martes. 28.06.2022

Testigo de un vuelo inesperado

El periodista de Diario de León Manuel Félix narra en primera persona el desalojo de un hombre borracho de un avión a Dakar

Un hombre fuera de sí, agresivo, que no cesaba de gritar, hacer aspavientos y en ocasiones dar puñetazos a los asientos, obligó en la tarde del pasado sábado al comandante de la aeronave a desviar el vuelo de la compañía Iberia IB3328, con salida de Madrid a las seis de la tarde y con destino a la ciudad senegalesa de Dakar. El avión, (un Boeing de la firma Level) una hora y doce minutos después de despegar tuvo que cambiar de rumbo y aterrizar de emergencia en la ciudad marroquí de Casablanca, dado que este pasajero, joven de origen subsahariano, no paraba de incomodar a la tripulación y al resto del pasaje, integrado por más de 150 personas. Presentaba claros signos de intoxicación etílica y de otras sustancias.

Todo comenzó cuando un azafato le recriminó que se pusiera a consumir una bebida alcohólica con total impunidad durante el trayecto. El integrante de la tripulación le retiró la botella y ahí se desató la agresividad, hasta el punto que los gritos y el jaleo se escuchaban en todo el avión.

Las azafatas pusieron en práctica varios métodos de persuasión, pero ninguno dio resultado. No fueron capaces de apaciguar al hombre, cada vez más enervado y fuera de sí. El asunto llegó a tal punto y tensión que hubo dos personas que se presentaron voluntarias a una de las azafatas para tratar de reducirlo, colocándole unas bridas de plástico en sus muñecas. Esta medida fue finalmente descartada para no crear más revuelo en pleno vuelo y evitar escenas que sería grabadas por varios teléfonos móviles. De hecho, hubo varios incidentes en los que las azafatas prohibían grabar lo que estaba sucediendo en ese momento.

Como el hombre no dejaba de moverse por el pasillo y gritar, finalmente se decidió cambiar el rumbo de la aeronave y aterrizar de imprevisto en la ciudad sureña marroquí de Casablanca.

Durante el tiempo que el comandante de la aeronave empleó para aterrizar de emergencia, el pasajero revolucionario y alterado no dejaba de incordiar, centrado y obsesionado especialmente en el azafato que le quitó la botella del alcohol.

Un voluntario, de gran corpulencia, fue una de las personas que trataron de calmar los ánimos del subsahariano fuera de sí y «bastante agresivo» en palabras del comandante. No hubo forma. Ya con el avión aparcado en una esquina del aeropuerto de Casablanca, a los pocos minutos se personaron varias patrullas de la gendarmería marroquí. Pero el pasajero que causó todo este problema se negaba a abandonar el aparato. No había forma de convencerlo. Y así, finalmente, la policía tuvo que entrar y sacarlo del avión, ya detenido. Una vez en la pista del aeropuerto, el hombre se negaba a entrar en el furgón policial. Hubo un momento que pudo percatarse de lo que realmente había hecho, dado que el protagonista de esta historia se puso a llorar de rodillas ante los gendarmes marroquíes.

Después de una hora interminable y todo el pasaje viendo en directo algo parecido a una película, después de repostar queroseno y contar con un nuevo plan de vuelo, el avión aterrizaba finalmente en la ciudad senegalesa de Dakar. Fueron tres horas después del horario previsto. El avión de Iberia salió de Madrid a las 18.00 horas y tenía su llegada a Dakar a las 22.40, pero aterrizó en Senegal pasada la una de la madrugada (hora española) de ayer domingo 5 de junio. Este periódico fue testigo involuntario de lo sucedido.

Testigo de un vuelo inesperado