martes. 16.08.2022
ESPAÑA es una fiesta. El verano es una fiesta. Y el Bierzo se convierte en una gran romería. Incluso en las aldeas fantasma del Bierzo Alto, donde no habitan ni los gatos, se celebran romerías llegado el tiempo. Como ocurre en Urdiales de Colinas. Cualquier pretexto es bueno para montar un chiringuito y echarse un cántaro al gorgüelo. O lo que se tercie. Que puestos a trasegar, en acto social, no hay quien nos gane. En el fondo, la fiesta es un medio de socialización y comunicación, que permite al personal reunirse en torno a un acto público. Aunque se nos da bien el chupe, los ingleses y los alemanes también le pegan duro. Sus fiestas están bañadas en alcohol. Y los mejicanos, cuando celebran alguna ceremonia, se ponen hasta las chanclas, como arañas panteoneras. Y acaban la velada a guamazo limpio o sucio. En otra ocasión quizá cuente cómo fue una de estas veladas, un día en el que me dio por irme a la cama, a sabiendas de que se estaba preparando una farra a toda madre en la urbanización en la que viviera allá por el año de 1995 en Méjico. A los bercianos nos ponen un vinín y unos chorizos escaldaos, siempre a ritmo de flautina y tamboril, y ya tenemos la fiesta preparada. Somos de buena conformidad. Ahora todos los días son fiesta, aseguran algunos vecinos. «Antes teníamos que trabajar de sol a sol para salir adelante». Entonces la fiesta tenía un sentido claro. Ahora, en cambio, la juerga está asegurada un día tras otro. Y alguna gente acaba empachada de festividad. Nuestra sociedad, aunque esté hipotecada hasta las cejas, no deja por ello de consumir en fiestas y aun en otros asuntos. «Mientras haya salud -dicen otros- que no falte la pachanga». Se suele decir que ningún país del mundo tiene tantas fiestas como el nuestro. Entre fiestas comarcales, véase encinas, cristos y aun otros santos, carnavales fuera y dentro de temporada, verbenas de aldea, corridas de cabestros, carrozas de cuento chino, sardinadas, chorizadas y saraos para no dormir, el nuestro es un mundo bien jaranero. Es probable que utilice el disfraz de la fiesta para ocultar su sentimiento trágico de la vida. Pero esto no se dice. Lo importante es dar imagen de alegría. Aquí todo se resuelve por la vía del viva la Pepa. Es por esto que muchos turistas se acercan a nuestro país esperando encontrar la nata montada del despiporre. Los extranjeros que nos visitan se creen que todo el monte es orgasmo en esta piel de vaca tendida al sol y bocabajo. Mas la realidad cotidiana, aunque fiestera, requiere de un análisis más y mejor entamado.

Qué viva la Pepa