jueves 27/1/22
                      Manuel Félix, ayer en la Delegación de Ponferrada de Diario de León. L. DE LA MATA
Manuel Félix, ayer en la Delegación de Ponferrada de Diario de León. L. DE LA MATA

No es fácil tratar de usted al compañero con que uno comparte el trabajo diario desde hace cuatro años. Pero se impone, por respeto al lector, para entrevistar a este periodista curtido en mil batallas, que debuta como escritor con un libro sobre sus viajes a Iberoamérica. Tiempo de cobardes no es un libro de colegueo y bienquedás, amigos de Facebook de toda la vida. Es la reflexión en voz alta de un periodista de los que no pueden faltar en una redacción, valiente y atrevido para contar lo que muchos callan.

—¿Que le ha movido a escribir este libro?

—La curiosidad y el contar en primera persona una historia de mil aventuras e imprevistos, vividos sobre el terreno; un viaje periodístico, trepidante y sorprendente, por una decena de países de Centro y Sudamérica. Fue tanto lo que aprendí, las vivencias puras y salvajes que recibí, que no podía quedar callado y guardarlo sólo para mí.

—¿‘Tiempo de cobardes’ es también una reflexión sobre lo que pasa en Iberoamérica?

—Sí, no cabe duda. En el relato del libro están los cientos de personas con las que hablé y me topé: Políticos como Pepe Mújica; la señora Fernández de Kirchner; el sobrino de Sanguineti, el ministro de Economía y ahora gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof; el embajador de Estados Unidos para Centro América con Obama, John Feeley. En fin, empresarios cafeteros, cocaleros, narcos, delincuentes, periodistas, actores, catedráticos, vividores, residentes de favelas muy humildes, terratenientes y gente pudiente. Cada uno de ellos me ofreció una pincelada que se refleja en el libro, y sumado todo, te puedes hacer una idea de la situación.

—¿De qué país le ha gustado más escribir?

—Disfruté en todos. Todos me aportaron escenas genuinas y enriquecedoras. Si tengo que elegir, diría Colombia y Panamá. Fueron semanas muy salvajes, con la adrenalina al ciento por cien. No todos los días te permiten por ejemplo dormir en una favela de Medellín, pasarlas canutas con sobornos policiales, entablar contactos con narcos que se mueven en avioneta. Con el Mossad israelí, con gente de las FARC. Sensaciones muy fuertes que plasmo en ‘Tiempo de cobardes’. Y luego está la belleza del paisaje, de una naturaleza apabullante. Este libro relata esa belleza e intenta llevar al lector los olores, los sabores y todo lo que te puedas imaginar en un viaje de libertad brutal, tan sólo medida por las cuestiones de seguridad.

—¿Dónde está peor la situación?

—Salvo Panamá y Costa Rica, que se defienden; Nicaragua, Honduras y el Salvador lo están pasando mal. También Colombia. No hay más que ver la sangría de inmigrantes que salen del régimen dictatorial de Venezuela para cruzar la selva del Darién, con muertes en ese infierno.

—Es un libro en primera persona, ¿se ha dejado algo sin contar?

—Sí. Hubo momentos duros que quedan para mí, y no desvelo o cambio nombres de personas que me ayudaron y fueron claves para contactar con otros personajes.

—¿Por qué?

—Porque hay veces que vales más por lo que callas que por lo que cuentas.

—¿Cómo es Pepe Múgica, al que conoció en sus viajes?

—Es un hombre fascinante, te atrapa. Estás ante un sabio. Su vida fue durísima y tuvo la inteligencia y la bondad de canalizar lo malo que vivió y generó en una corriente de sabiduría positiva. Hoy, es ya un personaje histórico, mundial. Le quiere todo el mundo. Se hace querer. Hice más de 12.000 kilómetros para hablar con él. Fue muy generoso conmigo. Quería ver y tocar, saber si era verdad lo que decían de él. Y sí, confieso que sí. Lo leeréis.

—¿Qué visión tienen de España en Iberoamérica?

—Lo que percibí es que nos quieren. Ser español me abrió todas las puertas en todos los viajes que hice. Tengo que decir que hay políticos mediocres en España que no tienen ni puñetera idea de lo que hablan sobre Iberoamérica, y se enfangan creando polémicas. Viven de la confrontación. Esos mismos políticos populistas también tienen su espacio en Latinoamérica. Son los que, en vez de generar riqueza y dar soluciones a su pueblo, se embarran en crear discordia. Yo tengo que decir que, con los cientos de personas con las que hablé y conviví en estos viajes, sólo recibí palabras de afecto y reconocimiento hacia España.

—El español se reafirmó justo cuando España se fue...

—En efecto. Pero ya sabes que hay pelanas y cantantes que desafinan y viven del cuento, creando trincheras, en vez de puentes.

—¿Quién debe más a quien?

—Voy a ser diplomático y gallego: Se complementan. No es cuestión de deudas y pasar factura.

—Es su primer libro después de más de 30 años de periodismo. ¿Las redes sociales están acabando con el periodismo tal y como lo conocemos?

—Las redes sociales son necesarias, son una herramienta útil, una más. Pero la esencia del periodismo no está en las redes sociales, está en el periodista. Éste debe bajar al suelo, hablar con la gente, ver, tocar, analizar y luego contextualizar. Cuando cuentas una noticia debe ir contrastada, no tragarse el comunicado. Hay que ser serios y busca el rigor. Las redes sociales pecan de lo inmediato, de las prisas y el consumidor de periodismo de verdad busca información con reputación, seria.

—¿Habrá una segunda parte?

—Habrá más libros. En ‘Tiempo de cobardes’ he pretendido que la gente disfrute, que viaje en soledad a un tiempo de libertad salvaje con la que yo me moví por estos países. Y tengo que decirle al lector que con ‘Tiempo de cobardes’ van a disfrutar, a divertirse, lo pasarán bien y aprenderán mucho. Sin falsas modestias, creo que es un libro útil.

—¿Su próximo destino?

—En cuanto pueda viajar con seguridad, será África. En mente tengo previsto rendir, a mi manera, homenaje a un referente periodístico: David Beriaín, asesinado en Burkina Faso.

—¿Pasó alguna vez miedo?

—Sí, más de una vez. Sí.

—¿Cómo titularía un libro sobre el Bierzo actual?

—«¡¡¡Socorro, échennos una mano!!!». La gente del Bierzo siempre ha sabido dar más de lo que recibe. Al Bierzo le cierran las minas y encima lo están maltratando.

«No podía callarme ante tantas experiencias tan puras y salvajes»