sábado 16/10/21
Locales emblemáticos

El último bocadillo en el bar Langreano

Torre del Bierzo, que tuvo 22 bares, se quedará sin restaurantes cuando el día 31 cierre después de 70 años el local más emblemático de la cuenca
Izquierda, Julio Suárez padre, en los años 50. DL

Por Torre del Bierzo se ha corrido la voz de que la Cafetería-Restaurante Langreano, el último lugar del municipio donde uno se puede sentar a comer un menú casero y uno de los locales más emblemáticos de la antigua cuenca minera del Bierzo Alto, cierra el día 31 de agosto después de setenta años sirviendo almuerzos. Y el establecimiento situado en la carretera principal —la antigua Madrid-Coruña—; el local donde Julio Suárez y Pilar Álvarez prepararon más de doscientos bocadillos a los mineros que hicieron escala allí durante la primera Marcha Negra, en el principio del fin del carbón en los años noventa; el negocio donde nunca falta la sidra de barril, que por algo lo fundó un asturiano allá por 1950, está recibiendo estos días más clientes que nunca. Torre del Bierzo, que en los años sesenta superó los cinco mil habitantes en todo el municipio, llegó a pugnar por Bembibre por albergar el primer instituto de Bachillerato del Bierzo Alto y en 1972 contaba con 22 bares y cantinas en la localidad —cuenta el que fue su primer alcalde tras la recuperación de la democracia, Darío Zapico, a sus 85 años uno de los clientes más fieles y longevos del Langreano— se quedará ahora con solo tres bares, incluido el del Hogar del Pensionista, y ningún restaurante donde un forastero pueda comer al menos un bocadillo.

No es el final del carbón, ni la pandemia lo que ha arrastrado al cierre al Langreano, sino la edad de jubilación y la dureza del trabajo en la hostelería, que ha obligado al matrimonio y a su hijo Ramiro a dedicarle horas con pocos descansos. «Yo hubiera seguido, pero ni mi mujer ni mi hijo querían», cuenta Julio Suárez a sus 71 años.

Julio Suárez hijo, en sus primeros años. DL

Era 1950 y el carbón llenaba Torre del Bierzo de mineros a cuando Julio Suárez padre, nacido en Sama de Langreo, y su mujer Gertrudis Rodríguez, llegaron a la cuenca desde Asturias y abrieron un bar que, no podía ser de otra manera, llamaron Langreano. Fallecido Julio muy joven, su hijo y su nuera Pilar, con buena mano en la cocina, tomaron pronto el relevo y llevaron el negocio sin despistes en unos años donde no eran raros los alborotos en los bares a la salida del tajo. «Aquí nunca hubo ningún follón», deja claro Julio, empeñado en invitar a una sidra de barril al periodista. «De la de echar hace años que no la traigo porque solo vale para follones y salpica».

Y sidra de barril bebe Darío Zapico, que se jubiló en Torre siendo transportista de carbón —«fui el primero en llevar carbón a la térmica de Compostilla II», afirma ufano— mientras se acerca la hora de la comida. Zapico suele tomar un café en el Hogar del Pensionista, «donde hay más luz para leer el periódico» y después remata la mañana en el Langreano. Todo un clásico.

—¿Y dónde va tomarse la sidra cuando cierre esto?, le pregunta el periodista.

«Tendré que quedarme en el Hogar», responde un hombre que fue alcalde de Torre con la siglas de la UCD entre 1979 y 1983 y que ha visto impotente como el declive del carbón en la cuenca minera se trasladaba a toda la actividad económica. «Esto es una muerte anunciada. Aquí no había más que minas. Se ganaba dinero fácil y se gastaba todavía más fácil y nadie pensaba en el día de mañana», se lamenta Zapico. Julio Suárez, que no tiene intención de moverse de Torre aunque cierre el bar-restaurante, le apostilla. «Es una pena, con los millones que han salido de aquí y que no haya quedado ni un uno por ciento».

Y como son más de las dos de la tarde, el periodista se lleva uno de los bocadillos que prepara Pilar en la cocina —y no hay forma de que le dejen pagarlo— para comer algo rápido antes de volver a la carretera. Al primer bocado ya entiende porque tanta gente va a echar de menos al Langreano a partir de la semana que viene.

El último bocadillo en el bar Langreano