martes. 07.02.2023
ESCRIBO desde Ponferrada, posada en el camino de acogida donde es difícil que alguien se sienta forastero, dicen. Pero las cosas están cambiando desde que España es el país de la OCDE con más proporción de población activa extranjera, según datos de esa Organización. Voces que identifican inmigrante con delincuente se oyen, donde menos de piensa, denunciando pasos extraños en hispana tierra. Mentira parece, que fue ayer cuando nuestros emigrantes iban a la conquista de lo necesario y lo desconocido, con miedo a separarse de su maleta atada con cuerdas. Parece que el fenómeno de la inmigración empieza a preocupar a muchos, por el efecto cayuco, desatado a su vez por el efecto lanzadera de la pobreza, a pesar de que la mayoría de los inmigrantes no llegan por mar, pues de un solo país latinoamericano aterrizan cada día mil inmigrantes, la mayoría como turistas, pero dispuestos a quedarse. A quienes contemplan la inmigración como un peligro, les aconsejaría la lectura detenida de un informe reciente del servicio de estudios de La Caixa, Octubre de 2006, sobre la incidencia de la inmigración en la demografía, el mercado de trabajo, la tasa de paro, los presupuestos de la Seguridad Social, el estado de bienestar y la economía española. Resumiendo mucho, no parece que los inmigrantes hayan quitado empleo a los trabajadores españoles, ni que los salarios se hayan visto afectados de forma significativa por la llegada de nuevos competidores, antes bien el fenómeno migratorio está siendo provechoso para la economía en su conjunto, hasta el momento. Los inmigrantes llegan con un promedio de 14 años de escolarización, muy parecido al nuestro, para realizar preferentemente trabajos complementarios que rechazan los nativos, tienen mayor tasa de actividad y de fertilidad al ser población más joven que, por ello, recibe menos transferencias de pensiones, aunque más ayudas familiares y en educación especializada, pero menos ayudas por desempleo, hasta cumplir los requisitos necesarios. En cuanto a la incidencia de los inmigrantes en el estado del bienestar, es positiva para el conjunto siempre que permanezcan un par de años. En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Las migraciones, debidamente ordenadas, encauzadas y reguladas, han sido, son y serán fuente de progreso. En el estudio que comentamos no parecen nubarrones que justifiquen situar al fenómeno migratorio entre las preocupaciones.

Un lugar para ellos
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