sábado. 25.06.2022
RITOS DE CARNAVAL EN LEÓN

León se pone la careta más ancestral

Los personajes más simbólicos de los antruejos de Velilla de la Reina, Riello, Riaño y Alija conquistaron a base de tradición
Los abanicos de colores y escarapelas de los madamitos, vestidos de blanco, contrastan con los personajes de saco
Los abanicos de colores y escarapelas de los madamitos, vestidos de blanco, contrastan con los personajes de saco

Guirrios, zafarrones, madamas, toros, castrones, madamitos, jurrus, zamarrones... son algunos de los personajes del antruejo, del antroido o del carnaval más tradicional de la provincia, que ayer pusieron a la capital leonesa su careta más ancestral. Por las calles más céntricas, Velilla de la Reina, Riello, Alija y Riaño volvieron una página a la historia para mostrar algunas de las tradiciones que los pueblos han ido recuperando, evitando su pérdida y olvido, para permitir contemplar antiguos ritos, la mayoría de origen celta, de fecundidad, del enfrentamiento del bien contra el mal o la lucha por antiguos territorios.

El simbolismo que encierran los personajes y las representaciones del antruejo leonés enarbola rituales ligados a la tierra y a la fertilidad de la mujer o la dualidad del bien y el mal, con un origen pagano y pícaro. A los grupos leoneses se sumó una pequeña representación de los pueblos zamoranos de Riofrío de Aliste y Ferreras de Arriba, con los diablos y la filandorra y sus carochos.

La dulzaina y los tamboriles, acompañados por el sonido de los cencerros y las esquilas que muchos de los personajes llevan colgados para alertar de su presencias y asustar, al compás del sonido de las varas que blandían los guirrios de Velilla de la Reina, llegaron hasta la plaza Mayor, donde los diferentes grupos fueron desfilando y haciendo su representación.

Los vestigios culturales conquistaron a los leoneses mientras los jurrus y los castrones de Alija del Infantado luchaban entre sí, como miembros de dos tribus rivales, para enfrentarse fieramente para conquistar pequeños territorios ataviados con prendas de animales o tela de lino y con grotescas caretas. Los toros y los guirrios, personajes principales del antruejo de Velilla de la Reina, torearon a las mozas de la capital, haciéndolas saltar por encima de las astas mientras las escarapelas de las caretas volaban al viento. Los velillenses, el grupo más numeroso, también representaron la siembra de la cernada y estuvieron acompañados por personajes hechos con osamentas de animales y sacos, además de los madamitos de Cimanes.

Los zafarrones de Riello, el toro y el torero eran vestimentas que se ponían los mozos en estos días previos a la cuaresma para picar a las mozas y con el «cachaviellas», el gancho de madera del panadero, aprovechaban para levantarles las faldas. Son los personales que en el antruido de Riello simbolizan al diablo y las damas, que llevan la cara cubierta por una red de saco —que ocultaba si realmente eran hombres— hacen su oposición representando la fertilidad.

Todos los grupos, formados por sus personajes y símbolos, recuperaron la tradición del antiguo antruejo leonés, el que conserva la máscara del tiempo.

León se pone la careta más ancestral
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