jueves 2/12/21
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Contenedores incendiados por uno de los piquetes de huelguistas. ANA F. BARREDO

La rabia, la ira y la desesperación que causó la ruptura de las negociaciones para evitar los despidos en la fábrica de LM en Santo Tomás de las Ollas desembocó anoche en una lluvia de piedras y de botellas, de ramas quemadas, incluso algún bidón de gasolina, contra la sede de la empresa de catering Cat & Rest en la avenida de Portugal de Ponferrada, donde las dos partes se habían reunido durante todo el día en medio de una nueva jornada de huelga. Cat & Rest, nunca mejor dicho, pagó los platos rotos de una noche agitada, que por momentos recordó a la guerra de guerrillas entre mineros y policías durante las huelgas del carbón y que concluyó pasadas las tres de la mañana, cuando una unidad antidisturbios de la Policía Nacional protegió la salida de los representantes de la empresa eólica de las instalaciones donde habían permanecido más de cinco horas retenidos por la multitud.

Contenedores quemados, cristales rotos, ventanas destrozadas, coches dañados, la sede de Cat & Rest vio como le cortaban la luz, el agua, y hasta dejaban sin servicio sus cámaras de seguridad -confirmo la dirección de la empresa de catering a este periódico-, en un estallido de rabia que nadie esperaba por una parte del piquete de huelguistas concentrados a las puertas del negocio donde tenían lugar unas negociaciones que se rompieron en torno a las nueve y media de la noche, después de que la empresa se negara a aceptar el plan de viabilidad a cinco años que le ofrecían los sindicatos y, según fuentes sindicales, se levantara de la mesa para dar por concluido el diálogo "con chulería" y sin más miramientos.

Y ahí empezó todo. 

Los representantes de los trabajadores dejaron el edificio y la delegación de la eólica -el director Jorge López, la responsable de Recursos Humanos y dos abogados- junto al personal de Cat & Rest se vieron obligados a refugiarse en las habitaciones interiores del establecimiento para evitar las piedras y los objetos que arrojaban desde la calle y permanecer durante más de cinco horas a la espera de que la Policía los sacara del inmueble sin que peligrara su integridad. Una carga de los antidisturbios, llegados a Ponferrada pasada la una de la madrugada, aflojó la presión sobre la sede de Cat & Rest, con todas las ventanas rotas, jardineras quemadas, automóviles y ordenadores golpeados por las piedras lanzadas por una parte de los concentrados, que se sintió humillada por la falta de cintura de la empresa y se lo hicieron saber a pedradas.

Tras algunas escaramuzas en torno a la avenida de Portugal, cortada al tráfico por la Policía Municipal, y con los bomberos apagando los últimos contenedores incendiados, este periódico pudo entrar en el propio edificio de Cat & Rest junto al gerente de la empresa de catering y comprobar que ninguno de los representantes de la empresa, que no quisieron hacer declaraciones y permanecían sentados en una sala sin ventanas a la luz de las velas, había sufrido daños físicos. El gerente de Cat & Rest,  Miguel Ángel Rodríguez, adelantó que denunciara en el juzgado los desperfectos cuantiosos que ha sufrido su negocio, e incluso aseguró que había reconocido a algún antiguo empleado de su firma de catering  infiltrado entre los trabajadores de LM para participar en el ataque a pedradas. "Nos han tenido asediados. Si llegan a prender fuego solo teníamos los extintores para apagarlo", se quejó Rodríguez de madrugada, todavía estupefacto por una situación que calificó de "surrealista" y la tardanza de la Policía, lamentó, en actuar. "Esto ha sido peor que una batalla", añadió.

A las 3.11 horas de la madrugada y en medio de insultos, gritos, pitos, pero ya ninguna piedra, ninguna botella en el aire, y con menos trabajadores concentrados en la avenida de Portugal, los representantes de la empresa salían por fin en un vehículo escoltado por la Policía Nacional. El director, visiblemente nervioso, y los abogados de LM remitieron a este periódico al gabinete de prensa de la eólica, que hoy valorará lo ocurrido, antes de subirse al automóvil y desaparecer en dirección a Dehesas.

"Ha sido una vergüenza, una desfachatez y una chulería la forma en la que se han levantado de la mesa", se quejaba al pie de la gasolinera situada frente a LM el responsable comarcal de CC OO, Ursicino Sánchez antes de lamentar los daños que ha sufrido Cat & Rest.  "Nos han estado mintiendo todo el tiempo", afirmaban, cuando todo había terminado, la pareja de trabajadores que forman Carina Araújo y Pablo Dos Santos, convencidos de que la empresa les ha obligado a producir en seis meses lo previsto en un año para acometer ahora el despido de casi cuatrocientos trabajadores de una plantilla de mil cien.  "Tenemos dos hijos, mi madre con alzhéimer, no nos vamos a ir de aquí para empezar de nuevo en la fábrica de Cherburgo", decía Dos Santos sobre los planes de la empresa de deslocalizar a parte de la plantilla mientras los últimos concentrados dejaban la avenida de Portugal.  "Nadie quería esto. Es el peor final", reconocía, igual de desolada, Elena Macías, otra de las trabajadoras más veteranas de la fábrica de palas eólicas. "Nadie sabe lo que va a pasar ahora", añadía camino de su coche.

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Vídeo y fotos | Noche de rabia contra LM