a tirar de un convoy de viajeros en condiciones de seguridad debería recibir la ayuda de alguna locomotora diesel que la empujara en segunda línea.

Finalmente, en diciembre de 2018 y procedente del Museo Ferrocarrilero de la Fundación Camilo José Cela, cerrado en Iria Flavia-Padrón, Ponferrada recibía la locomotora 52 del PV, bautizada como Sestao y propiedad de Cementos Cosmos. Una locomotora que debe ser restaurada de nuevo porque se ha conservado a la intemperie. García Bueso adelanta que recuperar la Sestao, con la colaboración necesaria de Cosmos, es uno de los objetivos del Museo del Ferrocarril, que estudia la posibilidad de que la restauración se realice «en directo» en la lonja y ante los visitantes. Y otro reto pendiente, todavía más difícil, es la incorporación al museo de las instalaciones en ruinas de La Placa, hoy propiedad del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif). «Ponferrada debe reivindicar la recuperación de La Placa», reclama García Bueso. «La ciudad ha olvidado la importancia que tuvieron los cargaderos de carbón».

También Courel cree que «si el Ayuntamiento lo pidiera, el Adif le cedería La Placa», que también tendría que ser Bien de Interés Cultural. «Podría abrirse allí un centro de modelismo» y que una locomotora la comunicara con el museo.

Una Baldwin, con el número 2 pintado en la caldera y la fecha 1919, a mediados de los noventa. L. DE LA MATA.

El Museo del Ferrocarril cumple 20 años con el tren turístico en el apeadero
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